La socialización del hombre es una faceta pavorosa. Porque no se contenta con exigirme que lo mío sea de los demás -propósito excelente que no me causa enojo alguno-, sino que me obliga a que lo de los demás sea mío. Por ejemplo: a que yo adopte las ideas y gustos de los demás, de todos. Prohibido todo aparte, toda propiedad privada, incluso ésta de tener convicciones para uso exclusivo de cada uno. José Ortega y Gasset