LOS EXPERIMENTADORES DEL SUEÑO
¿Cómo recobrar en los ensueños salvadores una fe perdida?
Sin una creencia religiosa, ¿cabe abrigar esperanzas en restablecer
el contacto con una inspiración interior? ¿Es posible trabajar
solitaria y aisladamente para dominar los propios sueños? ¿Cuál
es la técnica adecuada que permite librarse de las pesadillas y de los
opacos sueños de todas las noches? ¿De veras existen los sueños
creativos? Más aún, ¿no proceden acaso del sueño
muchas importantes invenciones?
Diversas técnicas se perdieron en la Edad Media al quedar sepultadas
las tradiciones de la Antigüedad por obra de la civilización cristiana.
Muchas han podido recuperase merced a todos aquellos individuos que han procurado
trabajar con paciencia en sí mismos. Constituye una fuente de confianza
el testimonio de todos esos hombres occidentales que en los siglos XVIII, XIX
y XX lograron sueños creativos. Si pudieron alcanzar esa meta enteramente
solos, tanto más fácil ha de resultar hoy en día, cuando
este libro reúne todas las tradiciones ocultas o perdidas y revela diversas
técnicas para progresar en cada caso particular.
1.- LOS SUEÑOS CREATIVOS
Un punto fundamental en el debate entre partidarios y detractores del sueño
lo constituye la fecundidad del sueño. Para sus oponentes todo sueño
es estéril. La posición de Bergson es una de las más tajantes:
"Observemos en primer lugar que el sueño no crea en general nada".
Su demostración consiste en declarar inadmisible o sospechoso todo testimonio
adverso (Tartini o Stevenson), lo que de hecho no hace más que clausurar
el debate por petición de principio. Después de él, por
desgracia, muchos otros autores han seguido sosteniendo el mismo argumento de
inadmisibilidad.
Para un inventor, con todo, resulta más halagador proclamar que debe
su hallazgo únicamente a su inteligencia, en lugar de reconocer con humildad
que le ha sido dictado por un sueño. Habría que admitir, pues,
una presunción de verdad en su favor. Pero, por el contrario, lo más
frecuente es que al sueño se le exijan milagros, con tal de no admitir
que pueda proporcionar alguna ayuda. Es lo que hace Roger Caillois, en 1956,
cuando para su convencidito requiere que merced al sueño escriba el compositor
musical un poema importante, no menos que el poeta una pieza de música,
debiendo Tartini y Coleridge nada menos que intercambiar sus inconscientes.
La petición de principio dirigida a hacer plausible que se siga sosteniendo
que todo sueño es estéril, consiste en recusar el testimonio de
aquellos a quienes todo ello ha sucedido, o en pretender que si se ha producido
un resultado positivo, éste no ha sido efecto de un sueño genuino,
sino de una reflexión. Resultan bien conocidas esas peticiones de principio
lógicas, a priori, en contra del inconsciente: si se trata de algo pensado,
ello ha de ser consciente, y si se trata de algo inconsciente, ello no podrá
encontrarse en la mente, ya que se ha postulado que toda mente es consciente.
Sin embargo, muchas personas perfectamente ajenas entre sí han dado testimonio
de haber tenido sueños harto singulares en que les era revelada la solución
de problemas que desde hacía mucho tiempo no habían logrado resolver.
He aquí algunos ejemplos entre los más célebres.
El compositor italiano Giuseppe Tartini refiere cómo una noche de 1713
vio y escuchó en sueños al diablo tocar el violín prodigiosamente.
Al despertar, recuperado de su emoción, intentó reproducir lo
que había escuchado y compuso la célebre “sonata del diablo”
(Trillo del Diavolo). Sólo tenía 21 años.
Samuel Taylor Coleridge, el célebre poeta inglés, declara haber
encontrado la inspiración muy a menudo en sus sueños. Su poema
"Kubla Khan', en particular, recoge lo que pudo retener de un sueño
que tuvo en 1798 y en el que vio un poema de 200 ó 300 versos.
Hoy en día reconocemos en William Blake (1757-1827) a un gran visionario
que logró penetrar en los mundos habitualmente vedados. Sus poemas, sus
dibujos y sus maravillosos grabados son visiones de sueño. Refiere que,
en circunstancias en que buscaba una técnica más económica
de grabado, su hermano menor, que había fallecido, se le apareció
en un sueño y se la reveló. Resulta evidente, en todo caso, que
la mayor parte de su inspiración procede de sus sueños.
Similar parece ser el caso del gran novelista inglés Robert Louis Stevenson
(1850-1894), según lo explica en su ensayo A chapter on dreams [Un capítulo
sobre sueños]. Pero de modo aún más interesante nos da
a conocer en sus memorias sus técnicas para dominar los sueños.
Estas coincidieron con la madurez de su personalidad y con el dominio sobre
su propia vida. De niño era acosado por dolorosos sueños que lo
despertaban dejándolo trémulo de horror. Pasada la adolescencia
padecía todavía de cuando en cuando espantosas pesadillas, a tal
punto que, siendo estudiante de medicina en Edimburgo, hubo de consultar a un
facultativo a este respecto. Ello las hizo desaparecer. Convertido posteriormente
en escritor profesional, pudo advertir que cuando se encontraba urgido a escribir
por necesidad de dinero, extraía de sus sueños la inspiración.
Luego apareció en sus sueños un personaje al que llamó
Brownies, quien le sugirió sus más bellos relatos. Stevenson tan
sólo tenía que transcribirlos al despertar. El extraño
caso del Doctor JekylI y el Señor Hyde, su novela más famosa,
transpone en el plano novelesco sus relaciones con aquella extraña parte
de su personalidad que formaba el mentado Brownies.
Las creaciones del sueño, con todo, no son únicamente literarias,
ya que están en el origen de no pocos descubrimientos científicos.
El más conocido es el descubrimiento del núcleo del benceno por
el químico alemán F. A. Kebulé von Stradonitz (1829-1896).
Esa misma estructura se encuentra en los otros compuestos aromáticos:
tal descubrimiento, por tanto, se inscribe en el origen del éxito de
la industria orgánica de síntesis en Alemania. Una noche de 1865
tuvo una clara visión: "se encontraba en el interior de una molécula,
cuando vio de súbito a los átomos configurar una cadena de estructura
hexagonal con un núcleo central circular, tal como una serpiente que
se muerde la cola".
De modo similar, Otto Loewi, Premio Nobel de Fisiología y Medicina por
su descubrimiento de la transmisión química del fluido nervioso,
debió su experiencia demostrativa a las revelaciones de un sueño.
La noche del domingo de Pascua de 1920 concibió la idea en su mente y,
despertándose, la garabateó en un papel. Pero al día siguiente,
a pesar de hallarse persuadido de su descubrimiento, fue incapaz de descifrar
su escritura. La noche consecutiva, a las tres de la madrugada, pudo por fortuna
volver a ver en sueños el dispositivo experimental. Poniéndose
inmediatamente en pie, se abalanzó a su laboratorio para efectuar en
el corazón de una rana aquella famosa experiencia que habría de
resultar concluyente.
