LA ANTIGÜEDAD
¿Es posible que una persona físicamente enferma o psicológicamente
presa de sus dificultades neuróticas pueda encontrar en sueños
el remedio para sus males? ¿Pueden los sueños indicar cuál
habrá de ser la decisión que deberá tomar? ¿Puede
la fe en una religión ayudar a retomar contacto con un Salvador?
El estudio de las técnicas del control de los sueños utilizadas
por todas las grandes civilizaciones habrá de indicarnos cómo
proceder. Hasta la llegada de los cristianos, los griegos utilizaban en forma
habitual los sueños terapéuticos para alcanzar la sanación.
Y cuando se conoce en profundidad esta práctica, uno la encuentra literalmente
descrita en todas las otras grandes civilizaciones. El dominio de los sueños
no es una invención reciente: es un redescubrimiento que no implica sino
un regreso a las fuentes. Los innumerables testimonios nos permiten recobrar
la tradición perdida. Es así que el sueño terapéutico
no representaba más que el último vestigio de un poder más
extenso.
A.- LA VISIÓN DE INCUBACIÓN EN EL MUNDO GRECO ROMANO
Para los antiguos griegos, todo sueño provenía de los dioses.
En Hornero, los sueños, esos personajes alados y divinos, son enviados
por el propio Zeus. Como la religión lo impregna todo en sus vidas, la
técnica del dominio de los sueños opera por intermedio de la acción
divina. Pareciera que al comienzo las razones que los movían a conocer
los sueños eran bastante amplias, algo muy similar, a fin de cuentas,
a lo que se practicaba en todo el Medio Oriente. Sabemos, así, que los
magistrados de Esparta dormían en el templo de Pasífae para enterarse
del bien público. Pero más adelante se fue perdiendo confianza
en el poder de las visiones para revelar aquello que está oculto o para
descubrir los intereses del Estado. En el mundo greco-romano aparece con extrema
claridad la reducción de la producción voluntaria de visiones
y su limitación al ámbito terapéutico. Básicamente,
lo que mueve a los griegos y a los romanos a obtener una visión es la
posibilidad de sanar. También es posible solicitar una visión
para que entregue la explicación de un sueño importante; a estos
dos aspectos se limitaría, pues, la utilidad de la visión.
Pero la tan ampliamente difundida práctica de la incubación prueba
que es posible tener el sueño que uno desea. Desde la más alta
antigüedad se asegura que ciertas grutas procuran este tipo de sueños;
por ejemplo, la gruta de Lebadea, en Beocia, donde el héroe Trofonio
poseía un célebre oráculo; o la gruta de Oropo, en Atica,
donde el adivino Anfiarao formulaba sus oráculos. Según Pausanias
había que sacrificarle un carnero y dormir envuelto en su pellejo (in
Attiques).
Más tarde vendrán los templos de Asclepio y de Serapis. Virgilio
nos describe la misma práctica en el templo de Fauno (Envida, VII). Y
esta práctica se mantiene aún vigente en la actualidad en los
santuarios cristianos ortodoxos, particularmente en las islas griegas, como
por ejemplo Tinos.
En la época existían 420 templos de Asclepio que funcionaron hasta
que los cristianos los cerraron y los destruyen en el siglo quinto. Se dice
que el más rico era el de Pérgamo y que el más antiguo
(después de Trica) fue el de Epidauro, que reivindicaba una paternidad
hegemónica. Toda nueva fundación daba lugar a una ceremonia de
Filiación, la translatio, donde de acuerdo al ritual una de las serpientes
sagradas del templo de Epidauro era llevada en procesión hasta el nuevo
templo. La serpiente, efectivamente, es el símbolo de todos los cultos
tónicos y la diosa Tierra (o potnia tónica) es la "Madre
de alas negras de los sueños”. Como todo recurso destinado a combatir
incubación a la muerte, la incubación era una práctica
de gran importancia. Describiremos a continuación las diferentes etapas
de este proceso.
1.- La peregrinación
Se trataba de una verdadera peregrinación que se realizaba a lo largo
de caminos polvorientos e inseguros. Pero sólo podía un consultante
acudir al templo de Asclepio si su enfermedad había sido declarada incurable
por un médico. Cuando se deseaba obtener una visión, era importante
conservar la pureza (y esto sigue siendo igualmente cierto). Para ello, era
necesario que durante el camino la persona se abstuviera de ingerir alimentos
que pudieran interferir con los sueños: el vino (efectivamente, es indispensable
abstenerse de éste) y todo alcohol, la carne, ciertos pescados, las habichuelas,
etc. Al llegar al templo debía practicarse el ayuno, que iluminaba la
mente, y la persona se sumergía en un baño ritual. La castidad
debía ser total, tanto durante el camino como durante la estadía
en el lugar sagrado.
2.- Las ceremonias propiciatorias
El fanum, o recinto sagrado del Asclepión, se encuentra siempre situado
en un lugar de gran belleza natural. Incluso hoy, la privilegiada ubicación
de Pérgamo y Epidauro sigue impactando al visitante. La entrada está
señalada por una magnífica construcción, los Propileos,
que desemboca en una vía sacra (de un kilómetro en Pérgamo,
de cinco en Epidauro), rodeada de pórticos con columnas. Esta vía
sagrada conduce a una fuente milagrosa donde los enfermos depositaban los exvotos
que dan fe de las numerosas curaciones. El emplazamiento comprende todo un conjunto
de monumentos que suscitaban la admiración de los antiguos: la Tholos
de Epidauro o rotonda de la que se jactaba Pausanias, el teatro de 14.000 plazas
en Epidauro, de 20.000 en Pérgamo, donde se celebraban las ceremonias
religiosas, los cantos y las danzas. Además había bibliotecas,
pórticos, etc., y todo este conjunto estaba situado entre frondosos árboles,
en su mayoría plátanos orientales. Las serpientes de Asclepio
reptaban libremente por todo el lugar.
Sólo los agonizantes y las mujeres próximas a dar a luz no podían
entrar en este recinto. Por el contrario, para poder penetrar en el templo de
Asclepio, el consultante debía haber recibido una invitación del
propio dios, ya sea mediante una aparición estando la persona en estado
de vigilia, ya sea a través de un sueño nocturno.
