LA ABSURDIDAD DEL SUEÑO: ¿SENTIDO O SIN SENTIDO?
Nuestra civilización ha evolucionado mucho respecto de la cuestión
del sentido del sueño. La pregunta "¿acaso nuestros sueños
tienen sentido?" ha suscitado numerosas respuestas. Para toda la Antigüedad
la respuesta era positiva. Los sueños tienen sentido e incluso de primera
importancia. Son mensajes divinos, nos proporcionan indicaciones muy valiosas
sobre nuestra vida y nuestra salud física y espiritual. Luego, el espíritu
crítico, aliado con un racionalismo cerrado, constituyó toda una
corriente de la reflexión filosófica que ejerció una crítica
del sentido sobrenatural del sueño. Este se volvió absurdo, y
es incluso concebido como el paradigma de la absurdidad por el racionalismo
burgués. El sueño es el resultado del funcionamiento desordenado
del espíritu, algo comparable a las divagaciones de una persona ebria.
No hay motivos para hacerse cargo de él.
Pero en el siglo XIX, nuevamente varios investigadores van a indagar en el sentido
del sueño y con resultados muy positivos. El noruego Murly-Vold en 1816,
el francés Maury (le sommeil et les rêves [el dormir y el soñar],
1878), el italiano de Sanctis (I sogni [los sueños], 1899), y naturalmente
Freíd, van a ayudar a descubrir el significado de los sueños.
Sobre una sensación se injerta un recuerdo que quiere decir algo: eso
es un sueño. Conviene, pues, distinguir tres componentes: la ocasión,
la materia y el sentido.
1. La ocasión del sueño es una sensación que llega hasta
el espíritu dormido. Los experimentadores buscaron con paciencia aquellos
sueños que podían ser el producto de sensaciones naturales y habituales
o provocadas por el experimentador. Puede tratarse de un sonido o de un ruido
de viento, lluvia, tormenta, persiana, crujido de madera, ratón, automóvil,
tren, campanas... Por el contrario, un silbato del experimentador que no despierte
al que duerme puede desencadenar un sueño de tren o de policía;
al agitar agua junto a la oreja del durmiente puede provocarse un sueño
de naufragio. Colocar una linterna frente a sus ojos puede hacerlo soñar
con fuego o con un incendio. Cuando la luz de un rayo de luna pasa sobre los
ojos del durmiente se desencadenan sueños curiosos. Bergson insiste con
machaconería sobre el papel de los fosfenos que engendran las primeras
imágenes de un sueño y dice, además, que supuestamente
en ellos se reabsorben las últimas imágenes. El hacer oler incienso
provoca un sueño con iglesias y el agua de colonia puede engendrar un
sueño con un gran almacén. El poner sal o azúcar u otro
alimento sobre la lengua hace soñar con comida. Si uno tiene frío,
cree estar en el Polo Norte y si tiene calor, en el Sahara. El enredarse con
las sábanas produce una pesadilla en la que uno se siente atado. Si quedan
los pies al descubierto sobre la cama, esto puede generar un sueño en
el cual uno cree volar. El sueño de Desacartes atravesado por una espada
se sitúa en este contexto. Una de las fuentes más importantes
de los sueños se halla en las sensaciones internas o cenestésicas.
Una difícil digestión puede inducir a soñar con fuego o
con pasillos.
La orina en la vejiga hace soñar con el océano, con una cascada
o con aventuras sexuales. El hecho de recostarse sobre el costado izquierdo
(lo que aplasta el corazón), le provoca pesadillas a muchas personas.
Se ha podido determinar que la ingestión previa de azufre, árnica,
fósforo era seguida de sueños de muerte o sexuales. Como lo observara
Aristóteles ya en su tiempo, la disminución de la sensibilidad
absoluta hace que uno pueda sentir dolores leyes, alteraciones corporales premisas
de una enfermedad que se manifestará en unos días más.
Por ello, los médicos griegos (al igual que los médicos chinos
y muchos otros) eran muy atentos con los sueños de sus enfermos.
2. La materia de los sueños se halla en los acontecimientos del día
anterior: Los sueños giran en torno a nuestras ocupaciones y preocupaciones.