Pero más allá de estos casos célebres que todos los libros
sobre el tema se reducen a reproducir una y otra vez, existen muchísimos
otros: el hecho de estar ahora al corriente de ellos ha de permitirnos encontrar
otros nuevos.
Muchos otros poetas han reconocido haber extraído más de alguna
vez su inspiración de los sueños: por ejemplo, Voltaire en La
Henriade, A. C. Benson en El Fénix. Probablemente todos lo han hecho,
por lo demás, aunque no se hayan dado cuenta. Edgar Allan Poe soñó
muchas de las atmósferas y escenas de sus historias extraordinarias.
El egiptólogo Heinrich B. Faeba encontró en sueños la clave
de la escritura demótica. Numerosos científicos han encontrado
su inspiración en el sueño: Bohr en lo concerniente a la teoría
atómica, Paul Ehrlich respecto a la teoría celular, Dusbourg en
lo tocante a los colorantes, Richard Dehmel en relación con un problema
de geometría. Lamberton tuvo en sueños la visión geométrica
que permite encontrar la base de una perpendicular a la tangente de un punto
cualquiera de una elipse, partiendo de uno de sus focos. El padre de Mary-Arnold
Forster encontró en sueños la solución de un problema de
cristalografía. Elías Howe vio en sueños la aguja provista
de un ojo situado cerca de la punta, lo que le permitió perfeccionar
la máquina de coser.
Concluiremos con el más interesante ejemplo de sueño creativo
que conocemos. El profesor Herman V. Hilprecht, que enseñaba arqueología
asiria en la universidad de Pensilvania, trabajaba en las inscripciones de dos
fragmentos de ágata hallados en el templo de Baal en Nippur. Estos
formaban parte de los objetos exhumados por las excavaciones de una misión
francesa. Por consiguiente, no poseía de ellos más que dibujos
y descripciones. Nadie hasta entonces había podido descifrar esas inscripciones,
a pesar de estar concebidas en una lengua conocida. Tras varias semanas de trabajo,
hubo de darse igualmente por vencido. Redactó sus conclusiones en un
artículo sobre este asunto. Los dos fragmentos de ágata le parecían
ser trozos de sortijas. Uno de ellos resultaba del todo imposible de identificar,
en tanto que en el otro había descubierto un signo alusivo al rey Kurigalzu,
lo que permitía hacer datar la pieza hacia 1300 a. C. No hallándose
aún enteramente cierto de ello, formulaba tal proposición en el
modo interrogativo, si bien el carácter general de las inscripciones
permitía situarlas en el período casídico [chassidique]
de Babilonia (1700 - 1140 a. C.). Por ello, cuando revisó las pruebas
de su artículo, corrigiéndolas para la imprenta, no se mostró
demasiado satisfecho por sus modestos hallazgos. Pero luego de ir a acostarse
a medianoche tuvo un sueño notable que relata del siguiente modo:
“En la antigua Nippur un sacerdote de unos cuarenta años, alto
y delgado, vestido con una simple túnica, me conduce a la cámara
del tesoro del templo, la que se halla situada en la parte suroriental del santuario.
Penetramos en un recinto sin ventanas y de cielo muy bajo, en el que hay un
cofre de madera. El suelo se muestra tapizado de fragmentos de ágata
y lapislázuli. El sacerdote me dice entonces: "Los dos fragmentos
que mencionas separadamente en tu artículo, en las páginas
22 y 26, configuran un todo. No se trata de sortijas, pues su historia es la
siguiente. Un día el rey Kurigalzu envió al templo de Baal, junto
con otros objetos de ágata y lapislázuli, un cilindro votivo de
ágata que llevaba una inscripción. Entonces se nos dio la orden
perentoria de fabricar un par de aretes de ágata para la estatua del
dios Ninib. Nos vimos en gran aprieto, ya que no teníamos piedra ágata
en bruto a nuestra disposición. Para obedecer la orden recibida hubimos
de resignarnos a partir el cilindro votivo en tres partes, cada una de las cuales
ostentaba la forma de una sortija e incluía una parte de la inscripción
del cilindro. Los dos primeros anillos sirvieron como aretes para la estatua
del dios. Los dos trozos de ágata que tanto trabajo te han dado son sus
fragmentos. Si los reúnes verás confirmadas mis palabras. Los
arqueólogos jamás han encontrado el tercer anillo y nunca lo encontrarán."
No bien hubo pronunciado estas palabras, el sacerdote desapareció. Me
desperté. Para no olvidar este sueño, se lo conté inmediatamente
a mi mujer”.
Parecíale imposible que ambos objetos no formasen más que uno
solo, ya que en tal caso hubieran debido ser del mismo color. Los arqueólogos
franceses que los habían descrito les asignaban, no obstante, colores
diferentes. Al reunir los dos dibujos de los fragmentos, sin embargo, logró,
por fin descifrar la inscripción, que rezaba: "Al dios Ninib, hijo
de Baal, su amo, hizo esta ofrenda Kurigalzu, pontífice de Baal”.
No podía, empero, verificarlo en los objetos, ya que éstos se
encontraban en el museo de Constantinopla. Se comunicó sobre este punto
con su colega el profesor Newbold, quien escribió su sueño. Sólo
ulteriormente pudo tener la oportunidad de dirigirse a Constantinopla, enviado
en misión por su universidad. Relató su sueño al conservador
del museo y ambos buscaron los fragmentos. Se encontraban en dos vitrinas diferentes,
pero una vez reunidos pudo observarse que formaban efectivamente un solo bloque.
Si bien la diferencia de colores era cierta, se explicaba por el hecho de que,
para separarlos, el artista había seguido una veta de la piedra, lo que
hacía que un trozo exhibiese un di bujo blanco y el otro una mancha grisácea.
¿A través de qué vías la mente del profesor Hilprecht,
quien sólo había podido disponer de dibujos de los objetos, logró
adivinar que ambos fragmentos habían de adaptarse exactamente el uno
al otro, en tanto que los arqueólogos franceses, que los habían
manipulado, examinado y dibujado, no fueron capaces de reconocerlo?
II.- LA DIRECCIÓN DE LOS SUEÑOS
Además de estos diversos testimonios que exhiben a los sueños
creativos (que son en realidad las ensoñaciones con valor) como una recompensa
por una vida de dominio sobre sí mismo, de trabajo y sabiduría,
existe constancia de no pocos intentos de programar directamente los propios
sueños. Hasta donde alcanza nuestro conocimiento, el tratado más
antiguo acerca del dominio sobre los sueños parece ser el de Vossius,
El arte de lograr la felicidad a través de los sueños (Francfort
y Leipzig, 1747), cuyo título alude a la técnica para lograr todas
aquellas ensoñaciones que uno pueda desear. Pese a un título tan
seductor, la obra constituye tan sólo un vulgar tratado de magia clásica.