Se efectuaban, asimismo, diferentes ceremonias de preparación: procesiones,
oraciones, cantos, danzas, baño aromático, incienso, una bebida
alucinógena: el Kykleón... Algunas de estas ceremonias se llevaban
a cabo en subterráneos iluminados por antorchas. En Pérgamo se
encontró un túnel sagrado de 80 metros que conducía a un
templo subterráneo de 60 metros de diámetro llamado el Telésforo.
Una fuente sagrada vertía sus aguas en un cuenco, al igual que en el
sótano de la Tholos de Epidauro.
Una vez concluidos los sacrificios preliminares, las purificaciones y las abluciones,
el consultante debía dormir a la espera del sueño de invitación.
3.- El sueño salvador en el templo
Una vez obtenido este primer sueño de invitación, a la noche
siguiente se le permitía a la persona entrar al santuario de Asclepio
a pernoctar. Habitualmente el sueño salvador del dios sólo podía
presentarse dentro del templo; de ahí el término griego enkoimesis,
que se traduce por incubación, de incubare, que significa "dormir
en un santuario".
La persona no podía penetrar en el templo sino llegada “la hora
de la lámpara sagrada", es decir, a la caída de la noche.
Permanecía primero muda de asombro frente a la inmensa estatua criselefantina
de Asclepio: un hombre con barba, de largos cabellos, con un hombro al desnudo,
vestido con una larga toga y provisto de un bastón alrededor del cual
se enrollaba una serpiente. A sus pies yacían un gallo y un perro, y
en ocasiones lo acompañaba su hija Higía; otras veces llevaba
en la cabeza una corona de laurel y en la mano sostenía una piña
de pino.
Habiendo concluido sus oraciones y su adoración, la persona se recuesta
en el adyton o "lugar reservado a los invitados". Ha podido, al fin,
penetrar en el dormitorio prohibido y se tiende sobre el suelo, en medio de
la penumbra y del espeso humo de los inciensos y perfumes de oriente.
En la actualidad sólo es posible encontrar una práctica similar
en la India, y hay que haber vivido esta experiencia para saber verdaderamente
lo que es pasar la noche en un templo. Pero, además, en el templo de
Asclepio grandes serpientes verdes y amarillas de dos metros de largo se deslizaban
lentamente sobre las gradas de mármol entre los pétalos de flores
y los cuerpos de los durmientes.
Por último, durante el día, un sacrificio ritual había
precedido a lo anterior. Por intermedio de los sacerdotes el peregrino ofrecía
una cabra o un cordero a los dioses. Se retiraba el pellejo del animal y la
persona debía pasar la noche envuelta en este despojo sangriento. ¡Imaginemos
tan sólo esta experiencia!
Después de todos estos preparativos, no es de sorprender que el dios
se le apareciera en sueños a la persona y la sanara. El dios aparecía
onar, en un sueño, o upar “durante el estado de vigilia" por
medio de una visión. Presentaba el aspecto de su estatua, hombre barbudo
de edad madura, o bien el aspecto de un hombre joven. Podían acompañarlo
su esposa virgen o una de sus hijas (Yaso, Panaces, Higía). Podía
también manifestarse bajo su aspecto teriomórfico: serpiente,
perro, gallo, o cabra. Tocaba entonces el órgano enfermo del soñador
y éste sanaba durante la noche.
4.- La devoción
Una vez obtenida la sanación, el sobreviviente se consagraba a los
dioses por el resto de su vida. Y tenemos conocimiento, a través de las
inscripciones y de los testimonios, de la suerte que aguardaba a los ingratos
y a los escépticos: la recaída y la muerte. Después de
haber sanado, el peregrino ofrecía un sacrificio de acción de
gracias al dios, reembolsaba los gastos ocasionados y ayudaba a los más
necesitados. Se convertía en un religiosus, un ser cuya vida era obra
del milagro, y debía dar testimonio del poder del dios por el resto de
sus días, única forma de asegurar una curación permanente.
Debía volver periódicamente al lugar, efectuar retiros y dedicarse
al servicio del templo.
Las personas que debían su vida a un milagro ocurrido en el templo de
Serapis recibían el nombre de katochoi, "los prisioneros voluntarios",
y permanecían como servidores en el fanum; convirtiéndose en fanáticos.
5.- La decadencia
Lo anteriormente descrito corresponde a los períodos arcaicos y clásicos,
pero con la pérdida de la fe y la llegada del racionalismo y de la irreligión,
sobrevino una lenta decadencia.
En los comienzos, si el enfermo no sanaba en el curso de la primera noche se
le consideraba como incurable, o como alguien que no había cumplido con
todos los requisitos o que se había equivocado y no había sido
realmente invitado por el dios. Sabemos en efecto, por Platón, que Asclepio
y sus hijos sólo sanaban a aquellas personas que estando en buen estado
de salud experimentaban una dificultad pasajera, pero que se negaban a prolongar
en forma indefinida la vida de aquellos moribundos que le temían a la
muerte (La República, I, III, 404-408). Con la paulatina pérdida
de confianza y del espíritu religioso, se le permitió a los peregrinos
pasar tres noches consecutivas en el templo para recibir el sueño salvador.
Luego, se amplió este plazo a nueve noches, y los templos se convirtieron
en grandes hoteles.
Esto aparece confirmado por la vida de Apolonio de Tiana, escrita por Filóstrato
en el año 220 de nuestra era. Nacido entre el año uno y el año
siete de nuestra era, Apolunio pasó su juventud entre los catorce y los
veintiún años en el templo de Asclepio en Egeos, puerto de Cilicia
cerca de Alexandreta. Ahí participó junto con los sacerdotes en
la manifestación de la gloria de Asclepio. Poseía el don de entrar
rápidamente en meditación y de penetrar la verdad oculta; esto
le permitió descubrir lo que obstaculizaba la curación de ciertas
enfermedades. Se trataba en estos casos de personas indignas, de enfermos que
anteriormente no habrían osado presentarse ante el dios. Un asirio hidrópico
no lograba que Asclepio se le apareciera en sueños; Apolonio descubrió
que se trataba de un borracho, que vivía el justo castigo por sus excesos.