Muchas veces consisten en reminiscencias de de los hechos de los días
anteriores. Cada cual sueña de acuerdo a lo que es. Los que vienen de
asistir a los juegos del circo, vuelven a verlos en sueños. Ahora, muchos
de nuestros sueños provienen del último espectáculo que
acabamos de ver por televisión antes de acostarnos. Desde este punto
de vista, existe en aquellos que son antipsicoanalíticos una manera de
"interpretar" sus sueños que consiste en transformarlos en
un reconocimiento biográfico. Es algo que los complace mucho y los tranquiliza
al evitar tener que escuchar cosas desagradables o tener que cuestionarse a
sí mismos. No es algo falso, pero resulta insignificante.
3. El sentido es la realidad más importante, que por sí sola,
explica el sueño. Esta causa somática y esta materia biográfica
están, en efecto, orientadas. Y su dirección es significante.
Uno siempre debe preguntarse por qué escogió tal recuerdo y qué
significa. La causa del sueño tiene, en definitiva, poca importancia;
todo depende de lo que uno hace con ella. Por ejemplo, cuando una moto atraviesa
una calle con ruido de petardo por la noche, desata miles de sueños;
pero en una misma familia, el mismo estímulo hará que el niño
sueñe con su carrera, que la niña sueñe que toca piano,
el hijo, que tiene un accidente automovilístico, el padre, que sale a
cazar, la madre, que escucha el timbre del teatro, la hija, que se casa, la
sirvienta, que deja caer una ruma de platos, la abuela, que está en misa,
y el abuelo, en u entierro. Cada cual se apropia del mismo estímulo.
El gran mérito de Freud consiste precisamente en haber comprendido la
importancia del sentido del sueño. El mismo reveló cómo
llegó a interesarse en los sueños.
En un momento dado, se vio desalentado por la larga lectura de la fastidiosa
literatura dedicada al sueño antes que él. La resume muy bien
en el primer capítulo de su monumental obra: La interpretación
de los sueños, que fechó, proféticamente, a inicios del
siglo veinte, a pesar de haber sido publicada el 4 de noviembre de 1899. Después
de leer todos los estudios anteriores, descubrió con placer que nadie
antes que él había sabido traspasar el secreto de los sueños.
Le pareció tan importante, que cuando comprendió por primera vez
el mecanismo, en el café Bellevue en los alrededores de Viena, pensó
que pondrían una placa conmemorativa con esta inscripción:
"En este lugar, el 24 de julio de 1895, le fue revelado al Dr. Sigmund
Freud el secreto de los sueños".
Dos principios lo guían. En primer lugar, el sueño es el guardián
del dormir. Es el producto de un espíritu que funciona mal y que adopta
la primera explicación que le llega para no tener que despertar, Más
aun, "todo sueño es la realización de un deseo". Es
la base intangible de la interpretación que no pueden admitir aquellos
que prefieren interpretar solos sus propios sueños. Este deseo puede
expresarse de manera directa o clara en los sueños de los niños
o de los exploradores. Por ejemplo, los compañeros de Nansen soñaban
claramente con festines, montañas de tabacos y mujeres. Muchas veces
se objeta a este principio las pesadillas. Pero Freud no dice que se trate siempre
de un deseo de bondad; puede igualmente tratarse de un deseo de mal (por necesidad
de castigo, sadismo del superyó, manifestaciones de angustia). La mayoría
de las veces los sueños son oscuros porque vienen codificados y conviene
saber distinguir, a partir del contenido manifiesto (su relato), el contenido
latente. Conviene entonces interpretar un sueño con paciencia y sutileza,
pues no hay clave de los sueños, cuyo sentido estaría fijo como
en un diccionario, en el cual una imagen significaría para siempre la
misma realidad. Todo depende del contexto. Pero esto ya había sido descubierto
por Artemidoro de Efeso quien, en su libro, entrega tres interpretaciones diferentes
del mismo sueño, soñado en tres ocasiones distintas por el mismo
sujeto. Pese a esta distinción tan clara, prevaleció la confusión
y la importancia del aporte freudiano no fue reconocida. Un crítico alemán
clasificaba aún en 1927 la obra de Freud junto "a las ya conocidas
claves de los sueños, que se imprimen en papel barato y que se encuentran
a veces en los cajones de las cocineras."
