Marco Teórico
1. Autoestima
El objetivo de este trabajo es realizar un abordaje de los problemas de nutrición considerando los conceptos y definiciones relacionados con la Autoestima, y como se leerá más adelante, se consideran como un factor significativo dentro del desarrollo del ser humano y se conforma como un aporte orientado al trabajo terapéutico, que además puede complementarse con el práctica de los y las nutricionistas y otros profesionales de la salud familiar.
Respecto de este concepto de autoestima, este no se aborda asiladamente, sino que se complementa con el término de autoconcepto. Es así que entenderemos a al primero como “a las cogniciones que el individuo tiene, conscientemente, acerca de sí mismo. Incluye todos los atributos, rasgos y características de personalidad que estructuran en lo que el individuo concibe como suyo. Podríamos considerar como el equivalente el concepto de imagen de sí mismo o autoimagen” (1989, pág. 64) . Complementariamente la autoestima se refiere a “la valoración positiva o negativa que el sujeto hace de estas características, incluyendo las emociones que asocia a ellas y las actitudes que tiene respecto de sí mismo” (Op. Cit. pág. 64) . Es de esta manera que estos aspectos psicológicos y emocionales generan una relación estrecha de cómo la autopercepción corporal puede incidir en la autovaloración que se tenga de sí mismo.
Según Palladino (1992), Sánchez (2003) y Sheeman (cfr. PsicoActiva, 2003), se puede considerar que la autoestima “es el sentimiento valorativo de nuestro ser, de nuestra manera de ser, de quiénes somos, del conjunto de rasgos corporales, mentales y espirituales que configuran nuestra personalidad. Es confianza, valoración y respeto por uno mismo, una respuesta psicológica que se describe normalmente como de naturaleza afectiva o basada en el sentimiento positivo versus negativo, o aceptación versus rechazo” (2005, pág 419) .
Un punto de coincidencia entre los diferentes autores, si embargo, es la consideración de la autoestima como un factor multidimensional, entre las que destacan la autoestima social, familiar, y escolar, como dimensiones significativas (2005, pág. 64) . La autoestima, entonces, no se considera un concepto abierto en su definición.
El concepto de autoestima es discontinuo, corresponde a la valoración ya sea positiva o negativa, que los sujetos generan respecto de su autoconcepto, es decir, las cogniciones relacionada con la imagen corporal, que puede ser modificada de acuerdo a factores biopsicosociales presentes en el entorno y en la estructura de la personalidad, ya sea en desarrollo o en su conformación adulta.
Entenderemos que “una alta o positiva autoestima es característica de quienes tienen una buena aceptación de sí mismos y buen equilibrio emocional, que son capaces de disfrutar situaciones sociales pero también de la soledad, que tienen una buena autoconfianza, menor temor ante los fracasos, pocos pensamientos negativos a los que transforman en pensamientos positivos y buena motivación” (2005, pág. 419-420) . Por contraparte, la baja autoestima hace referencia a “aquellas personas que se muestran inseguras, desconfiadas de sus facultades y que necesitan la aprobación de los demás ya que suelen tener diversos complejos, todo lo cual ocasiona un sentimiento de inferioridad y timidez en sus relaciones interpersonales” (Op. cit., pág. 419) . La autoestima es fundamental en la vida del ser humano, ya que es un “factor clave en el desarrollo de un buen ajuste emocional, cognitivo y práctico, configurándose en la actualidad como un área importante en el desarrollo de la persona” (2005, pág. 860-861) .
Coopersmith en el año 1967 estableció como conclusión que son cuatro los factores altamente significativos para una conceptualización de la autoestima: (a) la aceptación, la preocupación y el respeto recibidos por las personas y la significación que ellos tuvieron; (b) la historia de los éxitos y la posición que la persona tiene en la comunidad; (c) la interpretación que las personas hacen de sus experiencias y cómo estas son modificadas por las aspiraciones y valores que ellas tienen; (d) la manera que las personas tienen para responder a la evaluación (OP. cit., pág. 861) .
En este sentido, la autoestima “es un proceso de toma de consciencia de la vida personal, que se va construyendo durante toda la vida, tanto a través de las experiencias vivenciales del sujeto, como de la interacción de éste con los otros y el entorno. Finalmente, ella se constituye en una de las bases mediante las cuales el sujeto realiza o modifica su acción. (Op. cit., pág. 861) .