El dios no le concedería la sanación física hasta que éste
reformara libremente su vida y abandonara su vicio. Del mismo modo, un rico
miliciano ofrecía en sacrificio bueyes, cerdos y piedras preciosas para
recuperar uno de sus ojos. Después de haber cerrado los ojos, Apolonio
declaró impuro al hombre e indigno de penetrar en el santuario, señalando
que su enfermedad no representaba más que el justo castigo por sus abominables
y terribles crímenes. Y durante la noche el dios le confirmó al
sacerdote en un sueño que el hombre merecía incluso perder su
segundo ojo. Las averiguaciones del sacerdote revelaron, efectivamente, que
este hombre, que vivía con la hija fruto de su primer matrimonio de su
mujer, había sido sorprendido con la muchacha por aquella quien le había
sacado un ojo. Ante esta decadencia, producto de una generalizada pérdida
de fe, Apolonio logró imponer en este templo la precaución de
la regla de la oración justa: "Oh dioses, concededme aquello que
merezco”.
La naturaleza de los sueños experimentó más adelante una
transformación. Hemos podido encontrar, en efecto setenta estelas conmemorativas
que relatan casos de sanación con la respectiva descripción de
la enfermedad y de la visión terapéutica. Las más antiguas
son un testimonio de curaciones milagrosas (parálisis, ceguera, mutismo,
etc.), y de visiones operantes, enuption enarges; por ejemplo, un enfermo cubierto
de parásitos sueña por la noche que el dios lo desviste y limpia
su cuerpo, y se levanta al día siguiente sin parásitos. La inscripción
de una estela votiva nos relata cómo Alcetas de Malieis recuperó
la vista en forma milagrosa: "Tuvo una visión en sueños;
sintió que el dios se aproximaba y le abría los ojos con sus dedos
y en ese momento pudo ver los árboles del santuario. Al día siguiente,
había recuperado la vista". Poseemos también el testimonio
de dos bajorrelieves del siglo IV antes de nuestra era. El del museo de Pireo
representa a Asclepio imponiendo sus manos sobre el devoto que yace a sus pies.
Y el del museo nacional de Atenas muestra al héroe divino, y en segundo
plano la visión en que la famosa serpiente le lame el hombro.
Más tarde esto llegó a ser cada vez más raro y los sueños
no hacían sino indicar el tratamiento que se debía seguir para
aliviar los males del enfermo; pero al sueño le seguía una sanación
inmediata. Por ejemplo, un enfermo que sufre de pleuresía recibe en sueños
la orden de mezclar con el vino las cenizas calientes del altar y de aplicar
este cataplasma sobre el costado enfermo, lo que produce su sanación.
Sin embargo, las estelas votivas más tardías sólo describen
sueños que prescriben al enfermo largos tratamientos que traen una sanación
tardía. Las visiones teoremáticas son reemplazadas por sueños
alegóricos que deben ser interpretados. El retórico Aelius Aristide
de Esmirna (129-190 de nuestra era), pariente de Asclepio, nos cuenta que en
su época los peregrinos debían registrar todos sus sueños
hasta obtener el sumptoma, es decir, el mismo sueño que el sacerdote.
Para lograrlo, algunos peregrinos se hospedaban con el sacerdote, fuera del
recinto sagrado. Podía suceder que al propio sacerdote le fuese revelado
el tratamiento en un sueño. Finalmente, al encontrarse desbordados los
sacerdotes, bastaba con los sueños del esclavo del sacerdote. Observemos
que esta decadencia no destruye la fe de Aelius que aparece expresada en términos
cargados de emoción. En su libro Discursos Sagrados, relata en detalle
sus frecuentes visitas al templo, los remedios y los consejos que recibió
(caminar descalzo en invierno), sus visiones y finalmente su curación
una larga enfermedad. Logra transmitirnos el sentimiento de asombro ante lo
sagrado que todavía embargaba al peregrino de su época: "Hasta
uno llegaban las revelaciones y uno podía escucharlas, ya sea en sueño,
ya sea estando despierto. Los cabellos se erizaban sobre la nuca; sentía
uno correr las lágrimas sobre el rostro y experimentaba felicidad al
mismo tiempo; el corazón se henchía. ¿Qué hombre
habrá de encontrar palabras para describir tal experiencia? Aquel que
ha conocido lo que digo podrá compartir el estado en que se encontraba
mi espíritu".
La decadencia y la pérdida de la fe se imponen junto con la llegada del
racionalismo. Todos se creen inteligentes y razonan con el dios. Filóstrato
nos relata la réplica de Polemón, a quien Asclepio habíale
prohibido beber agua:
"¿Qué hubieses prescrito a una vaca?" ¡Argumentar
con el tremendum horror! Ya no resulta sorprendente que este estado de cosas
trascendiera hasta nuestra medicina actual. Se cree cada vez menos en la acción
milagrosa o psicológica, y se trata simplemente de escoger, entre los
diferentes medicamentos, aquel que ha de sanarnos. Los sacerdotes fueron transformándose
cada vez más en médicos. Mencionaré aquí sólo
a los dos más célebres: Hipócrates, nacido en Cos, pertenecía
a la familia de los Asclepíadas, sacerdotes-médicos del santuario
de Cos, que se decían descendientes de Asclepio; Galeno, nacido en Pérgamo,
quien realizó sus estudios a la sombra del Asclepión. Este último
declara haber aprendido el arte de la sangría siguiendo las precisas
instrucciones de Asclepio.
B.- EL CONTROL DE LOS SUEÑOS EN EL MUNDO GRECO-ROMANO
1.- Los intérpretes de sueños
El dominio de los sueños fue una práctica utilizada por los
griegos no sólo para obtener sanaciones milagrosas, sino también
para la videncia, las premoniciones y los oráculos. Puede afirmarse que
en múltiples aspectos, la depredación de los cristianos y el incendio
de la biblioteca de Alejandría por los musulmanes nos han privado de
la Tradición y nos han cortado de la Antigüedad, es decir, de nuestras
fuentes directas. Sin embargo, en lo que al dominio de los sueños respecta,
no tenemos nada que lamentar ya que hemos podido conservar la Oneirokritica
(llamada “clave de los sueños") de Artemidoro de Efeso.
Este último defensor de la adivinación mediante los sueños,
personaje de gran mérito que vivió en el segundo siglo de nuestra
era, hace en su libro una síntesis de todos los trabajos de sus predecesores
y presenta la interpretación de 3.000 sueños. Este libro, absolutamente
excepcional, fue extensamente estudiado por Freud, quien le debe mucho. Es un
libro que habrá que leer y releer.