En sus doscientas páginas no reúne otra cosa que recetas de filtros
mágicos harto complicadas de realizar, como parece ser habitual en esos
tratados, y referidas cada una de ellas a un tipo de sueño. Dichos filtros
no parecen ofrecer más innovaciones que las que pudieran desprenderse
del anuncio hecho al comienzo, según el cual Vossius habría recogido
en América ciertos preparados farmacéuticos que le comunicara
un hombre salvaje de Illinois, que era un viejo médico y hechicero.
Pareciera que muchas otras personas han obtenido provecho de su trabajo
con sus sueños. Así es como, gracias a ellos, Condillac descubría
por las mañanas que su trabajo se hallaba concluido. Y tal como Escipión
el Africano, Benjamín Franklin recibía por intermedio de sus ensueños
diversas orientaciones acerca de cuánto debía emprender en su
vida. Es preciso, por ello, tener en alta estima las propias ensoñaciones
si se desea estar en paz consigo.
En todo caso, la obra más imponente en este tema es, sin duda alguna,
la de Hervey de Saint-Denys.
III.- HERVEY DE SAINT-DENYS
Marie-Jean Léon Lecoq, barón de Hervey y luego marqués
de Saint-Denys por adopción de su tío materno Louis Amédée
Vincent de Juchereau, fue un personaje muy singular en su época.
Nacido en París en 1822, obtiene su bachillerato luego de haber estudiado
solitariamente en su hogar. Más tarde se interesa por el chino y el tártaro-manchú
que estudia en la Escuela de Lenguas Orientales desde 1841. Se incorpora a la
Sociedad de Etnografía y publica una veintena de artículos sobre
Corea, Japón, Formosa e Indochina. A los 46 años, en 1868, se
casa (sin dejar descendencia), es nombrado caballero de la Legión de
Honor y profesor suplente en el Colegio de Francia, donde enseña el chino
y el tártaro-manchú. En 1874 será profesor titular y en
1878 ingresará en la Academia de Inscripciones y Bellas Letras, ejerciendo
como su presidente desde 1888. Muere el 2 de noviembre de 1892, a los 70 años,
en su mansión de la avenida Bosquet Nº9, de París.
Además de libros históricos acerca del teatro, de España
y de Sicilia, publicó en 1867 una obra titulada Los sueños y los
medios para dirigirlos.
Allí nos revela cómo, al ser hijo único y estudiante solitario,
había de permanecer sentado junto a su escritorio para que no le fuese
asignada una nueva tarea. Un día, a los trece años, para burlar
su aburrimiento, se puso a dibujar y colorear el sueño que había
tenido la noche anterior. Sus sueños tornáronse cada vez más
vivaces y llegó a configurar un álbum con los relatos y dibujos
coloreados de sus sueños, logrando reunir 22 cuadernos ilustrados que
comprendía algo más de 5 años, es decir, 1.946 noches.
Durante las seis primeras semanas se observaban regularmente lagunas en sus
sueños. A partir de los meses tercero a quinto tales lagunas fueron haciéndose
más escasas. Su 179ª noche fue la última en que faltase la
memoria de sus sueños.
Luego, lo extraordinario advino por sí solo. Llegó a soñar
que escribía sus sueños. Este sueño se reprodujo hasta
que una noche -la 217ª- comprendió mientras soñaba que estaba
teniendo un sueño. Fue su primer sueño lúcido.
Seis meses después, cada cinco noches tenía en promedio dos sueños
lúcidos. Más tarde, al cabo de 15 meses, soñaba habitualmente
con plena conciencia de que aquello no era más que un sueño. Como
ello le causara agudos dolores de cabeza, hubo de observar reposo, lo que hizo
desaparecer las cefaleas. Pudo conservar, sin embargo, esa maravillosa facultad
de tener sueños lúcidos.
Así fue como el año de gracia de 1835, en pleno París,
un muchacho francés, desasido de lecturas y sin el apoyo de ningún
consejo, llegó a descubrir por sí solo el medio para dominar sus
sueños. Tal hecho nos demuestra que ello resulta posible para cualquiera
de nosotros, ya que dicho ejemplo representa un verdadero logro experimental.
En todos los lugares de la tierra y en cualquier medio, aun en el seno de la
comunidad científica, resulta posible repetir la experiencia. En su libro,
Hervey Saint-Denys nos proporciona todos los elementos para realizarla. No existe
u dormir sin sueños. Cuando el despertar es fortuito, resulta más
nítido el recuerdo: para comprobarlo, haga usted que le despierten dos
horas después de haberse adormecido. Por la noche, concéntrese
en un recuerdo o en una imagen hipnagógica (aquellas que, al tener los
ojos cerrados, aparecen poco antes de quedarse dormido). "Como había
tenido ocasión de despertar muchas veces a una persona que soñaba
en voz alta, poseía yo un índice o una señal respecto de
sus sueños". Durante la noche puede usted hablar a un amigo para
orientar sus sueños.
Desde el comienzo nuestro hombre habría de experimentar aquello que comprobamos
por doquier: la victoria sobre los aterradores seres que pueblan los sueños.
Es necesario enfrentar aquello que causa temor en usted. Es preciso por fin
dejar de huir de manera deplorablemente vergonzosa y cobardeen todas las pesadillas.
Como tantos otros desgraciados, Hervey soñaba que era perseguido. Pero
decide poner término a esos papeles de víctima que configuraba
todas las noches, superando su pavor. Todavía no lo logra, sin embargo,
y una vez más vuelve a huir medrosamente. Sólo en el cuarto intento,
a fuerza de voluntad, consigue tornarse y, acorralado entre la espada y la pared,
logra enfrentar a sus asaltantes. “Miro de frente a aquellos que nunca
había visto. Trátase de un demonio de catedral que, deteniéndose
al igual que yo, se pone a dar brincos en una forma que más resulta ridícula
que espantable. Los otros desaparecen y éste acaba convirtiéndose
en un pellejo ondulante”.
Tras este esfuerzo voluntario que le permite, disipándolos, llegar a
dominar a los espantosos seres de sus sueños, Hervey descubrirá
la manera de ganar un dominio sobre las imágenes oníricas en sí
mismas. Procuró volver a ver aquel ridículo demonio de gárgola
que le había causado tanto miedo, más, aun en sus sueños
lúcidos, no conseguía soñar con él. Una noche en
la que intentaba volver a divisarlo y, en lugar de ello, tenía ante sí
la imagen apacible de una hermosa campiña verde, al no lograr expulsar
esta imagen, concibió la idea de soñar que se cubría la
vista con sus manos. Como era lógico, inmediatamente surge lo negro,
sobre cuyo fondo le resulta posible evocar y hacer regresar la imagen de ese
demonio. "Sobre 42 intentos lo logré 23 veces, pues nuestras imágenes
incoherentes ajústanse a cierta lógica”.
