EL ESTUDIO PSICOFISIOLÓGICO DEL SUEÑO
Gracias a una serie de descubrimientos, el soñar ya no constituye un
elemento inasequible. No se trata ya de una ficción, de un hecho literario
conocido solamente a través de la introspección. Se convierte
en un dato fundamental de la psicofisiología y se crean laboratorios
de sueños en todas las universidades norteamericanas. Estos resultados
considerables fueron precedidos por largas investigaciones sobre el dormir y
los niveles de vigilancia. Partiendo del trabajo de Bremer, 1935, Moruzzi y
Magoun descubrieron en 1949 el centro cerebral del dormir. Se sitúa entre
el diencéfalo y el bulbo, en un grupo de neuronas denominado SAR, sistema
activador reticular. Toda lesión de este centro provoca el sueño
y toda estimulación produce una mayor excitabilidad de los sistemas motor
y vegetativo. Más precisamente, en histoquímica, el adormecimiento
y el sueño de ondas lentas son producto del grupo rostral del sistema
del rafe (conjunto de neuronas) mediante la acción de la serotonina;
la preparación para el sueño paradójico viene del grupo
medio del núcleo rafe y pontis. El sueño se transmite por mediadores
químicos.
Los progresos de la neurofarmacología y de la histoquímica han
permitido descubrir la acción conjugada de cuatro sistemas. En las neuronas,
con serotonina, la relación serotonina/noradrenalina disminuye durante
el reposo y aumenta durante la actividad. El sistema dopamina, o sustancia negra
de los cuerpos estriados, provoca el comportamiento motor del despertar. Un
sistema de neuronas con noradrenalina se halla en el bulbo y en su porción
inferior. Y el sistema de neuronas colinérgicas provoca el sueño
electroencefalográfico. La liberación presináptica
de serotonina proveniente de los núcleos del rafe inicia el sueño.
El despertar es producto de la acción postsináptica sobre el SAR
de la noradrenalina proveniente del locus coeruleus (grupo de neuronas en la
región dorso-lateral de la formación reticular, pigmentada por
extraños puntos azules, de ahí su nombre). La vigilia y el sueño
por un lado, el dormir y el soñar por el otro, funcionan a partir de
dos sistemas antagónicos. Existen, por lo tanto, dos tipos de insomnio,
uno con compensación ulterior, el otro no, y dos tipos de trastornos
del despertar, uno de somnolencia sin producción onírica que compromete
sólo al estadio uno del dormir, y el otro, que compromete los cinco estadios
del dormir.
El descubrimiento de las fases del dormir fue presentado por Loomis en 1938.
Distinguió cuatro estadios, que corresponden a un dormir cada vez
más profundo, medido de acuerdo a la dificultad para despertar al sujeto.
Hilgard y Marquis, 1940, Morgan, 1943, Bremer, 1953, especifican el mantenimiento
de la vigilancia. En 1957, Dement y su asistente, Kleitman, descubren un
quinto estadio que presenta un tipo de registro electroencefalográfico
similar al EEG de la vigilia, conservando al mismo tiempo la sincronía
entre el SAR y el córtex. Se trata de un estado de sueño profundo
ya que resulta extremadamente difícil despertar al sujeto, ya sea mediante
el uso de estímulos auditivos externos o mediante estimulación
eléctrica del SAR. Y como revela un registro semejante al EEG de la vigilia,
se la llamó fase paradójica. Existen, por lo tanto, cinco estadios
del dormir, todos ellos caracterizados por diferentes ondas:
0. Llamado beta. Registro que se obtiene estando despierto el sujeto, con los
ojos abiertos. Ondas cortas y rápidas de baja tensión.
1. Llamado alfa, o de somnolencia. Ondas de bajo voltaje, más altas,
ausencia de actividad fusiforme.
2. Sueño ligero, con actividad fusiforme, aparece sobre un fondo de
trazado de ondas lentas de bajo voltaje de 3 a 6 ciclos por segundo.
3. Sueño de transición o fase intermedia, cuando aumentan las
ondas lentas delta de alto voltaje (200 M V).
4. Sueño profundo; las ondas delta ocupan más de la mitad del
registro.
