LOS AMERINDIOS
¿Cómo se explica que la voluntad de modificar los sueños
no sea suficiente para que éstos se transformen? ¿Qué otra
cosa hay que modificar en su vida, además, para lograr dicha transformación?
¿Es de veras adulto un sujeto que no recibe inspiración de ninguna
parte y no ha tomado ningún contacto con sus guías interiores?
¿Puede la visión onírica conferir poderes de curandero?
Al igual que la meditación, ¿hacen posible las ensoñaciones
el acceso a los mundos paralelos? ¿Y acaso se encuentra tan despojado
de realidad aquel mundo inmaterial? Las técnicas de dominio ¿son
tan sólo culturales? ¿Y no resulta posible inducir a los
urbanos hombres blancos a que las pongan igualmente en práctica?
La conquista de los sueños y la obtención de ensoñaciones
es una constante de todos los indios de América. Los cimientos de
sus respectivas culturas están constituidos a base de esas ensoñaciones.
El conjunto de sus mitos parece proceder de allí. Todo cuanto es objeto
de enseñanza ha sido previamente soñado. Para todos los indios,
por tanto, resulta vital llegar a lograr ensoñaciones.
Las diversas tribus empleaban técnicas diferentes que luego serán
reveladas a ustedes. Un sitio de privilegio ha de concederse, con todo, a los
indios yaquis de México. Acerca de la vía del "sueño"
según las enseñanzas de Don Genaro y Don Juan Matus, nos ha entregado
Castaneda la más minuciosa tradición que haya nunca existido.
La conexión de aquélla con la reforma de su vida es puesta de
relieve con toda nitidez. Por lo demás, lo que allí se nos exhibe
resulta realmente vertiginoso.
LOS CAZADORES NOMADAS O PIELES ROJAS
1.- Los indios sioux
Los conocimientos de los indios sioux fueron revelados en 1947 en la reserva
de Pine Ridge, en Dakota del Sur (EE.UU.), por Hekaka Sapa, que era cabeza de
wapiti negro. Los había recibido de Hekaka Pa, cabeza de wapiti y último
depositario de esas tradiciones. Si las dio a conocer fue porque, al acabar
un ciclo, puede el saber sacarse a plena luz.
Siete ritos son revelados: el simbolismo de la cachimba sagrada; cómo
conservar junto a sí el alma de un difunto durante un año; el
rito de purificación en la celda para transpirar; la danza del sol, en
la que se le ofrecen jirones de la propia carne; la posibilidad de convertirse
en pariente mediante el rito del maíz; la purificación de las
primeras menstruaciones de la mujer; el juego del balón que representa
la vida. Todos ellos, sin embargo, dependen de la técnica de impetración
de una visión.
Es así como el rito del juego del balón de la vida fue revelado
a un lakota durante una visión que por largo tiempo mantuvo secreta.
Hasta que otro lakota conoció a través de una ensoñación
que un rito secreto había sido comunicado a su compañero. Entonces,
indujo a éste a que lo entregara a la tribu.
Todos los indios pueden impetrar una visión. Pero sólo los hombres
de valor son capaces de recibir las grandes visiones. Puede implorarse una visión
para la curación de un pariente o antes de emprender el camino de la
guerra o antes de cumplir la danza del sol, no menos que para dar gracias al
Gran Espíritu o acrecentar su valentía.
Cualquiera que desee practicar la impetración de una visión (hanblecheyapi)
ha de hacerse guiar por un anciano que sea hombre de poder (wichasha wakan).
La primera ceremonia propiciatoria en la que se fuma la pipa sagrada, tiene
por objeto determinar el día propicio. El sujeto ha de retirarse en soledad
por un lapso de uno a cuatro días, situándose en la cima de una
montaña si se trata de un varón o en el centro de un valle si
se trata de una mujer. Tiene lugar, en seguida, el rito de purificación
en la celda de exudación (el inipi o sauna), el que va acompañado
de cantos, plegarias y llantos por parte del impetrante. Su cachimba queda sellada
con grasa, y aunque el sujeto no podrá ya apartarse de ella, no volverá
a fumar hasta no haber alcanzado su visión. Dos ayudantes han de preparar
el lugar de imploración en la montaña, secundados por tres caballos
que transportarán los accesorios. Plantan cinco varas en cruz e instalan
un lecho de salvia junto a la vara central que sostiene las ofrendas. El impetrante
se quita entonces los mocasines y el taparrabos y, envuelto tan sólo
en su piel de bisonte, asciende entre llantos hasta el lugar consagrado.
Ha de evitar celosamente los pensamientos perturbadores y sólo podrá
desplazarse por el sendero que une las cuatro varas. No ha de beber ni comer
mientras se encuentre allí. Puede dormitar sobre el lecho de salvia que
le han preparado, debiendo apoyar la cabeza en la vara central, ya que de esta
forma permanece en la proximidad del Gran Espíritu, aunque duerma. Por
lo demás, con frecuencia es durante el sueño cuando sobrevienen
las visiones más poderosas. No se trata de sueños ordinarios.