Nos entrega, entre otras, la interpretación de sueños alegóricos
obtenidos en los templos de Asclepio. Muchas de estas interpretaciones se basan
en juegos de palabras (conocemos la importancia que les concedieron Freud y
Lacan). Por ejemplo, una persona enferma del estómago vio durante la
noche a Asclepio ofrecerle los dedos de su mano derecha instándole a
comerlos. Encontró la sanación comiendo cinco dátiles (en
griego, los bellos dátiles reciben el mismo nombre que dedo). Asimismo,
Frontón, que sufría de gota, soñó en el templo que
se paseaba por los suburbios (propolis), nombre que recibe también la
cera de abeja de la entrada del panal, sustancia que lo curó de sus males.
Artemidoro nos relata asimismo esta elección de Asclepio: un hombre prometió
sacrificarle un gallo si durante un año entero no sufría enfermedad
alguna. Luego, al día siguiente prometió sacrificarle un segundo
gallo si lograba librarse de la oftalmía. Más, durante la noche
se le apareció Asclepio en sueños para decirle: “Con un
sólo gallo me basta". Sufrió pues este hombre de oftalmía
pero no así de otra enfermedad.
Artemidoro explica también cómo utilizar una visión para
interpretar un sueño. Menecrates el Gramático, quien deseaba tener
hijos, había soñado que se encontraba con un deudor quien le devolvía
su dinero. Al no haber podido nadie interpretar este sueño, acudió
a Serapis para solicitar al dios un sueño que explicara el significado
del anterior, y escuchó: “No habrás de tener hijos".
Efectivamente, tokos en griego tiene una doble acepción: significa intereses
y también significa hijo; por lo tanto, Menecrates ya no percibiría
intereses.
Pero Artemidoro también deplora el nivel hasta el que ha caído
la interpretación de sueños en los Asclepiones de su época
(IV. 22). No se trata de poner en duda las numerosas curaciones ocurridas en
Pérgamo o Alejandría o las prescripciones divinas. Pero ahora
los sacerdotes, para inducir a los solicitantes a creer en sueños que
no han tenido, componen recetas en lenguaje alegórico e ininteligible;
por ejemplo, la pimienta recibe el nombre de "indio mordiente', las lágrimas
son "leche de virgen", el rocío "sangre de los astros”,
etc. (¡felizmente, las Preciosas Ridículas del siglo diecisiete
no habían leído a Artemidoro!)
Pero lo que Artemidoro de Efeso expone es cómo lograr el dominio de los
propios sueños y obtener visiones de ensoñaciones y sueños
teoremáticos (perfectamente claros y que se dan en la realidad tal como
lo indica la visión). "Recuerda que aquéllos que llevan una
vida virtuosa y encaminada hacia el bien no habrán de tener simples sueños
ni otras representaciones irracionales, sino que para ellos están reservadas
las visiones de ensoñación y con frecuencia, los sueños
teoremáticos. Pues ni los temores ni las esperanzas agitan la superficie
de su alma, y han logrado, además, el dominio de las voluptuosidades
corporales”. (IV, prefacio, 239).
No habrá paralelo alguno entre los sueños de personas religiosas
y virtuosas y los sueños del común de la gente. Los sueños
de estos últimos estarán llenos de representaciones irracionales,
de las ocupaciones cotidianas de la víspera, de sus temores y esperanzas.
Es en vano pues que habrá que intentar interpretarlos. En sus últimos
libros, que dedica a su hijo, Artemidoro lo disuade de emprender tan inútil
tarea. Por ejemplo, hubo de interpretar sueños de felacio y de cunnilingus,
y ocurrió que algún tiempo después sus predicciones (odios
y rupturas) no se cumplieron. Fue entonces cuando comprendió que no se
trataba de visiones sino de simples sueños. Las personas que habían
informado tener estos sueños acostumbraban efectivamente a incurrir en
prácticas de este tipo: "lo que veían, era la práctica
que los obsesionaba". No había nada que pudiera aprenderse de estos
sueños, expresaban tan sólo el deseo cotidiano. Hoy en día,
"casi la mayoría, por no decir la totalidad” de las personas
no tienen sino sueños comunes. Incluso el arte de interpretar los sueños
se ha vulgarizado y rebajado y los adivinos de las plazas públicas no
son sino charlatanes de cultura alguna. Por el contrario, para los hombres virtuosos
que honran a los dioses, y sobre todo para los verdaderos intérpretes
de sueños “están reservadas las visiones de ensoñación
y con mucha frecuencia los sueños teoremáticos”.
Artemidoro precisa este último criterio de respeto a los dioses. Muchos
errores de interpretación provienen del hecho de confundir una visión
enviada por los dioses con una visión solicitada a éstos. Concretamente,
algunas personas utilizan procedimientos mágicos para interpelar a los
dioses y buscan apremiarlos mediante el incienso o pronunciando sus nombres
secretos; otros incluso formulan sus preguntas en forma demasiado precisa y
conminatoria. En estos casos, no habrán de obtener más que simples
sueños y serán tan como insignificantes como aquéllos producto
de las preocupaciones cotidianas. Asimismo, habrá que evitar comer en
exceso “ya que los alimentos tomados sin moderación no permiten
vislumbrar la verdad, ni siquiera mediante aquellas visiones que se producen
al alba". Habrá que dirigirse a los dioses con respeto y discreción.
Sin embargo, Artemidoro precisa que al utilizar la expresión “visión
enviada por los dioses" hace alusión a una visión inesperada
(como las imágenes de los sueños despiertos). Y no prejuzga acerca
del meollo del problema, a saber, si este dios ha de concebirse como una realidad
externa al hombre o si constituye una parte de su alma. Lo que representa una
posición de una verdad extraordinaria. La indicación más
clara para obtener visiones verdaderas aparece condensada en esta frase, que
ciertamente merecería un comentario más extenso, a tal extremo
lo resume todo: "Habrá pues que rogar a la divinidad por todas aquellas
cosas que nos preocupan, pero en cuanto a la forma de formular por anticipado
la respuesta, habrá que dejar, al propio dios, o a la propia alma, entera
libertad" (IV. 3).
2.- Platón
Con estas palabras, Artemidoro anticipa la posición de Platón
sobre el problema. Lo que no hace sino demostrar, con más de medio milenio
de intervalo, la continuidad de la posición griega respecto a este tema.
Platón trata en forma muy precisa y experimentada acerca de las condiciones
necesarias para lograr el dominio y el control de los propios sueños.