5. Sueño rápido (R.E.M.), llamado fase paradójica, ya
que presenta un retorno a las ondas beta del registro de vigilia, pero sincronizado
y precedido por ondas dentadas.
Se pudo comprobar más adelante que la fase paradójica correspondía
a la fase de producción onírica. Este importante descubrimiento
fue precedido por observaciones empíricas que, al producirse demasiado
temprano, y que a falta del instrumental científico adecuado, no pudieron
utilizarse y cayeron en el olvido. Ya desde 1892, Ladd afirmaba que existía
un centro cerebral del soñar y que los globos oculares se movían
durante la producción de sueños. En 1983, Jacobson retoma esta
idea. Entre 1952 y 1955, Kleitman y Aserinsky estudian todos los concomitantes
fisiológicos de la fase paradójica. Un voltaje electroencefalográfico
típico y lento en las áreas frontal y occipital está siempre
precedido por ondas dentadas; hay aumento de la actividad cardiaca y respiratoria
y de la relajación (párpados pesados, relajación de los
músculos de la nuca y del mentón...). Las vocalizaciones (gemidos,
palabras) se producen durante la fase paradójica, y hacia el final aparecen
los grandes movimientos del cuerpo mediante los cuales la persona dormida cambia
de posición. Por último, el ciclo de erecciones en el hombre y
en la mujer descubierto por Ohlmeyer en 1944 ocurre cada 85 minutos y dura en
promedio 25 minutos. Y, sobre todo, durante esta fase se producen los movimientos
rápidos de los globos oculares que son visibles bajo los párpados
cerrados. Y la pequeña historia nos relata que una enfermera repitió
el descubrimiento que hiciera Ladd y que sus repetidas observaciones llevaron
a Aserinsky, que en ese momento hacía el internado, a observar por su
propia cuenta a niños pequeños hospitalizados. Un aparato de registro
de estos movimientos rápidos, el R.E.M. (Rapid Eye Movement), fue diseñado
en 1952 por Kleitman y Dement en la Universidad de Chicago, con ayuda de un
dispositivo para registrar las palpitaciones de los ojos y de cuatro electrodos
electromiográficos dispuestos alrededor del ojo. Reveló que, efectivamente,
durante la fase paradójica se producían movimientos rápidos
de los ojos, a pequeños saltos, binocularmente sincrónicos. Para
completar la demostración, se despertó a las personas que
dormían durante esta fase. En una investigación que incluyó
a 2.240 sujetos, el 83,3% de ellos, al ser despertados, informó que soñaba
y estas personas pudieron relatar su sueño. En 1957, Shapiro verificó
este descubrimiento con un grupo de no soñadores impenitentes. Por lo
tanto, aquellas personas que declaran no soñar, sueñan tanto como
el resto, pero olvidan rápidamente sus sueños, debido a los
mecanismos de represión. Efectivamente, los estudios experimentales indican
que los sueños se olvidan rápidamente: ocho minutos después
de la fase paradójica, sólo un 5% de las personas a las que se
despierta recuerda haber soñado. Esto permite entender el hecho que muchas
personas declaren: "Yo jamás sueño". Por lo tanto, es
erróneo afirmar que existen personas que sueñan, otras que
no sueñan jamás y otras que sólo sueñan de vez en
cuando. Lo que sucede es que hay personas que recuerdan sus sueños y
otras que no los recuerdan. Pero si estas personas realmente lo desean y ponen
en práctica los métodos que presentamos en este libro, podrán
recordar progresivamente sus sueños.
Para probar, además, que la persona efectivamente relata el sueño
que estaba teniendo durante la fase paradójica y de los movimientos oculares
rápidos, se utilizan estímulos externos (olores, contactos, ruidos...)