Mediante esta técnica de cubrir sus ojos con las manos descubrió
aquello que permite llegar a dominar las imágenes del sueño, inmovilizándolas,
reteniéndolas o dando paso a otras. Resulta más fácil,
escribe, retener la imagen de un objeto simple (un guijarro o una hoja) que
la de un rostro, por ejemplo.
En otra ocasión tiene una serie de pesadillas particularmente angustiosas.
Sueña que una serpiente se enrolla en torno a su cuello y comienza a
apretarlo cada vez con más fuerza. Nada puede contra ello. Así
es como se ve obligado a recurrir a su última técnica, consistente
en hacer empleo de los actos de la vida diurna. Es preciso asumir un hábito
contrario en los actos cotidianos para poder introducirlo luego en la vida de
los sueños. Por este motivo hace uso de un cinturón de caza cargado
de perdigones que le cruza el cuello. Más tarde, una vez que esta sensación
de pesantez ha llegado a incrustarse en su cuerpo, está en condiciones
por fin de evocarla durante el sueño de la serpiente, transformando a
esta constrictor en un inocente cinturón de caza.
Según su experiencia, lo esencial reside en preservar la conciencia de
que uno está soñando, es decir, en llegar a percibir durante el
sueño que aquello no es la realidad del día, sino que uno está
teniendo un sueño. Esto es lo que se denomina un sueño lúcido.
Resulta posible entonces preservar así todas las facultades de la mente
para utilizarlas voluntariamente durante los sueños que uno tiene (los
cuales merecen para mí, por tanto, el nombre de ensoñaciones).
En lo que sigue, todo el libro de Saint-Denys se despliega según las
diversas facultades humanas que se emplean en las ensoñaciones, estudiándolas
capítulo por capítulo: atención y voluntad, razonamiento
y juicio, imaginación y memoria, sensibilidad moral y procesos intelectuales,
etc. Hervey bien parece haber asumido la opción de jugar con sus sueños
para proponerles problemas. En cierto sentido ello constituye una orientación
para nuevas investigaciones psicológicas.
Hervey de Saint-Denis plantea, por ejemplo, el interesante problema del enfrentarse
a la muerte. “¿Qué puedo soñar si intento suicidarme
en sueños? ¿Me lanzo de un quinto piso, me levanto la tapa de
los sesos con un revólver o me degüello con una navaja de afeitar?”
Como cree que, aún en sueños, jamás tendrá el valor
de degollarse con una navaja, elige lanzarse al vacío. "Hube de
esperar un mes hasta lograr un sueño lúcido. Hace falta perseverancia.
Me encaramo entonces en lo más alto de una casa y me lanzo desde ahí
voluntariamente. Me encuentro luego en un grupo de personas que rodean a un
hombre que se ha matado al lanzarse desde la torre de una catedral. En otra
ocasión, tras haberme lanzado desde lo más alto de un acantilado,
me reencontré suspendido en un globo aerostático". Su yo
onírico (o su inconsciente) habíase librado con elegancia de esas
trampas. Sus soluciones son las que reconocemos habitualmente en el trabajo
de los sueños vigiles dirigidos. En ellos la muerte no representa nunca
un final, una aniquilación, sino el tránsito a otro estado (no
cabe aquí, por cierto, discutir psicoanalíticamente acerca de
lo que sea un deseo de suicidio intelectual o racionalizado, como tampoco acerca
de la imposibilidad de vivirlo en el plano del inconsciente).
No es posible en un sueño, escribe Hervey de Saint-Denys, hacer empleo
constante de todas sus facultades, pero sí se las puede utilizar momentáneamente
para analizar una situación, retener una imagen o un tema, guiar su sueño
o cambiar su desenlace. De esta forma se puede detener una tendencia que resulte
desagradable. "Lanzo un disparo de pistola. Hay gritos. Vacilo. Tal vez
he herido a alguien. Me digo que no, que es imposible, y acabo correctamente
mi disparo y mi sueño".
En un sueño puede uno demostrar espíritu crítico y capacidad
de juicio. "Veo en sueños que un amigo llega. Su mujer está
enferma y él viste de negro. Me siento confundido para hablarle, porque
no sé si su mujer ha muerto. En mi sueño me digo que tan sólo
tengo que descubrir si lleva un crespón en su sombrero. Lo busco con
la vista y acabo divisándolo encima de un mueble".
No nos parece necesario retomar la demostración según la cual
todas las facultades de la vigilia pueden cumplir una función mientras
se está dormido, con tal de que uno tenga conciencia de que está
soñando. Todo descansa en el discernimiento del orden de realidad. Veamos
un ejemplo. Hervey de Saint-Denys se encuentra enfermo y debe ingerir un brebaje
medicinal por la mañana. Por la noche sueña lo siguiente: "Sueño
que bebo ese brebaje, pero como la taza que uso en el sueño se había
roto la víspera, no puede caber duda de que estoy soñando. Si
quiero, por lo tanto, satisfacer ese deseo de beber, es preciso que me despierte.
Más no es la hora todavía, tengo aún todo mi tiempo, y
decido seguir soñando". Puede observarse de este modo hasta qué
grado la conciencia abre la posibilidad de desprenderse del sueño, despertándose
a voluntad.
La memoria que atraviesa los sueños ofrece una experiencia que no pocas
personas han realizado. Sin embargo, chocamos con la objeción del falso
reconocimiento. Durante la noche Hervey de Saint-Denys sueña con un asesinato.
Por la mañana puede anotar en su cuaderno todos los detalles. A la noche
siguiente sueña que declara como testigo en relación con ese homicidio,
describiendo ampliamente todos sus detalles. Se sustrae así a la ilusión
del falso reconocimiento recurriendo a su cuaderno de sueños. Puede sacar
de esta suerte la conclusión de que en sus sueños tiene memoria
de sus sueños anteriores.
Es posible igualmente tener sueños dentro de un sueño y despertarse
dos veces. “Abandono en sueños mi cuerpo y me dirijo a dar un paseo
entre los salvajes. Luego, al regresar, descubro mi cuerpo dormido a la luz
de la luna. Sueño que me despierto y tomo notas de mis viajes en sueños.
Acto seguido, me despierto por fin de verdad” (compárese con los
sueños de salida del cuerpo referidos por Castaneda).
Cabe concluir que aquello que Hervey Saint-Denys combate es la ilusión
del dormir mortiforme: el dormir no es la muerte. ¿Por qué resulta
provechoso dirigir sus sueños? –se pregunta en último término.
Uno puede alcanzar con ellos un inmenso placer, pero además ello ha de
ser útil a los progresos de la ciencia, prestando utilidad en particular
a médicos y psicólogos. Por el hecho de sentir una inmensa admiración
por este precursor y su extraordinario trabajo solitario, nos creemos autorizados
a señalar algunas observaciones críticas.