Sus palabras dejan en evidencia que conoce el complejo de Edipo y la violación
de todos los tabúes, lo cual representa el deseo primordial del ello.
Indica asimismo como librarse de estos sentimientos mediante el análisis,
la reflexión filosófica y la meditación. Expone todo esto
en conformidad con su psicología que divide al alma humana en tres categorías:
el nous, la razón o vida intelectual cuyo asiento se encuentra en el
cerebro y que corresponde a la sabiduría de los intelectuales y de los
pensadores, el thumos, la voluntad o vida activa que mora en el corazón
y corresponde al valor de los guerreros defensores de la ciudad, los epitumia,
deseos o vida afectiva cuyo asiento está en el vientre y que corresponde
a las pasiones de los comerciantes y de los productores.
Platón nos revela una forma de vida y de actuar para emerger de las pesadillas
pasionales y acceder a la verdad de las visiones que evocan el camino propuesto
por el yoga y la vía budista.
Habrá primero que encaminar todos los esfuerzos para apaciguar a la segunda
parte del alma, la irritación de la voluntad y la violencia, librándose
de la cólera. En lo que a la tercera parte se refiere, la avidez del
deseo de comer, de matar y del sexo, será necesario adormecerla con prudencia,
escogiendo la vía intermedia; así no se la excitará ni
por los excesos ni mediante las privaciones. Por último, la tercera parte,
la sabiduría, habrá de desarrollarse mediante el dominio de los
propios pensamientos que no deberán ser sino bellos y puros, y por la
práctica de la meditación.
Por lo tanto, es durante el sueño que para Platón el alma alcanza
mejor la verdad, como expone en este texto que revela su pensamiento. Los deseos
"despiertan durante el sueño nocturno, cuando aquella parte del
alma que es dulce y razonable y que ha sido hecha para dirigir a la otra se
duerme, y que la parte bestial y salvaje, colmada de alimento y de bebida se
agita, y rechazando el sueño, busca satisfacer sus apetitos. Bien sabes
que en este estado nada habrá de detenerla, ya que ha dejado de lado
toda vergüenza y razón: no dudará en violar a su propia madre
en el pensamiento, o a cualquier otro ser que se le ponga por delante, trátese
de un hombre, dios o animal; no habrá sangre con la que no se ensucie
las manos, ni alimento del que se abstenga; en breve, no habrá locura
ni impudor que se prohíba cometer…”.
"Pero, según mi opinión, cuando un hombre posee la salud
y la temperancia y no se entrega al sueño sino después de haber
despertado a su razón y de haberla alimentado con bellos pensamientos
y hermosas reflexiones, concentrándose en sí mismo en una meditación
interior; cuando ha calmado el deseo sin someterlo al ayuno y sin hartarlo,
de modo que logre dormirse sin agitar ni con sus alegrías ni con sus
penas al principio mejor, sino que éste pueda buscar descubrir solo,
libre de la tiranía de los sentidos aquello que no conoce, ya sea en
el pasado, el presente o el futuro; cuando este hombre ha logrado asimismo suavizar
su ardor (thumos) y que sin haber experimentado irritación logra dormir
con el corazón en paz; cuando ha logrado apaciguar a estas dos partes
de su alma y ha estimulado a la tercera, ahí donde reside la sabiduría,
y se entrega finalmente al descanso, es en estas condiciones, bien lo sabes,
que el alma alcanza mejor la verdad y es cuando aparecen con menos frecuencia
las visiones monstruosas de nuestros sueños" (paranomo, i).
No se podrá encontrar palabras más adecuadas para resumir todo
el programa de este libro. Sin embargo, Platón parece arrepentirse de
haber revelado técnicas tan secretas ya que agrega enseguida: "Pero
me he dejado llevar muy lejos al tratar sobre este tema" (República,
1. IX, 571c-572b).
En cuanto al planteamiento de esta doctrina, que el hombre puede aproximarse
mejor a la verdad a través de las visiones, encontramos su confirmación
en el pensamiento de Jenofonte, también discípulo de Sócrates.
El alma alcanza entonces el plano más elevado de conocimiento, la scientia
intuitiva, que permite trascender el tiempo para obtener una visión del
futuro. "Ciertamente, es durante el sueño que se revela mejor el
carácter divino del alma; es entonces cuando puede prever el futuro,
sin duda porque en ese momento se encuentra libre de las ataduras del cuerpo"
(Cicropedia, VIII,7). Por lo tanto, Glaucón no era el único conocedor
de esta verdad fuera de Platón, ya que los demás discípulos
de Sócrates también la conocían, al igual que los Pitagóricos
como parece indicar la última alusión del texto. Pólibo
nos relate que, durante su viaje a Oriente, Pitágoras había aprendido
de los Caldeos el arte de las visiones.
C.- LA INCUBACIÓN Y EL DOMINIO DE LAS VISIONES EN LAS RESTANTES CIVILIZACIONES
DEL MEDIO ORIENTE
Al existir menos testimonios acerca de la práctica social de la incubación
en los demás países del Medio Oriente, los arqueólogos
acostumbran atribuirla tan sólo al milagro griego. Recogiendo los diversos
textos que se refieren a esta práctica trataremos de probar lo contrario.
Puede que la utilización social, con grandes templos y clérigos
especializados, sea más o menos importante. Pero la práctica que
consiste en retirarse a un lugar sagrado, primero una gruta, una montaña,
un desierto, o un bosque, luego un templo, para que se produzca ahí una
visión, es una práctica universal conocida tanto en Australia
como en Canadá y desde Siberia hasta el Amazonas. Y en buenas cuentas,
los numerosos vestigios de esta práctica que nos han llegado de las primeras
civilizaciones del Medio Oriente habrán de entregamos numerosas técnicas
para obtener visiones.
1.- Egipto
La visión de incubación es una práctica tan conocida
en Egipto como en Grecia. Existían muchos lugares famosos por las curaciones
milagrosas obtenidas mediante visiones terapéuticas.
En el templo de Deir El-Bahari, las paredes de una capilla ubicada en la parte
superior de éste están cubiertas de graffiti de enfermos curados
milagrosamente. Los peregrinos pasaban la noche en esta capilla y escuchaban
la voz de un santo sanador del año 1.400 antes de nuestra era, Amenhotep.