y se verifica que éstos hayan sido integrados a los sueños. Por
último, en 1967 Rechtshaffen aportó la prueba visual de la concomitancia
de los movimientos oculares rápidos y de la actividad onírica,
logrando que los sujetos durmieran con los ojos abiertos, manteniendo sus párpados
abiertos con esparadrapo o adhesivo. Se pudo observar, entonces, que la
mirada, fija durante las primeras cuatro fases del dormir, comenzaba a desplazarse
y que el sujeto volvía los ojos de un lado para otro (sin ver, ya que
dormía) durante el sueño de la fase paradójica. Por último,
los estudios experimentales que han demostrado ser más fecundos son aquellos
en que se establece una comparación gráfica entre los movimientos
oculares y el relato del sueño. En el primer grado, se percibe fácilmente
en el gráfico la sucesión de movimientos horizontales o verticales
que hace el ojo; luego debe determinarse el número de miradas hacia la
izquierda, hacia la derecha, hacia abajo u oblicuas. De este modo, se puede
establecer el gráfico de un relato, lo que permite posteriormente verificar
la correspondencia de dicho gráfico con el relato. Es así como
en la primera investigación, hecha con 121 casos, se logró un
85% de correspondencia. Por ejemplo, una persona relató que en su sueño
subía una escalera; una mirada al gráfico en el que aparecían
cinco movimientos verticales permitió anunciarle que su escalera tenía
cinco gradas, lo que fue confirmado por la persona. Asimismo, otra persona soñó
que jugaba a la pelota y el número de veces que la lanzó al aire
correspondía al número de miradas hacia arriba registradas en
el gráfico.
En la actualidad, el método ha sido perfeccionado, llegándose
a tener un auténtico "videograbador" de los sueños.
Se trata de un aparato desarrollado en el Massachussets Institute of Technology
en Boston (EE.UU.), que permite traducir visualmente las ondas electroencefalográficas,
lo que nos entrega el paisaje mental del sueño.
Al tener hoy en día los instrumentos que permiten identificar y seguir
los sueños, se ha podido constatar que éstos se distribuyen regularmente
durante la noche. Pero su distribución y la duración del dormir
no son fenómenos aislados. Corresponden al conjunto de los ritmos internos.
Su perfecta regularidad estadística ha hecho que se los llame reloj biológico.
El ritmo circadiano, que dura alrededor de 24 horas, no es inmutable. En las
experiencias de aislamiento sensorial, se ha comprobado que pueden fijarse ritmos
de 28, 30 y 48 horas. Si una persona puede extender su ritmo de vigilia y de
sueño más allá de las 24 horas, su conciencia del tiempo
se modificará. Tendrá la impresión de que el tiempo transcurre
dos veces más rápido, lo que puede apreciarse en los submarinos
atómicos que permanecen sumergidos por largos períodos, o en los
viajes al espacio (el viaje a Venus, con una duración de dos años).
Se ha estudiado con precisión el ritmo del dormir tanto en el recién
nacido como en el niño. Durante los tres primeros días, el
recién nacido duerme 90 minutos en promedio; luego permanece despierto
durante 30 a 60 minutos, tanto durante el día como durante la noche.
Al agrupar los períodos nocturnos, este ritmo base de 90 minutos
se traducirá en un sueño continuo de las 21 horas a las 3 de la
mañana, a los 12 días (Gesell, 1945). Al continuar con este procedimiento,
tenemos que en el niño de 4 años se pueden distinguir dos ciclos
de sueño, de las 20 a las 7 horas y de las 14 a las 15 horas. Este patrón
de sueño será el definitivo en todos los pueblos de los países
cálidos (mediterráneos y de la India...) que duermen siesta. Es
tan sólo hacia los diez años que, a través de la socialización,
el ciclo de vigilia y el ciclo de sueño aparecen claramente diferenciados.
La prolongación del dormir en el niño de 12 años y en el
adulto no es más que un múltiplo de este ritmo base de 90 minutos
y se lo encuentra en todos los registros psicogalvánicos, electroencefalográficos,
electrocardíacos, miográficos o respiratorios.
Al hacer un registro de todos estos ritmos, Kleitman y Dement descubrieron que
durante un promedio de ocho horas de sueño, el ser humano pasa por cuatro
fases. En promedio, tenemos la siguiente distribución:
1.90 minutos de sueño + 10 minutos de R.E.M.
2.90 minutos de sueño + 20 minutos de R.E.M.
3.90 minutos de sueño + 24 minutos de R.E.M.
4.90 minutos de sueño + 36 minutos de R.E.M.
Durante la hora y media que dormimos, pasamos sucesivamente por los cuatro
estadios del dormir, cada uno de ellos caracterizado por su propio tipo de ondas
electroencefalográficas (ß, ?, s, D, ?). Esto arroja en una noche
una curva de tipo sinusoidal con cuatro cimas que corresponden a los cuatro
sueños. Normalmente, todo ser humano tiene 4 ó 5 sueños
por noche; es decir, 100 minutos en promedio, y es imposible soñar más.