Cuatro mecanismos intervienen en el sueño para enmascarar su sentido:
1. La dramatización. Esto significa que nunca nos enfrentamos a nuestras
ideas en el sueño, porque éstas se presentan bajo la forma
de imágenes, los pensamientos son reemplazados por acciones y estas acciones
son muchas veces dramáticas, es decir, trágicas y angustiosas.
Esto sólo puede comprenderse en la medida en que entendamos que el pensamiento
en base a imágenes del sueño es el pensamiento primitivo. Es el
pensamiento salvaje o naïf, la primera forma de pensamiento: la del niño,
del primitivo, del brujo; la de la neurosis y de la psicosis, la del arte bruto.
Es el modo de funcionamiento artístico del ser sometido al puro deseo,
sin límites y habitado por la libido, la pasión y la violencia.
Nos extraemos del pensamiento que se basa en imágenes a través
de la alfabetización, la escolarización y el aprendizaje del pensamiento
abstracto, lógico y formal. La invención de la escritura consiste
también en el paso de la imagen al signo convencional. Esto es aún
más claro en la escritura jeroglífica egipcia que en los pictogramas
chinos. En el sueño opera la metáfora, la metonimia, el jeroglífico,
el juego de palabras. El retruécano (Witz) es muchas veces la clave de
la interpretación de los sueños. Lo encontramos en la primera
forma de publicidad que son los letreros medievales. Si muchos hoteles siguen
llamándose “Au lion d'or”, es porque, a través de
un juego de palabras, esto significaba "Au lit, on dort1”. Lo mismo
ocurre con las expresiones populares de cada lengua. Son creadas constantemente.
Ellas también constituyen dramatizaciones, es decir, traducciones que
se basan en imágenes de una situación existencial. En consecuencia,
están estructuradas como sueños y constituyen muchas veces su
clave. Ver un pájaro emprender vuelo y ascender recto en el cielo mientras
que en el suelo, junto a un montón de piedras, un sapo hace burbujas
que conforman finalmente un montón tan grande como el de las piedras,
es un sueño construido sobre la expresión: "la bave du crapaud
n'atteint pas la blanche colombe" [la baba del sapo no toca a la blanca
paloma].
2. El desplazamiento es el reemplazo arbitrario e ilógico de un elemento
por otro. Cargas emocionales latentes pueden pasar de una imagen a otra. Tal
como lo relata Freud, en un pueblito, el herrero comete un crimen pero como
era único y había, en cambio, tres sastres, colgaron a uno de
éstos en su lugar. Esto puede parecernos inadmisible, pero es el mecanismo
usual en la vida del chivo expiatorio o de la toma de rehenes. Pero, la mayoría
de las veces, en el sueño, hay alguna relación entre los dos elementos;
entonces se trata del mecanismo que presentamos a continuación.
3. La simbolización. En el sueño, la expresión de los conflictos,
de las defensas o de los afectos se produce a través de una imagen o
de una sucesión de imágenes adecuadas. Puede haber sustitución,
representación, comparación, semejanza, parentesco, analogía.
La alusión es una insinuación desviada que hace pensar en
algo sin nombrarlo. Puede ser una metáfora donde lo concreto evoca lo
abstracto (balanza=justicia), una metonimia, donde la parte representa
el todo (la inmovilidad evoca la muerte), la contigüidad, porque lo que
se toca se evoca (el sacacorchos hace pensar en el vino). La forma puede ser
análoga (champiñón y sexo masculino) o el uso sugerir el
acto (introducir una llave en una cerradura, o ponerse un zapato, o entrar en
un bosquecillo, es disparar con un fusil, o sin él). La alegoría
es una alusión desarrollada. Todas las parábolas de Jesús,
dirigidas a los simples de espíritu, están construidas como sueños.
Las fábulas de La Fontaine, muchas veces también, pero son más
intelectuales y con una moraleja al final. Todos los sistemas de signos oscilan
entre lo natural y lo arbitrario. Al igual que la escritura egipcia, nuestro
código del tránsito era en un principio evocador (angostamientos,
puente, badén), volviéndose luego convencional (prohibido estacionar,
dirección prohibida). En el centro de los símbolos se sitúan
las imágenes arquetípicas. Son imágenes de referencia,
primordiales, que más allá de lo personal y de lo cultural, son
identificables en todos los soñadores, por encima de continentes
y de siglos, pero también fuera del sueño, en el folklore o en
todo el arte de los primitivos. Por un lado están los seres eternos del
sueño, el sol, el águila, el dragón, y por otro, el mar,
la luna, la gallina, etc. Muchas de esas imágenes se hallan en los cuentos
de Perrault que son los de nuestra Madre la Oca (la Reina Pédauque, del
pie de oca, es decir, en forma de palma, reina del reino visigodo del siglo
cuarto).