Ya establecida las definiciones de autoestima, podemos relacionarlo con los de nutrición. Ahora entendemos que la imagen corporal y las valoraciones que se desprenden de ella afectan positiva o negativamente sobre el desarrollo que se proyecta por la vida de los individuos y es muy importante tener en cuenta estos aspectos para el trabajo que se intenta realizar en el ámbito de los estilos de vida saludable.
2. Obesidad y Autoestima
Los problemas de alimentación no son exclusivos de nuestra realidad chilena, conformándose como un problema emergente en nuestra sociedad occidental. Datos de 2004 de la OMS, señalan que al menos 300 millones de personas padecen obesidad en el orbe, y que ésta es una condición compleja que acarrea graves problemas sociales y psicológicos y afectando a todas las edades y estratos socioeconómicos (2005, pág. 418) .
En Chile, de acuerdo a datos estadísticos, existe una tasa de crecimiento preocupante respecto a la obesidad infantil. Es así que “la prevalencia de obesidad en los escolares chilenos varones de 6 a 16 años, que era de 11% en 1982, aumentó a 25% en 1998, es decir, en 16 años aumentó más del doble y afecta a un cuarto de los niños chilenos. En las mujeres del mismo grupo etario, la prevalencia de 12,5% en 1982 y aumentó a 27% en 1998, o sea, casi un tercio de las niñas de esta edad son obesas” (2004, pág 1) .
Otros datos señalan “la Prevalencia de desnutrición, sobrepeso y obesidad en niños chilenos menores de 6 años, en junio de 2003. Se puede apreciar que la desnutrición tiende a cero y que lo que predomina es el sobrepeso, con una prevalencia entre 15% y 20%, entre uno y seis años, con tendencia a disminuir hacia los dos años, pero luego vuelve a aumentar; la obesidad se mantiene entre 7% y 10%, y va aumentando con la edad. La prevalencia de desnutrición, sobrepeso y obesidad en niños de 6 meses a 6 años de edad, por semestres, en Chile, en junio de 2003 (Op. cit., pág 1) . Los datos se muestran a continuación:
Estos datos señalan la tendencia que sigue en aumento, preocupante si entendemos que “existe evidencia científica de que los factores de riesgo de enfermedades crónicas se establecen durante la infancia y la adolescencia” (2008, pág. 159) . En este sentido es preciso destacar que se ha consensuado que los principales problemas de salud relacionados con la nutrición y la actividad física a los que se enfrentan los adolescentes son: (a) el exceso de peso o la obesidad; (b) la anorexia y la bulimia nerviosa; (c) la adecuada mineralización ósea, y (d) el inicio de los factores de riesgo cardiovascular .
También se ha demostrado que la comorbilidad de la obesidad infantil está en estrecha relación con enfermedades médicas y de salud mental. Es así que en personas en condición de obesidad existe una mayor propensión a sufrir enfermedades tales como trastornos cardiovasculares, diabetes, elevados niveles de ansiedad, depresión y baja autoestima (Iruarrizaga, Romero, Rubio y Cabreriso, 2001) . Según Shadle (2001), dentro de las causas se incluyen la genética, el estado emocional dentro del cual se incluyen el aburrimiento, el cansancio, el enojo o la tristeza, los cuales llevan a algunas personas a ingerir alimentos para confortar su estado de ánimo y el estilo de vida, que se refiere a los hábitos tanto de alimentación como de actividad física (Op. cit., pág. 418) .
Otros aspectos que favorecerían la aparición y mantención de la obesidad infantil corresponden a factores psicosociales asociados: “un ambiente familiar inadecuado, la negligencia y el abuso. Los niños víctimas de negligencias tienen 9 veces más probabilidad de convertirse en obesos” (2007, pág. 4) . Además, la obesidad en la infancia, sobretodo en la segunda década de la vida, es un potente predictor de la obesidad en el adulto (Op. cit., pág. 2) .
Dentro de las explicaciones de la obesidad infantil se establece que la comida proporciona sensación de bienestar y por tanto comer es un mecanismo compensatorio para niños que han sufrido experiencias traumáticas o que viven en ambientes difíciles… y que el comer en exceso sería consecuencia de una deprivación ambiental o como resultado de depresión, somatización o abusos familiares (Op. cit., p. 4).
Estudios poblacionales han demostrado tasas elevadas de trastornos psiquiátricos en niños y adolescentes obesos, especialmente en el género femenino. Los trastornos más frecuentes son: Trastorno Somatomorfos, Trastorno del ánimo, Trastorno Dolor y Trastorno Ansiedad (Op. cit., pág. 5) .