En vano los norteamericanos han ofrecido un dólar por cada cuarto de
hora adicional de sueño.
Sin embargo, el porcentaje de período R.E.M. disminuye con la edad: en
el recién nacido representa el 80% del tiempo que pasa dormido, en el
adulto joven representa el 25%, y en la tercera edad sólo representa
el 12%.
Todas estas precisiones científicas recientes parecen estar bien establecidas.
Sin embargo, en las investigaciones de punta, los descubrimientos avanzan rápidamente.
En particular, se discute todavía la exclusividad de los sueños
durante la fase paradójica R.E.M. Parece ser que hay producción
de sueños en todas las fases. (?, D, ?). En 1968 Berger descubrió
que el 78% de los sueños ocurrían durante la fase paradójica
y 22% fuera de ella. Otros investigadores (como M. de Barros Ferreira, 1972
y 1975) piensan que la actividad mental llamada soñar se lleva a cabo
durante toda la duración del dormir, pero que es muchísimo más
difícil recordar su contenido cuando no ocurre durante la fase paradójica,
siendo el soñar "el múltiple y constante efecto del dormir”.
Por otra parte, todo depende de lo que se entienda por soñar: hay investigadores
que no admiten más que relaciones coherentes (que es lo que se comprueba
al despertar a una persona en período R.E.M.). Para otros investigadores,
todo recuerdo, aunque sea fragmentario (lo que es frecuente al despertar a las
personas durante las fases intermediarias), constituiría un sueño.
Tenemos entonces que el porcentaje de 7% de sueños producidos fuera del
período R.E.M. se eleva al 74%.
En este caso se corre el peligro de llegar a las imágenes hipnagógicas.
Estas son las visiones que se producen durante la fase de adormecimiento descritas
por Maury en 1850. En 1968, Van Bogaert demostró que éstas aparecen
como excitaciones sensoriales, sin compromiso de la persona que duerme. Aparecen
solas en el momento del adormecimiento: puede tratarse de imágenes auditivas
o de formas geométricas o estilizadas que se suceden unas a otras sin
vincularse y sin participación de la persona que duerme. Son consideradas
alucinaciones que no nacen sobre la retina, sino en la corteza visual, ahí
donde se forman las imágenes de los sueños. Por lo tanto, se trata
de imágenes de naturaleza similar a aquellas producidas durante
los sueños y no son imágenes que nacen sobre la retina luego de
una fijación prolongada, cuando, al cerrar los ojos, el objeto aparece
nuevamente con colores complementarios o una inversión de la luminosidad
del fondo.
Del mismo modo, las pesadillas no parecen ser de la misma naturaleza que los
sueños. En 1970, en una investigación con 200 sujetos, Fischer
descubrió que el 4% experimentaba pesadillas. En general, las pesadillas
provocan un despertar inmediato. Es posible desencadenarlas experimentalmente
con un sonido de silbato que no provoque el despertar. Las pesadillas parecen
ocurrir fuera de la fase paradójica, a menudo hacia el final de
la noche y durante el sueño más profundo (ondas ?), justo antes
de la fase paradójica. Pero no se ha cerrado todavía el campo
de estudio de las pesadillas, ya que todos los sectores de la ciencia están
en expansión y, por lo tanto, bajo constante revisión, a medida
que se van dando los nuevos experimentos y descubrimientos.
Pareciera que el soñar, así como el dormir, es provocado por un
agente químico. Pero éste todavía no ha sido aislado. Los
intervalos entre los sueños corresponden a la reconstitución de
sustancias químicas, del tipo ácido gamma-amino-butírico,
que actúan sobre el núcleo de la sustancia gris.
Estos descubrimientos científicos recientes hacen del soñar un
ámbito de estudio científico claramente delimitado. Pero
plantean, asimismo, varios problemas. Destacamos tres de ellos: la necesidad
de soñar, por qué soñamos, la incidencia sobre el psicoanálisis.
1.- La necesidad de soñar
El soñar constituye una necesidad vital para el hombre. Las experiencias
de privación de sueños no han podido prolongarse por mucho tiempo.