En primer lugar, la discusión con las opiniones de su época, las
que en la actualidad parecen desprovistas de todo interés, ocupa una
parte excesivamente importante de su libro. Por desgracia, aquel muchacho que
al iniciar una investigación personal llegó a descubrir la verdad,
permaneció demasiado impregnado por su educación psicológica,
revelándose incapaz de ponerla en duda. El sensualismo de la época
no sólo parece condicionar sus discusiones, sino que estorba la expansión
de su espíritu. Hervey piensa y realiza experiencias tan sólo
a través de Condillac, Cabanis, Jouffroy-Dugald-Stewart. Se limita, por
consiguiente, a plantear problemas psicológicos carentes de sustancia,
quedando prisionero de ellos. Leyó a Artemidoro de Efeso y, sin haberlo
comprendido, lo critica. Por sus estudios ulteriores pudo conocer las investigaciones
de los chinos y de los taoístas acerca del sueño, pero no llegó
a captar su importancia. Poseía una fe religiosa de raíz cristiana
clásica, mas la mantuvo totalmente separada de su experimentación
con los sueños. Por lo tanto, dejó de emplearlos para hacer surgir
los seres de las potencias, para establecer comunicación con imágenes
divinas y obtener consejos de espiritualidad y guías a través
de la vía mística. Fue siempre un experimentador lúcido,
pero a la vez un científico racionalista. Desafortunadamente sus 22 cuadernos
de sueños se perdieron, de manera que su personalidad nos es muy poco
conocida más allá de su libro.
Su importancia señálase una vez más por el hecho de que
una reedición de Los sueños y los medios para dirigirlo, editada
por Tchou en 1964, incluye un importante prefacio de Robert Desoille, el fundador
del Sueño Vigil Dirigido. Este último reconoce allí que
fue el conocimiento del poder de dirigir los sueños lo que le condujo
a elaborar su método.
Jung observa, asimismo, que en cuanto son capaces de asumir una actitud activa
en sus sueños, los neuróticos se encuentran próximos de
su curación. “De esta observación hemos obtenido un procedimiento
sistemático de curación de las neurosis, que se basa en provocar
esas pesadillas mediante el "sueño vigil dirigido", obligando
al sujeto a enfrentar a sus monstruos para dominarlos” (Prefacio de Desoille,
pág. 32). (Debo reconocer que esto, por cierto, facilita las cosas, pero
sostengo que es posible actuar directamente sobre los sueños nocturnos.
Una cura no es completa a menos que haya un definitivo saneamiento de los sueños
nocturnos. Podemos y debemos aprender a dominar a los seres maléficos
de nuestros sueños, así se produzcan éstos en estado vigilo
de sopor. Toda la tesis de mi libro reside en esto).
Desoille, por lo demás, ofrece un ejemplo personal que nos revela hasta
dónde puede llegar la potencia del sueño. “Durante una breve
temporada en provincias entregué en custodia algunas llaves de mi departamento
a mi madre. De paso por París, tuve necesidad de la llave de cierto mueble
y se la solicité. Pero ella declaró que jamás la había
tenido en su poder. Muy extrañado, decidí aislarme y practicar
un sueño vigil con el solo propósito de descubrir el lugar en
que pudiera hallarse dicha llave. Vi dibujarse lenta pero nítidamente
la imagen de un escritorio cuyo cajón superior derecho yo abrí.
Como no reconocí aquel mueble y mi madre sí poseía un escritorio,
le rogué que examinara sus cajones. La llave no se encontraba allí.
Algunos días más tarde, ya de regreso en provincias, lo primero
que acaparó mi atención fue un escritorio que inmediatamente reconocí
como el mismo de mi sueño vigil. Abrí su cajón superior
derecho y en él encontré la llave que buscaba". (pág.
35).
IV.- VAN EEDEN
Frederik Van Eeden parece haber sido un médico y psicoterapeuta que
practicó la hipnosis, y curó varios casos de desdoblamiento de
personalidad. Desde 1896 hasta 1913 (al menos), llevó un diario de sus
sueños. Distingue nueve clases de sueños:
1. El sueño del inicio del estado de sopor (muy escaso, ya que sólo
tuvo 6 de éstos). Cuando uno está muy fatigado, siente uno que
vuela con pleno vigor, a la vez que percibe su cuerpo cansado y adormecido.
2. Patológicos. Causados por una alteración del cuerpo: fiebre,
indigestión, envenenamiento...
3. Ordinarios. Perfectamente conocidos, son los sueños habituales y los
más frecuentes.
4. Vivaces (aquello que denominamos una ensoñación) o sueños
intensos, claros y nítidos, acompañados de intensa emoción.
Producen una fuerte impresión y dejan un vivo recuerdo que perdura por
largo tiempo. Los acompaña la convicción de que son muy importantes
y tienen algún significado.
5. Simbólicos o demoníacos. Son los sueños eróticos
u obscenos. Los inspira un ser inteligente pero inmoral. Pertenecen a esta
categoría la mayor parte de los sueños examinados por Freud y
los psicoanalistas. Van Eeden, sin embargo, prefiere llamarlos demoníacos,
antes que considerarlos como dictados por el inconsciente.
6. General dream-sensations [sensaciones oníricas globales]. Son aquellos
sueños en que, durante toda la noche, la mente se ve absorbida por la
sensación de la presencia de un ser, de un lugar, un acontecimiento o
un pensamiento abstracto.
7. Lúcidos (volveremos sobre este punto).
8. Sueños de demonios. Difieren de los sueños inspirados por los
demonios (sexta clase), ya que en este caso, además de ver a los demonios,
puedo combatirlos. Siempre se producen antes o después de los sueños
lúcidos. Dejan una impresión positiva, ya que uno no ha sido la
víctima de ellos (los demonios).
9. Los falsos despertares. Uno tiene la impresión de despertarse, pero
se encuentra en un mundo sorprendente y extraño. Cuando uno logra despertarse
de verdad, comprueba que está temblando de ansiedad, con palpitaciones
y asustado.
Esta clasificación no nos hace modificar la nuestra: más bien
se incorpora en ella. Las actividades de la mente mientras dormimos se dividen
en dos: pasivas y activas. En el primer caso trátase de sueños;
en el segundo, de ensoñaciones. Los sueños provienen:
1) de las ocupaciones de la víspera (comunes);
2) del cuerpo (fisiológicos);
3) del deseo (simbólicos o psicoanalíticos);
4) de las pesadillas.
Las ensoñaciones pueden ser:
1. Premonitorias.
2. Creativas, si ofrecen respuestas o soluciones a un problema, a una enfermedad,
a la conducción de su vida, al conocimiento de los demás mediante
identificación simbólica.
3. De potencia, si en ellas se realizan actos habitualmente imposibles en la
vida vigil.
4. Lúcidas, si uno conserva su conciencia y su voluntad.
5. Inspiradas, si en ellas se nos aparecen seres benéficos superiores.
La desgracia para Van Eeden fue que, al no contar con el psicoanálisis
y carecer de toda iniciación sagrada de tipo del yoga, nunca fue capaz
de tomar contacto con sus imágenes benéficas y hubo de permanecer
enfrentado a sus, demonios interiores sin poder exorcizarlos en virtud de una
sublimación.