En Denderah, cerca del templo de la diosa Hathor, se encuentra un pequeño
edificio conformado por una capilla con una estatua al centro y donde el agua
de la fuente sagrada corría a lo largo de los cuatro muros, y de un corredor
por el que también corría el agua y a cuyos costados se encuentran
pequeñas celdillas donde los enfermos venían a pasar la noche
para obtener el sueño terapéuticos.
Los templos de Serapis en Menfis y Canopa eran tan célebres como los
templos dedicados a Asclepio. En el Serapeum de Menfis, el dios se comunicaba
con sus fieles por medio de los sueños: les indicaba cuándo debían
iniciar y concluir el retiro en el templo así como los remedios que debían
utilizar. El geógrafo griego Strabon nos habla de la profunda veneración
que rodeaba al Serapeum de Canopa, donde una persona podía venir a pasar
la noche en lugar de otra que no estuviera en condiciones de desplazarse. Y
aquí entra a relucir el racionalismo griego, pues Strabon nos asegura
que existen libros que demuestran el valor medicinal de los oráculos
de los dioses.
La ciudad de Antinoa fue fundada por Adriano en memoria de su favorito Antinoo
quien pereció ahogado en el Nilo lo que según los egipcios le
otorgaba un carácter divino. El obelisco Barberini del Monte Pincio,
en Roma, proveniente de Antinoa, lleva esta inscripción: "De su
ciudad santa, se extiende hasta los numerosos santuarios de todo Egipto, para
escuchar las oraciones de aquellos que a él se dirigen; le devuelve la
salud al enfermo indigente, enviándole una visión”.
Por último, en el período tolemaico, el dios Bes inspiraba visiones
terapéuticas en una capilla del templo de Osiris, en la ciudad santa
de Abidos. Una de las numerosas inscripciones grabadas en los muros nos entrega
las técnicas mágico-religiosas de la visión y de la incubación
para obtener un sueño terapéutico: "Te diriges a un recinto
oscuro y limpio, cuya fachada esté orientada hacia el sur, y la purificas
con agua mezclada con natrón. Luego tomas una lámpara blanca,
nueva, en la cual no puedan penetrar ni la tierra roja ni el agua de goma, e
introduces una mecha limpia, y la llenas con genuino aceite, habiendo previamente
escrito este nombre y trazado estas figuras sobre la mecha, con tinta mezclada
con mirra. Y depositas esta lámpara sobre un ladrillo nuevo, delante
de ti, luego de haber espolvoreado con arena el suelo bajo el ladrillo; y pronuncias
estas fórmulas sobre la lámpara, repitiéndolas hasta siete
veces. Esparces el incienso frente a la lámpara y miras la lámpara,
te recuestas sobre una estera de caña, sin dirigirle la palabra a nadie.
Entonces el dios habrá de dirigirse a ti en un sueño..."
(siguen las fórmula que habrá de recitar el enfermo y la composición
de la pomada con la cual deberá untarse los ojos).
Estas prácticas de la incubación se prolongaron hasta alrededor
del año 350, en el santuario de Serapis, en la isla de Delos y en el
santuario de Isis, en Roma. Los fieles no podían ser iniciados hasta
haber recibido una invitación del dios (o de la diosa) quien previamente
debía manifestarse ante ellos en un sueño.
La técnica del sueño de incubación fue también utilizada
por los faraones para saber cómo dirigir el país. Fue un sueño
de esta índole lo que salvó a Egipto de la invasión de
los asirios. El rey Seti, habiéndose topado con lo negativa de los guerreros
de oponerse a los asirios, entró en el templo del dios Ptah en Menfis
y mientras se entregaba a los lamentos lo invadió un profundo sopor.
Apareció el dios ante él y le aseguró su protección.
Avanzó entonces con una tropa de artesanos y de comerciantes. Y los asirios
debieron emprender la fuga ya que sus arcos y sus escudos habían sido
roídos por las ratas. Del mismo modo, el faraón Nectanebo II (-359-341)
quien durante una estadía en Menfis había suplicado a los dioses
que le revelaran el futuro, vio a aparecer en sueños a Isis, la reina
de los dioses, sobre una barca...Y a el hijo de Amenofis II había recibido
en sueños la promesa de la realeza a cambio de despejar las arenas alrededor
de la esfinge de Gizeh.
Al parecer, el sueño de adivinación también se utilizaba
para encontrar un objeto robado.
2.- Mesopotamia
Tanto el sueño de adivinación como el sueño de incubación
fueron prácticas constantes en los reinos de Mesopotamia, Sumeria, Mari,
Judea, Nínive, Asiria, Babilonia, Caldea, desde Sumer en el año
3 000 antes de nuestra era, hasta el asirio Asurbanipal (siglo VII) y el rey
caldeo Nabonide (siglo VI).
La epopeya de Gilgamés ha llegado hasta nosotros a través de una
triple versión: de Babilonia, de Nínive e hitita. Ahí se
lee: "Gilgamés y Enkidú ante Samash (el sol poniente) cavaron
un hoyo, Gilgamés subió e hizo una liberación de harina
diciendo: "Oh montaña, tráeme una visión". Y
la montaña le trajo esta visión...". La técnica que
consiste en excavar un hoyo en la tierra para provocar una visión se
encuentra en todas estas regiones.
Desde el punto de vista histórico, Gudea, príncipe de Lagash,
ciudad sumeria del segundo milenio antes de nuestra era, vio aparecer en sueños
a su dios quien le pidió que erigiera un templo en su nombre. Al no resultarle
del todo claras las palabras del dios, tras largas oraciones y una preparación
ritual, solicitó a una diosa que le enviara un sueño interpretativo.
Habiendo obtenido este sueño, pidió una nueva confirmación
en sus oraciones y obtuvo una tercera visión que constituye el típico
sueño-mensaje. Por último, habiendo reunido todos los materiales
necesarios para construir el templo, durmió junto a éstos para
obtener un sueño en que pudo ver el templo enteramente construido hasta
en sus más mínimos detalles. No tendría más que
copiarlo para obtener, según la expresión sumeria, un templo “construido
a la manera de un templo soñado”. Este es ejemplo de un magnífico
ejemplo de un sueño-inspiración tal como se conoce en Extremo
Oriente y entre los amerindios.