Se reclutaba a estudiantes voluntarios y se les pagaba un salario por no
hacer nada, o por hacer lo que desearan y por dormir el tiempo que quisieran.
Al cabo de 90 minutos, apenas comenzaban a mover los ojos bajo los párpados
y a soñar, se los despertaba; luego se les permitía volver a conciliar
el sueño. Estos sujetos rápidamente se volvían ansiosos,
irritables y agresivos. Enfermaban al privárseles de soñar. Mas
tarde se vio que; más que el dormir, eran las horas dedicadas a soñar
lo que intentaban recuperar; y soñaban durante el 50% del tiempo en que
dormían. Los animales también experimentan la necesidad de soñar.
A un gato se le impidió soñar durante 27 días; compensó
luego esta privación soñando durante el 60% del tiempo que dormía.
Si a un gato se le extrae el hipocampo en la cara interna del lóbulo
temporal, lugar que constituye el centro de los sueños, éste pierde
la capacidad de soñar. Permanece entonces con la mirada fija, la pupila
dilatada y muere al cabo de tres meses. Por el contrario, un gato descerebrado
que ya no puede dormir, pero que conserva la capacidad de soñar, no morirá.
En Francia, las investigaciones sobre la producción de sueños
en los animales son dirigidas por Jouvet y su escuela veterinaria de Lyon. Los
reptiles (serpientes, tortugas, lagartijas...) no sueñan. Los sueños
comienzan con la termorregulación, es decir, con los pájaros y
los mamíferos. Las palomas sueñan sólo durante algunos
segundos cada noche y los gatos lo hacen durante seis minutos cada media hora.
¿Por qué constituyen los sueños una necesidad vital tanto
para el hombre como los animales?
2. ¿Por qué soñamos?
El pensamiento francés, desde Maine de Biran hasta Bergson, considera
que los sueños son producto de una falla del pensamiento. Soñamos
porque ya no somos capaces de pensar. El dormir adormece la conciencia y priva
a la mente de la dirección del yo, de la voluntad y de la reflexión.
Entonces ésta gira en el vacío, y adopta la primera explicación
que se le presenta (un recuerdo reciente) para dar cuenta de las sensaciones
sofocadas que llegan hasta ella. Pero un mal funcionamiento no constituye una
buena explicación. Así como para los franceses todo se resuelve
en términos de esfuerzo y relajación, el pensamiento alemán
se centra en las nociones de conflicto. También en los griegos encontramos
esta noción. Y bien puede afirmarse que Platón ya había
vislumbrado muchas ideas que Freud desarrollara más tarde.
Cuando escribe que "los buenos se contentan con soñar durante la
noche lo que los malvados ejecutan en la realidad", señala
una de las fuentes de los sueños. En términos generales, podría
afirmarse que esto es así, a pesar del maniqueismo moralista primario
de este planteamiento. Ya que, por un lado, nadie es enteramente bueno y que,
por otro lado, a las malas acciones de la víspera los malvados agregan
sueños igualmente malignos durante la noche. En La República (Libro
IX), al hablar del deseo insaciable y del ello, Platón precisa: "Existe
en cada uno de nosotros una suerte de deseo terrible, salvaje, desmedido, incluso
entre aquellas personas que actúan siempre en forma mesurada. El estudio
de los sueños así lo demuestra".
De acuerdo a Freud, soñamos porque tenemos un ello. Los sueños
se explican en términos de realizaciones, de alivio, de compromiso y
de simbolismo. Soñamos los deseos de nuestro ello que no podemos cumplir
en la realidad. Los sueños, pues, tienen una función de descarga,
calman el ello a bajo costo. Desde el punto de vista dinámico, las pulsiones
encuentran un exutorio y un lugar para manifestarse, desplegándose en
el escenario del imaginario. El conflicto se da en la lucha tópica que
se instala entre el ello salvaje, que no se guía más que por el
principio del placer, y el superyó, que se lo impide en nombre de todas
las prohibiciones sociales internalizadas en las imágenes parentales
arcaicas. El resultado del compromiso son los sueños, donde el placer
se realiza, pero en forma simbólica, y donde la pulsión se manifiesta,
pero en forma disfrazada, mediante el desplazamiento y la dramatización.