Su testimonio sobre los sueños lúcidos constituye lo más
importante de su contribución. De los 500 sueños que anotara entre
el 20 de enero de 1898 y el 26 de diciembre de 1912, un número de 352
pertenece a esta clase.
El primer destello de lucidez ocurrió en junio de 1897. Soñó
que volaba en medio de unos árboles desnudos de follaje, y observa que
la perspectiva de las ramas se modifica de forma natural, de tal suerte que
su imaginación resultaba incapaz de inventarla. (Señala que en
1907 encontró en el profesor Ernest Mach, quien había dado su
nombre a la unidad de medida de las velocidades de los aviones, la anotación
del mismo sueño pero con el efecto opuesto: la perspectiva del ramaje
era falsa).
Hubo de esperar seis meses hasta repetir esa observación el 20 de enero
de 1898. Sueña que está echado boca abajo en el jardín,
observando atentamente los ojos de su perro a través de las ventanas
de su escritorio, sin dejar por ello de saber que se trata de un sueño
y que su cuerpo en realidad reposa de espaldas sobre su lecho. Resolvió
entonces despertarse lentamente para observar el cambio de sensación
de la postura boca abajo a la de estar tumbado de espaldas. Tuvo la impresión
totalmente extraordinaria de poseer dos cuerpos y deslizarse paulatinamente
de uno en otro. Esta experiencia varias veces reproducida lo condujo a afirmar
la existencia de un "cuerpo onírico" (se trata de un descubrimiento
de extrema importancia que, según veremos, Castaneda recoge y desarrolla).
Tal como Hervey de Saint-Denys, prosigue su experimentación planteando
problemas a sus sueños. En febrero de 1899, durante un sueño lúcido,
dibuja una cruz húmeda en la palma de su mano izquierda. Luego se despierta
y comprueba que aún tiene la cruz. Pero tan sólo se había
despertado en sueños, de suerte que al despertar realmente puede observar
que sus manos han permanecido inmóviles sobre su pecho y no presentan
huella alguna de la cruz. De forma similar, voluntariamente cantó, gritó
y aulló en una centena de sueños lúcidos, sin que su mujer
junto a él jamás escuchara nada. Más continuó su
exploración de aquel "mundo real pero trastrocado de los sueños"
que lo fascina.
El 9 de septiembre de 1904 aprieta en su puño un vaso de cristal pensando
en lo peligrosa que podría resultar esa operación en el mundo
vigil, y comprueba que el vaso no se quiebra. Mas, al observarlo un poco más
tarde, lo descubre quebrado. "What a Fateworld¡" [¡Oh,
mundo del destino!]. "La nochebuena de 1911 yo volaba y flotaba en sueños;
casualmente me topo con mi hermano, a quien digo: "¿Sabes? Ahora
tú y yo estamos soñando". "No, al menos yo no",
me respondió. Luego recordé que había muerto".
Tan sólo en una oportunidad, durante un sueño lúcido, obtuvo
una predicción. Su cuñado le anunció que alguien le robaría
10.000 guilders. Ello efectivamente aconteció, con la diferencia de que
la suma fue diez veces mayor y de que en esa época no podía sospecharlo,
ya que aún no había ganado semejante suma. Todos sus sueños
lúcidos ocurrieron por la mañana entre las 5 y las 8. A menudo
iban precedidos durante dos o tres noches, por sueños en los que él
se vía volando por los aires. A propósito de esa predicción,
habla incidentalmente de un guía espiritual o "inspector" que
le enviaba ese mensaje por intermedio de su cuñado fallecido. Más
no parece haber tomado contacto ulteriormente con ese guía espiritual
ni haber cultivado sus relaciones con él.
V.- LOS EXPERIMENTADORES CONTEMPORANEOS
Muchos otros experimentadores han proseguido la exploración de esta
vía del sueño. Nos limitaremos a hablar de algunos de los más
conocidos.
1. Peter Demianovitch OUSPENSKY (1874-1947), matemático y psicólogo,
ha escrito sobre las diversas clases de sueños.
Igualmente comprueba que el sueno lúcido se producen de preferencia por
la mañana, sobre todo si uno acaba de despertarse anteriormente. Otro
sueño lo puede favorecer, en particular alguno de vuelo por los aires.
Asiduamente practica aquel método que consiste en concentrarse intensamente
en una imagen con el propósito de inducir el tipo de sueño que
se desea.
Describe del siguiente modo su ingreso en el sueño lúcido: "Me
digo que si soy capaz de transformar un gato negro en un enorme perro blanco,
ello indica que estoy soñando. Inmediatamente lo consigo, pero al mismo
tiempo el muro del frente desaparece, dando lugar a un paisaje de montaña.
"Es extraño", me digo, "no lo he programado, ¿de
dónde ha salido?" Pero advierto que estoy olvidando lo más
importante, y ello es que sueño y me mantengo consciente, estado que
deseaba desde hacía tanto tiempo y que hasta ahora jamás había
logrado alcanzar. Hago un esfuerzo por no pensar en el paisaje, pero en ese
momento una fuerza me arrastra hacia atrás y vuelo atravesando el muro
trasero, siempre retrocediendo, en tanto que un ruido terrible se agolpa en
mis oídos. Acto seguido, me despierto".
Volveremos a encontrar en Castaneda y en el yoga la importancia de este extraordinario
sonido. Ouspensky, por su parte, pudo comprobar que en medio del sueño
lúcido no podía llegar a pronunciar su nombre sin despertarse.
Pero cuando uno mismo se fija sus propios límites, no cabe luego extrañarse
de no poder sobrepasarlos.
No podemos considerar a Ouspensky un innovador, sino más bien un hombre
de tradición, ya que siguió las enseñanzas de Gurdjieff
(1878-1949). Este fue un hombre notable que causó una transformación
en todos aquellos que encontrara. Sus ejercicios concernían a todos los
planos de las diversas actividades humanas y, por lo tanto, también atañían
al desarrollo de la conciencia misma en el sueño. Con todo, hoy en día
sabemos que se trata de las tradicionales técnicas sufíes. Durante
su viaje a Afganistán fue iniciado por la confraternidad sufí
de los Naqshbandi o Khwagajan en un monasterio sarmún que seguía
la tradición del fundador de la confraternidad, Bakauddin El-Shah, quien
murió en Bukhara en 1389 (véase Capítulo 14).
2. René DAUMAL (1908-1944) es otro discípulo de Gurdjieff. Llegó
a él por intermedio de Alexandre de Salzmann. Sin embargo, parece haber
descubierto por sí solo y con antelación las técnicas para
dominar los sueños. En el tercer y último número de su
revista Le grand jeu [El gran juego], en 1930, las señala: "De noche
al acostarme distendía todos mis músculos y respiraba amplia y
profundamente, siguiendo un ritmo regular, hasta que mi cuerpo no fuese más
que una masa paralizada, perfectamente ajena a mí mismo. Imaginaba entonces
que me levantaba y vestía, percibiendo cada gesto en sus menores
detalles. Algunas veces me hacía falta una semana de vanos esfuerzos
para lograr tan sólo sentarme en el borde del lecho, y la fatiga así
causada me obligaba a interrumpir estos ejercicios durante largos períodos.