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1 Juego de palabras intraducible. “Au lion d'or” significa “al
león dorado”, mientras que “au lit, on dort”, expresión
homófona en francés significa “en la cama, se duerme”.
4. La condensación o sobredeterminación proviene del hecho de
que cada imagen del sueño es la traducción reducida de numerosos
contenidos inconscientes. De ahí que en un sueño cada imagen nos
remita a varios sentidos, pues es muy densa. Hay en un sueño hasta una
decena de capas de sentidos (biográfíca, parental, sexual, profesional,
económica, tópica, neurótica, evolutiva, espiritual, mística...).
Un sueño se pela, pues, como una cebolla, retirando capas de sentidos
superpuestas. Y la elucidación de un nivel no excluye de ninguna manera
la elucidación de otro. Un sueño no tiene sólo un sentido.
Podría agregarse que interviene un quinto mecanismo: la elaboración
secundaria. Freud sabe perfectamente que el relato de un sueño difiere
de manera importante respecto del sueño tal como transcurrió efectivamente
durante la noche. Cuando es hecho consciente, el sueño es reconstruido.
El yo le agrega coherencia, puntos de enlace, lógica. El mundo del sueño
es el de la yuxtaposición de imágenes, el mundo del "y"
(y después, y junto a eso había...). En el relato se agregan los
luego, por este motivo, en consecuencia, pues, en contrapartida, etc... Más
aún, el sueño nocturno está infiltrado por ensueños
diurnos y fantasmas. Pero, para el psicoanalista, esto es igualmente importante
y revelador. En todos estos niveles de producción, el relato de un sueño
expresa lo que es importante para una persona.
Es por ello que la interpretación de un sueño se hace de a dos.
Nadie puede penetrar por sí solo el secreto de sus sueños, pues
se oponen a ello la censura y el proceso de represión que hacen que ciertas
cosas no sean ni siquiera concebibles. Y por detrás, está el amor
propio y el narcisismo que hacen rechazar cualquier interpretación que
sea desfavorable a la imagen que la persona se hace de sí misma. Es ahí
donde opera el proceso de mala fe de las personas que prefieren la tranquilidad
a la verdad. Por este motivo, para comprender nuestros sueños necesitamos
un psicoanalista.
Este, sin embargo, no conoce el sentido del sueño, pero sólo él
puede permitirle al soñador desvelarlo. El soñador es el único
en poseer el sentido de su sueño, pero no puede admitirlo. El lo enunciará,
pero en medio de un sinfín de otras cosas (denegaciones, contraverdades,
falsas salidas, banalidades, temas narcisistas, hipótesis aventuradas,
etc.). Y la claridad de su revelación golpea al psicoanalista por su
evidencia. Este se lo subrayará con suavidad y prudencia al soñador,
devolviéndole sus propias palabras, hasta que sucesivos cortes fuercen
al soñador a admitir finalmente su verdad.
El sueño es, pues, para Freud, claramente "la vía real que
conduce al inconsciente". Pero no lo hace porque él es en sí
mismo un síntoma neurótico: "El sueño mismo es un
síntoma neurótico y un síntoma que ofrece la enorme
ventaja para nosotros de poder ser observado en todas las personas, incluso
en las personas sanas" (Introducción al psicoanálisis,
p. 69). Freud hizo, pues, un aporte inmenso al sueño. Le descubrió
un sentido, lo sacó de su ostracismo, lo transformó en el pivote
de su primer psicoanálisis (aun cuando, después de él,
este último se trasladó hacia el yo y la transferencia).
Lo volvió célebre e hizo nuevamente de él un fenómeno
interesante. El sueño va a estar nuevamente de moda, inspirando el arte,
a través del surrealismo, para luego extenderse a toda la publicidad
que copia sus mecanismos porque son la esencia de la imagen. Pero Freud
conserva de la antigua concepción peyorativa del sueño esta coloración
neurótica. Es uno de los puntos que lo opondrán a Jung.