Por lo tanto, se trata de un juego de mala fe, ya que todo podrá hacerse
y decirse a condición de no ser detectado por la censura que impone el
superyó. Los sueños, por lo tanto, constituyen el proceso neurótico
que comparte toda la humanidad.
Estas tesis de Freud han sido confirmadas por los trabajos recientes de
Jouvet. Efectivamente, es posible destruir en los animales el centro inhibidor
de los movimientos durante los sueños. Estos animales traducen, entonces,
sus sueños en actos, lo que nos permite conocer el contenido de lo que
sueñan. Es así como los mamíferos se dividen en dos grupos:
los cazadores y las presas. Los cazadores herbívoros o granívoros
dedican gran parte de su tiempo a la alimentación, duermen poco y sueñan
aun menos (5% del tiempo dedicado a dormir). Los cazadores carnívoros
se alimentan rápidamente, tienen un sueño largo y profundo, y
el tiempo de producción de sueños es más largo (20 a 30%
del tiempo dedicado a dormir). Los sueños de estos dos tipos de animales
son diametralmente opuestos. Por ejemplo, las rata y los ratones tienen sueños
en los que huyen; los gatos, en cambio sueñan que atacan.
Los sueños pueden, pues, ser considerados como una revisión de
los comportamientos instintivos innatos y adquiridos. Corresponden a la existencia
de una conservación, en el cerebro, de los comportamientos adaptados
a la supervivencia del individuo y de la especie. Desde este punto de vista,
el hombre está programado como un carnívoro. El tiempo dedicado
a soñar representa 20% del tiempo que duerme y sus sueños son
fundamentalmente de agresión y de sexualidad. Por lo tanto, revisa continuamente
sus conductas de ataque y de seducción, guiado por los instintos de combate
y de reproducción (Tánatos y Eros, para usar la terminología
de Freud). Efectivamente, las conductas fundamentales del hombre están
genéticamente programadas. Por lo tanto, durante la noche emergen nuevamente
estas reacciones primitivamente adoptadas, y que más tarde fueran desautorizadas
y condenadas por la cultura en la vida vigil. Fuera del sueño, existen
dos tipos de despertar, el despertar al estado de vigilia, destinado a las actividades
del individuo socializado, y el despertar a los sueños, destinado a la
especie o al genotipo, que permite la reprogramación periódica
de los esquemas de la raza, mediante una intensa actividad central o imaginaria,
mientras que todo el resto del cuerpo se encuentra inhibido por un poderoso
mecanismo de bloqueo químico.
Por un lado, se puede considerar que los sueños son una defensa contra
la cultura, ya que permiten el retorno periódico a lo instintivo. Se
podría incluso plantear que si se lograra suprimir la producción
de sueños, el hombre podrá ser condicionado con mayor facilidad.
Pero, por otro lado los sueños representan el primer tipo de pensamiento
de la humanidad, tanto por sus modalidades y sus temas, como por sus factores.
En efecto, el hombre dispone de dos tipos de cerebro. El cerebro antiguo constituye
la prolongación directa del encéfalo e incluye todos los centros
de funcionamiento orgánico y de los mecanismos vitales. Es un cerebro
que compartimos con todos los animales. Sobre este cerebro fueron lentamente
constituyéndose las excrecencias de los dos labios que conforman los
hemisferios cerebrales o neocortex. Es aquí donde residen los centros
reguladores del pensamiento, de la voluntad y de las grandes funciones de síntesis.
El pensamiento de los sueños, situado en el hipocampo del cerebro antiguo,
es un pensamiento que se basa en imágenes. Utilizando el desplazamiento,
la inversión o su contrario, la proyección, etc., e ignorando
la negación y el principio de realidad, está orientado hacia
la satisfacción primaria del deseo. El hombre es llevado a soñar
todas las noches, volviendo a lo arcaico y a lo neoténico. Los estudios
de fisiología comparada de los sueños han demostrado efectivamente
que la predominancia de la fase paradójica está ligada a la inmadurez
del sistema nervioso central. Es así como en los ratones recién
nacidos que nacen bien formados, alcanza el 20% del nictémero, siendo
que para los ratoncillos inmaduros, que todavía no se han desarrollado
completamente, alcanza el 80% del mismo. De igual forma, durante los primeros
días de vida los gatitos no dejan de mamar más que para soñar
en fase paradójica. Pero la cultura humana se desarrolló en contra
de la naturaleza. Y es precisamente de este tipo de pensamiento animal que la
cultura y la educación buscan sustraernos.