Si guardaba fuerzas para perseverar, no tardaba en sobrevenir un momento en
el que me sentía lanzado. Considerado desde el exterior, yo me dormía.
Pero, de hecho, erraba sin grandes esfuerzos".
Le era posible, mediante este procedimiento, concertar en sueños alguna
cita con un amigo y, cada dos años, salir a pasear por los barrios desconocidos
de la ciudad. Así es como recorre la ciudad fantasma del mundo de los
sueños que Gérard de Nerval describe en su Aurelia. Dándose
un cuerpo de plomo, consigue liberar el "cuerpo onírico”,
ese doble luminoso capaz de explorar los otros mundos.
3. Oliver FOX ofrece indicaciones interesantes para alcanzar el plano de los
sueños lúcidos. Considera que es preciso desarrollar una actitud
crítica durante los sueños, y propone distinguir cuatro niveles:
a. Luego de haberse despertado, uno reconoce una incongruencia en su sueño.
b. Segundo nivel: es durante su sueño cuando el soñador reconoce
una incongruencia y la acepta.
c. En lugar de aceptarla tranquilamente, experimenta en el sueño su sorpresa
ante tal incongruencia.
d. Por fin concluye lógicamente: "Pero aquello es perfectamente
imposible y, por consiguiente, estoy soñando".
Fox logró acceder al plano del sueño lúcido. Merced a este
método pudo obtener importantes resultados. Por ejemplo, al igual que
Daumal, intenta concertar citas en sueños. Hablando durante el día
acerca de sus sueños con otros dos amigos (Elkington y Slade), acuerdan
darse cita en sueños esa misma noche en Southampton Common. Esto quiere
decir que cada uno habrá de programar un sueño en el que sus amigos
y él se encuentren en ese lugar y lleven a cabo acciones que habrán
de ser las mismas en los tres relatos del día siguiente. A la noche Fox
logra tener un sueño lúcido en el que se dirige al lugar de la
cita, encontrando allí a Elkington: ambos aguardan a Slade en vano. Al
día siguiente Elkington le cuenta el mismo sueño, haciendo notar
igualmente la ausencia de Slade. Este, a su vez, declara en seguida que aquella
noche no logró soñar. Por desgracia, nunca consiguieron volver
a repetir tamaño éxito.
4.- Mary ARNOLD-FORSTER se orientó por la misma vía del sueño,
merced al hecho de que ya su padre y su madre tenían sueños lúcidos.
Durante la guerra de 1914-1918 tuvo que luchar con angustiosos sueños,
pues temía el anuncio de la muerte de su marido y de sus cuatro hijos
que estaban en el frente. Para poder librarse de una pesadilla, se repetía
durante todo el día la fórmula siguiente: "Recuerda que tan
sólo se trata de un sueño y que te despertarás". Finalmente
logró, mediante una simple frase, poner fin a una pesadilla y detener
un sueño común, tal como cae el telón al final de una pieza
de teatro. Cuando el sueño es demasiado horripilante, basta con
decirse "estoy soñando" para que la lucidez se haga presente.
En 1921 explicó de qué manera se podía aprender a volar
en los sueños. "En primer término descubrí que resultaba
más fácil descender las escaleras volando que marchando peldaño
por peldaño. Más tarde, cuando me veía perseguida o acosada,
emprendía simplemente el vuelo. Pero durante mucho tiempo no fui capaz
de volar a gran altura o con facilidad. Cuando comprendí que podía
evadirme volando, me sentí más tranquilizada. Luego mis sueños
de vuelo no hubieron de suceder forzosamente a sueños de miedo o de persecución.
Las pesadillas y los malos sueños desaparecieron. Podía volar
cada vez con mayor facilidad, ya que cada sueño de vuelo tornaba más
fácil el siguiente. Disponía de varios métodos: ya me propulsaba
por los aires a puntapiés, ya me deslizaba a pocos centímetros
del suelo y avanzaba sin tener que mover las piernas. Más tarde llegué
hasta 5 ó 6 pies del suelo. Podía incluso ponerme un vestido de
vuelo con cola de arrastre. Por lo demás, había contemplado largo
tiempo el vuelo de las aves (alondras, grajos, golondrinas...). Al concentrarse
en la imagen del vuelo, al cabo de dos o tres noches aparece un sueño
de vuelo. Así fue como finalmente llegué a volar a la altura de
los árboles y las casas y por encima del mar. Otro método consistía
en repetirme: "La ley de gravitación no tiene influjo sobre ti.
Puedes volar, ten confianza".
Había descubierto este método en un sueño, al ver cómo
su cuñado explicaba la mejor manera de volar. Entonces, tomando a alguien
de la mano le había hecho volar, con ella, en sueños. Como sabemos
que el sueño de vuelo casi siempre precede a un sueño prelúcido,
bien puede advertirse la importancia de este método.
5. Charles T. TART en su importante libro Altered states of consciousness
[Estados alterados de conciencia] indica la forma como ha experimentado diferentes
tipos de sueños. En el sueño expandido describe un tipo particular
de sueño ("high dream" [sueño elevado]) en el que uno
se siente como drogado. Se trata, para él, de un nuevo tipo de conciencia,
análogo al "volar" en L.S.D. Lo tuvo una docena de veces, algún
tiempo después de ingerir L.S.D. Hace notar igualmente la importancia
del despertar en sueños de otro sueño, algo que sólo pudo
experimentar tres veces en diez años.
6. Muchos otros experimentadores han progresado en el dominio sobre los sueños:
Novalis, Jean-Paul Richter, Gérard de Nerval, Whitman, Delage, etc. De
similar modo, en la actualidad Ullman y Stanley Krippner realizan experimentos
sobre telepatía a través de los sueños en el Maimonides
Medical Center de Brooklyn (EE UU). Un sujeto se concentra en una reproducción
o una fotografía, en tanto que otro duerme, e intentan encontrar elementos
de la imagen en el relato de sus sueños. Tal entrenamiento podría
favorecer el dominio sobre los sueños, aunque no sea éste el propósito
final de sus investigaciones.
Antes de la guerra, Kilton STEWART tuvo ocasión de estudiar el dominio
sobre los sueños entre los senoi (véase el capítulo siguiente).
En la Escuela de Ciencias Económicas y Políticas de Londres, aprueba
en 1947 su tesis de doctorado acerca de una interpretación sociológica
de los aspectos terapéuticos de dichas técnicas. Luego se instala
en los EE.UU. y hacia 1950 funda en Nueva York The Stewart Foundation for Creative
Psychology [Fundación Stewart de Psicología Creativa], en la que
intenta aplicar a la psicoterapia los métodos de control de los sueños
empleados por los senoi. Su obra está en el origen de todas las investigaciones
teóricas y prácticas sobre este tema que se llevan a cabo especialmente
en los EE.UU. y en Canadá.
a) Teóricas.