Como conclusión respecto de este trabajo existen diversas variables biopsicosociales que están presentes en la nutrición infantil, pero una muy importante tiene que ver con la aplicación de estrategias terapéuticas que se distingan de las que se aplican a los adultos. “La educación para la salud en niños y adolescentes debe realizarse desde una perspectiva diferente a la del adulto, ya que no debe forzar modelos de comportamiento en los individuos o en los grupos” (2008, pág. 4) .
Otro aspecto a ser considerado es la importancia que se debe entregar en la práctica terapéutica a los conceptos psicológicos presentes en el trabajo de nutrición y que estos sean complementarios a los utilizados por otros profesionales de la salud, existiendo en esto un trabajo de equipo multidisciplinario que pueda generar una abordaje más integral acerca de estos problemas en niños y adolescentes.
Metodología
Considerando los aspectos relevantes de la autoestima establecidos en el marco teórico se estableció un trabajo orientado al trabajo de las percepciones que presentaban los niños respecto de su imagen corporal y de su alimentación. También se estableció una estrategia de trabajo que incluía el trabajo grupal con padres, madres y/o apoderados(as).
A continuación se expondrá las acciones realizadas en el trabajo grupal con niños y niñas en el colegio Santa María Eufrasia:
• Primera sesión: se estableció la presentación del monitor con el grupo de niños y niñas, se establecieron en conjunto con ellos los objetivos de este trabajo grupal. Posteriormente se planteó una dinámica de trabajo “la Figura Humana” donde se invitó a los niños a un juego de dibujar la silueta de su cuerpo, centrándonos especialmente a que aumentaran la conciencia de su imagen corporal.
• Segunda sesión: se realiza una educación respecto de la pirámide alimentaria y se realiza la primera evaluación respecto de las percepciones que los niños tenían acerca de su alimentación con la aplicación de “Actividad de la Pirámide Alimentaria”, con el objeto de pesquisar las debilidades y fortaleza de la alimentación.
• Tercera sesión: se realiza un taller vivencial y lúdico orientado a la profundización del conocimiento entre los niños y niñas miembros del grupo y el fortalecimiento de los vínculos entre el grupo y el monitor, a partir de sesiones con juegos grupales.
• Cuarta sesión: Se presenta un video de caso donde se demuestran situaciones relacionadas con el tema de alimentación saludable y se realiza un “Focus Group”, con el fin de conocer las creencias implícitas que poseían los niños respecto de los modelos de alimentación establecidos en sus familias. Posteriormente se planteó una ronda de conclusiones al respecto.
• Quinta sesión: se aplica el Cuestionario de Evaluación de Hábitos Alimenticios. Se explica el objetivo del cuestionario y posteriormente se analizan los reactivos para facilitar el análisis y la comprensión de los resultados a los padres.
• Sexta sesión: se realiza el cierre del trabajo con los niños y niñas realizando un resumen de lo trabajado y se establece una evaluación verbal del trabajo a partir de las percepciones que expresaban.
Respecto del trabajo de los adultos se dio importancia a que éstos tomaran en cuenta los aspectos de alimentación. Se trabajo en las percepciones que presentaban respecto de creencias e ideas que tenían acerca de cómo es una alimentación saludable, estableciéndose un programa que incluyera educaciones y trabajo práctico para el conocimiento personal y familiar al respecto de la alimentación.
• Primera sesión: Presentación del monitor y de los objetivos para el trabajo grupal. Se realiza un encuadre y contextualización del tema de nutrición. Se abordan aspectos de conocimiento grupal y vínculo del monitor con el grupo.
• Segunda sesión: se realiza la aplicación de una encuesta de percepción “Actividad de la Pirámide Alimentaria”, después de recoger las impresiones se realiza una educación referente a este tema haciendo hincapié en la información acerca alimentación saludable. Se realiza una ronda de conclusiones.
• Tercera sesión: se trabaja con padres y apoderados narrativamente en determinar cuales son las experiencias más significativas que plantean fortalezas y debilidades en el aspecto nutricional familiar. A posterior se realiza una ronda de análisis de las debilidades y se establecen tips que faciliten la convivencia.
• Cuarta sesión: se aplica el Cuestionario de Hábitos Alimenticios, analizándose las preguntas una a una y llevando a cabo este actividad de manera grupal. Posteriormente se analizaron las respuestas para la presentación de los resultados a los padres, madres y apoderados(as).
• Quinta sesión: Se establece la presentación de los resultados de las percepciones en la alimentación familiar, determinándose cuales fueron las debilidades en común en el grupo de trabajo y las fortalezas presentes en ella, se realiza una ronda educativa que incluyera las visiones de lo integrantes del grupo.