El principal aporte de JUNG a la interpretación de los sueños
es una plena concepción positiva y valorizadora. Le devuelve al sueño
todo su valor. Hace de él una producción sana que puede elevarse
a los niveles más altos de la inspiración y de la creación.
El sueño es un dato existencial central. Es en primer lugar una traducción
exacta de la situación intra-psíquica presente, "una autorrepresentación
espontánea y simbólica de la situación actual del inconsciente".
Esto corresponde al método de interpretación jungiano de los sueños,
objetivo y subjetivo. La hoja es siempre doble, así como hay un anverso
hay un reverso. Uno puede satisfacerse con una sola cara. La investigación
objetiva consiste en la exploración de las correspondencias biográficas.
Es así como si uno sueña con su propio padre, es realmente el
padre a quien uno ha visto en sueños. Pero no puede ignorarse el aspecto
subjetivo. Por esta vía, todos los elementos del sueño corresponden
a partes de la psiquis del sujeto. Y el padre es también una parte del
soñador, en la medida en que lleva dentro de sí su padre interiorizado,
que él tiene una función paterna potencial o realizada, etc. Este
método ha sido desarrollado con mucha eficacia por Friedrich Perls en
su técnica de terapia gestáltica. Utiliza más la identificación
que el análisis y hace que el soñador se identifique imaginaria
y corporalmente, uno a uno, con todos los elementos de su sueño. Puesto
que de él emana el sueño, él es todos los personajes y
los objetos de su sueño y no debe ser abusivamente reducido al personaje
que ha escogido encarnar en su sueño. De ahí surge la posibilidad
de hacer dialogar, en algo equivalente a un psicodrama, a estos diferentes elementos
entre ellos.
El sueño tiene, pues, para Jung esta función de realidad presente.
"Un sueño es realmente un sueño. Lleva en sí mismo
su significado, es una construcción acabada". Pero también
tiene una función compensatoria. Está ahí para volver a
vivir de manera diferente, para recuperar aquello que resultó fallido.
Es "la expresión de la autorregulación psicológica
del individuo". El sueño es a la vez un balance y un proyecto. Y
Jung prefiere insistir sobre el alcance de ese síntoma. No tiene sólo
una causa, sino también una finalidad. La originalidad del método
jungiano reside en la exploración de esta función prospectiva
del sueño. Interpretar es comprender en función de nuestras intenciones.
El sueño orienta hacia el futuro, es la anticipación de las probabilidades
de la acción. Eso explica las series de sueños que se localizan
y prolongan sobre el mismo tema. Esta orientación hacia el futuro y las
transformaciones profundas de la psiquis justifican el método de las
amplificaciones que es la especificidad de Jung. El analista, consciente del
elemento contratransferencial que esto implica, agrega a las asociaciones del
sujeto el aporte de su saber y de su intuición. Enriquece y estimula
el sueño ligándolo a las grandes imágenes del pasado, y
por ende, al inconsciente cultural y colectivo. Le confiere a las imágenes
del sueño su dimensión ancestral al revelar su dimensión
religiosa y cósmica. Los seres eternos del sueño pueden surgir.
Al recobrar el contacto con los arquetipos se produce la exploración
de las capas más profundas de la psiquis. Es así como puede
cobrar forma esa categoría de sueños conocidos como sueños
jungianos. Corresponden de manera muy exacta a una iniciación, es
decir, al comienzo de una vida nueva (initium novae vitae). Estos grandes sueños
creativos dan fe de una mutación considerable en cada etapa de la
vida. Nos ligan a las fuentes más profundas de la vida y de la creatividad,
a los seres de gran potencia. Su atmósfera es muy particular y particularmente
exaltante. Este tipo de sueño, que se aprende, alcanza finalmente lo
que este método de dominio de los sueños trata de provocar: sueños
que sean auténticas visiones (somniurn a deo missum).
BIBLIOGRAFÍA
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MARJARSH, S.: Sur la psychologie du rêve de C.G. Jung [Sobre la psicología
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Gallimard, 1967, págs. 102-127 y 127-134.
PERLS, F.: Rêves et existence en GestaIt-thérapie [Sueños
y existencia en terapia Gestalt], Epi, 1972.
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