El éxito de las investigaciones encefalográficas sobre el sueño
(resumidas en el Capítulo 6) ha hecho que toda universidad o gran
hospital norteamericano haya querido dotarse de un laboratorio para estudiar
el dormir y eventualmente el sueño. A los psicofisiólogos se han
unido algunos psicólogos clínicos. El sueño se ha
convertido así en un tema de moda entre los investigadores de los EE.UU.
Las publicaciones sobre el sueño son extremadamente numerosas, aun
en el campo de la psicología social del sueño. Evocaremos tan
sólo aquellas que se refieren estrictamente a la posibilidad de ejercer
influjo sobre los sueños, orientándolos, dirigiéndolos
o dominándolos.
Un primer eje de investigación puede constituirlo el verificar si aquello
es efectivamente posible. Por ejemplo, David FOULKES y Mary LLOYD GRIFFIN, del
Mental Health Institute de Georgia (EE.UU.), establecen para experimentarlo
una lista de temas de sueños, tales como "nado en el río"
o "el príncipe encuentra la pantufla de vidrio". Luego piden
a los sujetos que los incorporen en sus sueños durante las diez noches
siguientes. Los diarios de sueño de los sujetos son estudiados por un
jurado de cuatro personas que evalúan el grado de representación
de los temas. Esta se produce, en efecto, pero por lo regular no es suficiente
como para resultar significativa. La experiencia no demuestra, por lo tanto,
que ello sea posible ni tampoco que sea imposible. He aquí el prototipo
de aquellas experiencias inútiles de los científicos de laboratorio.
La experiencia postula que cualquier persona, en un lapso de diez días,
puede producir en su sueño un tema previamente dado. Bien sabemos, no
obstante, que ello es tan sólo el resultado de un aprendizaje. Habría
sido necesario experimentar únicamente con maestros del sueño.
Por lo demás, todo depende de la severidad de los jueces respecto a la
exactitud (tema episódico o sueño centrado sobre el tema; tema
claro o simbolizado; por ejemplo, para "nado en el río"
ver nadar un pez).
Un segundo eje de investigación puede constituirlo, por el contrario,
el enseñar a las personas a modificar sus sueños. Rosalind D.
CARTWRIGHT, por ejemplo, en sus psicoterapias del Centro médico presbiteriano
San Lucas, de Chicago, intenta enseñar a sus clientes a transformar sus
sueños. Así fue como con 60 mujeres norteamericanas recién
divorciadas, el aprendizaje giró en torno a la sustitución de
los sueños habituales, que exhiben la escena del regreso del exmarido
junto con la alegría por tal regreso, por otros sueños en los
que, además de recibirlo con indiferencia, esas mujeres le anuncian su
próxima boda. Otro experimento realizado con estudiantes consistió
en reemplazar en sus sueños un rasgo de carácter por otro. -Lo
que parece científico es que a los sujetos, instalados en el laboratorio,
se les despierta al final de su fase de S.V.C. [Sueño Vigil Controlado],
lo que les permite recordar sus sueños. Ello constituye, sin embargo,
un error metodológico, ya que no resulta posible requerir de un sujeto
que modifique la escena de sus sueños antes de que posea la capacidad
de recordarlos a voluntad.
b) Investigaciones prácticas
No pocos jóvenes psicólogos de los EE.UU., tales como Karle,
P. Garfield, Woldenberg y otros, dan popularidad a los "dream seminars"
o "seminarios senoi", en tanto que muchas otras tentativas se producen
en París y en Europa. No resulta fácil, con todo, condensar en
algunas pocas horas de recetas el trabajo de toda una vida de disciplina.
El ejemplo más serio parece ofrecerlo el trabajo de maestro-soñador
exhibido por R. CORRIER del Center for Feeling Therapy de Los Ángeles
(EE.UU.) y por J. HART del Centro de Consulta e Investigación en Psicoterapia
de Montreal (Canadá). Basándose en los senoi, en los pieles rojas
y en los esquimales, presentan el proyecto de obtener ensoñaciones llamadas
"sueños de irrupción". Su finalidad es únicamente
terapéutica: proponer un método para suscitar la aparición
de ensoñaciones inspiradoras, capaces de esclarecer y reformar la vida,
como las que se producen en todo psicoanálisis. Su particularidad reside
en que procuran despertar en nosotros a aquel maestro-soñador que habla
nítida y vigorosamente. Ello corresponde a lo que otros métodos
denominados el contacto con un consejero íntimo, "Método
Silva de Control Mental" (Silva Mind Control). Sin embargo, las ensoñaciones
de transformación de vida que presentan no son todas del mismo nivel.
Todas parecen ser, en efecto, ensoñaciones del género "vivid-dream":
ofrecen intensos colores junto con una atmósfera excitante y hablan con
nitidez y sin recurrir a símbolos procedentes de la censura. Pero tan
sólo algunas pocas llegan a ser lúcidas (es decir, a presentarse
acompañadas de la conciencia de que uno está soñando) y,
entre éstas, sólo una o dos alcanzan el nivel del dominio sobre
los sueños (en el que uno puede, además, modificar en su sueño
el desarrollo de las imágenes). A pesar del carácter muy reducido
de este proyecto y de su falta de distinción de la heterogeneidad de
las ensoñaciones, el libro tiene el mérito de incitar mediante
esos ejemplos a obtener ensoñaciones y, tal vez, el de suscitarlas. Por
lo demás, el método presenta un rasgo de realismo al extenderse
no por el lapso de un fin de semana, sino por un período de 21 días
o, más precisamente, de 21 noches, de las que uno ha conservado un recuerdo
de sueño.
Otro tipo de aplicación práctica, por último, consiste
en enseñar a los niños a controlar sus sueños, instaurando
de este modo una cultura de los sueños a la manera de las tentativas
que ha realizado una comunidad de jóvenes norteamericanos de tendencia
hippy-ecológica.
BIBLIOGRAFÍA
ARNOLD-FORSTER, M.: Studies in Dream [Estudios sobre el Sueño], Mac Millan,
Nueva York, 1921.
CARTWRIGHT, R.D.: Night life. Explorations in Dreaming [Vida nocturna. Exploración
sobre los Sueños], Chicago, 1977.
CORRIER R./ HART J.: Les Maîtres-Rêveurs [Los Maestros del Sueño],
Scriptomédia, Montreal, 1978, 215 págs.
DAUMAL, R.: revista Le grand jeu [El gran juego].
EY, M.: La production de rêve comme fait primordial de la psychopathologie
[La producción del sueño como hecho primordial de la psicopatología],
Alençon, 1951.
FOULKES, D.: "Dreams of the male child: four cases studies” [Sueños
del niño varón: estudio de cuatro casos], en Y. Child Psychol.
and Psychiatry, 8 (2), 1967, págs. 81-97.
FOX, O.: Astr -