Narbonida, último rey de Babilonia (556 antes de nuestra era) hizo grabar
sobre una estela el relato de una visión excepcional. En sueños,
el rey está inquieto ante una conjunción astrológica entre
la Estrella Grande y la luna cuando un hombre le dice que no se trata de un
mal presagio. Luego aparecen Nabucodonosor y su servidor quienes le piden que
relate su sueño, cosa que procede a hacer. Se trata, pues, de un sueño
contenido dentro de otro sueño, lo que constituye una eventualidad muy
importante, ya prevista en las claves de los sueños asirios. El Talmud
de Babilonia que se refiere también a este tipo de sueños afirma
que siempre habrán de cumplirse. Luego Narbonida, saliendo de este sueño
interpretado por su real predecesor, pero en el mismo sueño, recurre
a la práctica de la incubación para conocer la opinión
de los dioses. Confecciona un objeto sagrado con la conjunción de los
planetas y de las estrellas como testigos y ora. Entonces, mientras duerme,
aparece ante él la diosa Bau quien hace un signo de aprobación.
Narbonida relata otro sueño que, además de haber sido visto por
él fue visto por un gran número de personas.
Se ha encontrado un vocabulario sumerio-acadio para designar diferentes profesiones
en que el cuarto tipo de sacerdote recibe el nombre en acadio de “aquel
que cuida de los sueños", lo que equivale al título sumerio
de “el hombre que duerme a la cabecera de alguien". Así, el
sacerdote especialista de los sueños no es un simple intérprete
sino que puede explicar y ahuyentar los malos sueños, y tiene además
la capacidad de obtener visiones-diagnóstico provocadas cuando viene
a dormir a la cabecera de su cliente. A nuestros psicoanalistas todavía
les queda mucho camino por recorrer.
Asurbanipal, rey de Asiria, relata una situación similar. Al producirse
una invasión, vino a llorar y a suplicar a los pies de la estatua de
Ishtar en su templo y durante la noche ésta se pronunció: "¡No
temas!" "La misma noche en que me había dirigido a Ishtar,
estando en su lecho un sacerdote shabrú vio en sueños a Ishtar
quien me hablaba…” “Y en otra ocasión, todos los soldados
del ejército vieron en sueños a Ishtar”.
Los sueños de adivinación estaban muy difundidos en todas estas
regiones, como nos lo indica esta carta de un viajero a su hermana. "Todo
cuanto hagas, a través de mis sueños lo conoceré".
Esta frase que data del antiguo babilónico nos permite comprobar cuán
avanzada se encontraba la práctica del dominio de los sueños en
esa época. El contacto permanente con los propios sueños era una
realidad común, equivalente al estado de gracia.
Otro texto babilónico precisa que el no poder recordar los propios sueños
ha de constituir motivo de gran preocupación: "Si un hombre no puede
recordar sus sueños, entonces su dios personal está irritado con
él”. El texto indica asimismo aquellos elementos que la persona
habrá de considerar para que se produzcan las visiones: y las fases de
la luna y las conjunciones astrales; el sueño matinal es el más
verídico; cuando sopla el viento del sur los sueños tendrán
una especial cualidad mántica.
Por último, un texto neo-asirio preconiza el uso de fumigaciones para
obtener visiones: "Colocarás un incensario colmado de brotes de
enebro junto a tu cama para el Dios de los Sueños (Anzaquar)".
3.- Los Hititas
La actitud de los mesopotamios frente a los sueños es esencialmente mágica:
el hombre, mediante su fuerza, es capaz de controlarlos. La actitud de los hititas
y de los judíos reviste un carácter religioso: el hombre no tiene
poder algunos, sólo mediante la gracia divina podrá el hombre
lograr el dominio de los sueños. Encontramos nuevamente aquí los
sabios consejos de prudencia de Artemidoro: hay que dejar obrar al dios.
Esta actitud es la que prevalece en las oraciones de los hititas: “Si
el dios de la tormenta requiere otra cosa en reparación, que me envíe
una visión... O, si la peste que nos asuela es consecuencia de alguna
falta, hacédmelo saber mediante una visión o un oráculo".
Es verdad que el rey Murshil profundamente inquieto por la epidemia de peste,
agrega: “Qué se levante un profeta de su tumba y lo proclame o
que las sibilas o los sacerdotes lo descubran mediante la incubación
o que un hombre lo vea en sueños!"
Por lo tanto, la incubación para obtener una visión-revelación
es una práctica utilizada por los sacerdotes hititas y por algunas mujeres
creyentes desde el año 1.500 antes de nuestra era. Como hemos podido
comprobar, es una práctica constante y muy difundida en toda esta región.
No podemos seguir pretendiendo que se trata de una invención griega bastante
reciente.
Otro texto nos relata que el rey se dirige al santuario de la diosa Kubaba y
que durante la noche tiene un sueño dentro del templo. Por último,
un ritual religioso precisa: “El solicitante duerme. Si se le aparece
en sueños el dios en persona; deberá orar durante tres días..."
Recordar los propios sueños por la mañana es algo que no parece
presentar mayor dificultad, ya que un ritual para celebrar el nacimiento de
un niño precisa que las ceremonias tendrán un carácter
diferente según la pureza o impureza del sueño de la madre durante
la noche precedente.
Un texto hitita bastante largo describe una técnica psicoterapéutica
que se basa en el sueño. ¿Cómo curar la impotencia? Haciendo
que la Diosa del Amor comparta el lecho del enfermo. El paciente le ofrecerá
un sacrificio, instalará su cama frente a la mesa del sacrificio, dejará
que sus vestimentas rocen las ofrendas para así purificarlas y luego
dormirá. En tres noches deberá lograr, no sólo que se le
aparezca la Diosa (señal de una simple mejoría), pero que ésta
haga el amor con él (curación definitiva). Volvemos a encontrar
aquí la técnica del sueño despierto dirigido pero magnificada
por la divinidad y la sacralidad.
4.- Los Judíos
El sueño de incubación se practicaba también entre los
judíos, en forma similar a los hititas. En un lugar consagrado se le
ofrece un sacrificio al dios. La Biblia describe ostensiblemente esta práctica
en varias ocasiones: "Partió Israel con todas sus pertenencias.