3. Incidencia sobre el psicoanálisis
No cabe duda de que la teoría de Freud sólo puede aplicarse
a los seres humanos, en tanto que la de Jouvet tiene el mérito de dar
cuenta de los sueños humanos y animales. Como toda nueva teoría,
es más amplia y abarca diversos fenómenos. ¿Habrá,
pues, que considerar que los recientes descubrimientos sobre los sueños
invalidan los planteamientos del psicoanálisis? No lo creemos así.
Lo más importante que prueba la experimentación es que los sueños
producidos durante el dormir son totalmente distintos de los elaborados relatos
que tejen los soñadores al despertar por la mañana. Hemos visto
que el olvido se produce rápidamente, cinco minutos después de
soñar. Pero puede considerarse que éste se inicia con la producción
misma de sueños. Efectivamente, si se despierta a un sujeto al cabo de
cinco minutos de soñar o al cabo de treinta minutos, proporcionará
un relato de su sueño de idéntica duración. Más
aun, si se despierta al sujeto al cabo de 10 minutos cada vez que sueña
y que éste registra todos sus sueños, se podrá comprobar
que durante toda la noche soñará una y otra vez con lo mismo.
La pulsión satisfecha es única, sólo varían las
circunstancias. Por ejemplo, el sujeto hace una intervención y la gente
se mofa de él. Pero, en el primer sueño, la situación se
desarrolla en el trabajo y es víctima de las mofas de un colega, luego
son los amigos quienes se burlan, o es en clase y será el profesor, finalmente,
la escena sucede durante la infancia y es objeto de la burla de su padre. Es
así como el relato que hace el sujeto por la mañana puede representar
un episodio, como puede también ser la condensación de tres o
cuatro sueños. En todo caso, este relato será bastante más
abstracto, lógico y especulativo que los relatos nocturnos que están
más cargados emocionalmente y que aparecen como más cercanos a
las imágenes alucinatorias. Estos relatos instantáneos de los
sueños han sido llamados "sueños operatorios" (Lairy
et al, 1968). Están llenos de imágenes y recuerdan las escenas
de la vida real.
Pero todo lo que acabamos de decir no sorprendería a Freud, que siempre
insistió en la diferencia existente entre el sueño que realmente
se produce y el relato que luego se entrega al psicoanalista. Sabía que
el relato de un sueño podía representar la condensación
de varios sueños reales, y que por la mañana se producía
una elaboración secundaria. Se censura lo que todavía aparece
demasiado claro para el superyó y para el yo. El yo interviene en el
sueño para crear los vínculos, para establecer las relaciones
de causalidad, de finalidad, la lógica y la coherencia. Destruye lo inverosímil
y lo irracional. Freud señala que estos relatos de sueños están
contaminados por la ensoñación, las fantasías diurnas y
los fantasmas (Tagtraum), de tal modo que el contenido manifiesto no es nunca
idéntico al contenido latente. Esto de ninguna manera implica una contradicción.
Lo importante es lo que dice el paciente, lo que cree haber soñado. Cuando
presenta un sueño a su psicoanalista, se trata de un mensaje, a veces
de un llamado, siempre muy transferencial. Y la práctica analítica
nos muestra continuamente que la realidad vivida aparece como insignificante
al lado de la realidad fantasmeada. ¿Qué importancia puede tener
el que una persona haya vivido realmente o no la escena primitiva, la violación
por el padre, el abandono cuando niño, el ataque por un ogro, ya que,
si no hay indicios suficientes en su vida real, su inconsciente los inventará
y se alimentará con un placer torturante? Toda la realidad, incluso la
cultural, está en los sueños, como lo muestra magistralmente Geza
Roheim.
De este modo, la práctica psicoanalítica no desmerece en nada
al renovarse la concepción de la naturaleza de los sueños. En
cambio, sí se plantea seriamente este problema con la introducción
de la técnica que permite el dominio de los sueños y la producción
de sueños que responden a los deseos del yo consciente.
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