Llegado a Bersabé, le ofreció sacrificios al dios de su padre
Isaac y Dios le dijo a Israel en una visión nocturna..." (Génesis,
46,1). "El rey se dirigió a Gabaón a ofrecer sacrificios,
ya que ese lugar era el más alto. Mil holocaustos ofreció Salomón
sobre ese altar. En Gabaón, durante la noche, Yahvé se apareció
en sueños a Salomón…” (I, Reyes 3,5; ver también
II, Crónicas, 1, 7). “Cuando Salomón hubo acabado la casa
de Yahvé... se le apareció Yahvé en sueños por segunda
vez a Salomón, tal como se le había aparecido en Gabaón”
(I, Reyes 9,2).
Del mismo modo, habiendo Jacob pasado la noche en Bethel con la cabeza apoyada
sobre una piedra sagrada o betilo, tuvo su sueño de la escala (Génesis,
XXVIII, 10). En cuanto a José, sus hermanos lo llaman simplemente el
“señor de los sueños", título que no le fuera
otorgado a Daniel quien, sin embargo, era capaz, no sólo de interpretar
un sueño, sino de relatar su contenido a un soñador que permanece
mudo.
La práctica de las visiones no desapareció jamás puesto
que el tratado Berakot del Talmud de Babilonia señala que en su época
24 onirománticos ejercen su profesión en Jerusalén, interpretando
los sueños según los versículos bíblicos. Y enseña
una oración para transformar los sueños olvidados en presagios
favorables.
D.- SUEÑOS TERAPÉUTICOS Y LA INCUBACIÓN EN EL ANTIGUO
OCCIDENTE
Un texto de Nicandro de Colofón (segundo siglo antes de nuestra era)
que nos ha llegado a través de Tertuliano, relata que los celtas pasaban
la noche junto a las cenizas de sus héroes, para obtener de éstas
los oráculos. La práctica de la incubación y de la obtención
de visiones de adivinación o terapéuticas estaba por lo tanto
difundida por toda Europa, y aun más allá de sus fronteras puesto
que encontramos las huellas de esta costumbre entre los Mauros y los Nasamones
de Sirtia. Persistió incluso entre los Sardos y en Austria hasta el siglo
XIX. En el norte se practicaba en Portugal, en los santuarios rupestres de Panoras,
cuya fosa (aeternus lacus) comunicaba con la laguna Estigia y, al Sur, en San
Miguel de Mota, cerca de Evora, donde se invocaba al dios toniano Endovellius
(El Gran Bondadoso).
En Galia, la incubación estaba ligada a la veneración de los pozos
culturales de Cavaillon, Toulouse, Vendée, Esmes y Donon. En señal
de agradecimiento, los devotos de Riez y de Grand dedicaron un exvoto al "Sueño
que les trajo la sanación durante la noche". Encontramos los vestigios
de esta práctica en los santuarios de Nimes en el bosque sagrado de Nemausus,
cerca de la fuente, y en las grutas de la colina. La encontramos nuevamente
en Glanum, Sanxay, Genainville, Champlieu, Chassenon, Villards, d'Héris...
En el gran santuario de Chatelard-les-Lardiers, cerca de Banon y de Durante,
se encontraron 15.000 argollas de oro y de bronce y 50.000 lámparas votivas
de arcilla.
Por último, un texto precisa que el emperador Constantino el Grande que
hizo del cristianismo la religión del imperio en el año 312, debió
su fortuna a la incubación gala. Fue primero consagrado al culto de Hércules,
como su suegro Maximiano. Habiéndose sublevado este último en
Marsella, pudo aplastarlo gracias a la traición de su hija, la emperatriz
Fausta, en el año 310. Luego, debió enfrentar a los germanos.
Inquieto antes de entablar esta batalla incierta, tomó el desvío
de Tréves en Langres para hacer un peregrinaje al santuario de Grannus,
el Apolo de los galos. El dios de las aguas oraculares de la ciudad de Grand,
en los Vosgos, poseía "el más bello santuario del mundo".
Durmió en el santuario y tuvo la visión nocturna del Dios quien
se le apareció bajo la forma del Sol invictus y le predijo su futura
victoria. Tras este sueño, le consagró su devoción, lo
adoptó como su protector e hizo figurar su imagen en las monedas.
La costumbre de obtener sueños cerca de los antiguos lugares de culto
galos se perpetuó a lo largo de toda la Edad Media. El santuario de la
tribu de los Vocones y de los Albici no desapareció sino hacia fines
del siglo IV y el carácter sagrado del lugar y sus virtudes terapéuticas
persistieron en los villorios subsistentes donde se abrieron hospitales para
cuidar a los leprosos o "ladres"; de ahí el nombre de Chatelard-les-Lardiers.
Y Gregorio, el obispo de Tours, señala todavía en el siglo sexto
que se llevaban a cabo incubaciones cerca de la tumba de San Martín,
así como en St-Julien de Brioude.
El culto de la "caverna de los sueños" en la isla de Donegal,
en Irlanda, se perpetuó con los druidas y luego bajo el cristianismo,
hasta el siglo XVII.
Encontramos en Rabelais un testimonio de la supervivencia de esta práctica
durante toda la Edad Media y aun más allá. El Tercer-libro, que
apareció en 1546, y que trata acerca de la indagación de Pantagruel
sobre la conveniencia le de contraer matrimonio, hace un recuento de los principales
métodos de adivinación, entre ellos la oniromancia. Lo que nos
proporciona una exposición en los capítulos 13 y 14, en forma
cómica pero documentada, acerca de las técnicas para obtener una
visión de adivinación. Rabelais parece haberse inspirado sobre
todo en los libros de J.C. Scaliger sobre el De Somniis de Hipócrates,
que fue publicado en Lyon en la editorial Gryphe en 1539, en Corneillius Agrippa
(de oculta philosophia) y en Caelius Rhodigius, compilador italiano. Encontramos
pues que estos sueños se producen el alba, que habrá que vencer
las pasiones y tener un corazón imperturbable, y que a falta de haber
ayunado durante tres días y tres noches conviene no beber alcohol ni
comer carne ni pulpo, habas ni repollo, y colocar bajo la almohada una amonita
o una rama de laurel entregándose a Morfeo, Fantasus, Icelón y
Fobetor.
Encontramos todavía un último vestigio de esta práctica
en las supersticiones populares que aseguran que los sueños producidos
durante la noche del 24 al 25 de enero, aniversario de la visión de Pablo
de Tarso, habrán de ser considerados visiones, o que los sueños
de la noche del 20 al 21 de enero, víspera de santa Inés, traerán
a las muchachas jóvenes la visión de su futuro esposo.
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