Por el contrario, las visiones son harto más reales e intensas que los
sueños. No vienen de nosotros, sino del Gran Espíritu. Las tormentas
con rayos y granizo constituyen verdaderas pruebas. Debe incorporarse en medio
de la noche para ir a implorar en las cuatro direcciones del espacio. Además,
ha de levantarse con la estrella de la mañana. Posteriormente, al término
de su tiempo, los ayudantes con los caballos vuelven a buscarlo. Durante ese
tiempo sus parientes y amigos han orado y cantado día y noche. Al llegar
ingresa en la tienda de purificación o sauna. Luego de cumplir los ritos
prescritos, relata a los ancianos sus visiones. Más tarde habrá
de implorar visiones por otras tres veces.
Los lakotas todavía practican este ritual, con algunas variantes. En
él podemos percibir con nitidez la clara distinción entre sueños
profanos y ensoñaciones sagradas. Durante estas últimas son
los seres de poder, los espíritus en los que el sujeto cree, los que
habrán de aparecérsele. Ha sido de este modo como los demás
ritos de su religión fueron comunicados a los indios. Estas ensoñaciones,
por tanto, son objeto de una celosa preparación, no menos que de una
búsqueda voluntaria y sistemática. Pero a diferencia de los griegos
y del modo como éstos las cultivaban, tales ensoñaciones no persiguen
tan sólo un fin terapéutico, sino que cumplen además una
función didáctica y de santificación.
2.- Los algonkines
Fueron estudiados por Irving Hallowell, quien vivió con ellos entre
1930 y 1940. De los 50.000 algonkines conoció principalmente a los ojibwa
o chippewa a lo largo del río Berems que corre cerca del lago Winnipeg,
en el Ontario occidental.
Muy dispersos en la selva y alejados de los blancos, vivían de la caza
y la pesca y todavía conservaban sus tradiciones. También entre
ellos la ceremonia del ayuno de pubertad se cumple entre los diez y los quince
años y se prolonga durante seis a diez noches. El adolescente preparaba
su ayuno onírico separándose de las mujeres y lavando sus prendas
de ropa para purificarse. Luego, acompañado de su padre, su abuelo y
sus parientes de sexo masculino, se internaba en los bosques. Una vez hallado
el sitio propicio, construían en un árbol una especie de nido
o plataforma hecha de ramas, en la que, abandonándola tan sólo
para aliviar sus necesidades, este adolescente había de permanecer
día y noche hasta que el poder se le apareciese. La mayoría de
las veces ello ocurría en sueños en virtud del contacto cara a
cara.
Durante toda esa espera, su padre o su abuelo toca el tambor, haciendo retumbar
los cantos de poder que le fueran revelados en sueños. Entra en comunicación
con sus propios protectores del más allá, con el propósito
de favorecer el primer encuentro del joven.
Al regresar, éste llama desde lejos a su padre, el cual lo conduce de
vuelta al campamento, procurando que no sea una mujer quien primero lo vea,
ya que ello destruiría su poder. De modo similar, si relata sus visiones,
éstas anulan su valor. Debían, por ello, mantenerlas en estricto
secreto.
Las órdenes de su aliado eran consideradas absolutas. Podían consistir
en restricciones alimenticias, sexuales, de indumentaria, etc. Cualquier infracción
provocaba una enfermedad incurable. Con mucha frecuencia en las ensoñaciones
aparecíanse los amos de los animales (espíritus totémicos
o manitús) que le conferían pleno poder sobre esas especies animales.
Por ejemplo, el sujeto podía ver aparecer el Gran Águila que,
convirtiéndolo a su vez en águila, llevábaselo a volar
consigo; lo mismo podía ocurrir con el amo de los osos o de los insectos.
Cuatro ensoñaciones se requerían para que la iniciación
fuese completa. Ello podía conferirle poderes de curación mediante
el sueño. Conservaba en adelante la capacidad de convertirse a voluntad
en un animal de aquella especie. La visión del espíritu del trueno
proporcionaba el poder de evocarlo para provocar voluntariamente las tormentas.
A menudo el sujeto pintaba un símbolo de su sueño en un pendón
que izaba en el extremo de un mástil delante de su casa.
Como entre los sioux, era la piedad el motor de semejante encuentro con los
seres de poder a través de las ensoñaciones. Se trata de llorar
y suplicar con tal intensidad, de debilitarse a tal grado por el ayuno, que
los espíritus lleguen a moverse a piedad concediéndole al sujeto
todo cuanto desea. Ante sus protectores, por tanto, compórtanse estos
indios como niños.
Contrariamente a los sioux, en cambio, la sociedad ojibwa es muy igualitaria.
Todos los individuos pueden y deben acceder a esos poderes, pero nadie ha de
procurar poseer más que los otros. Ayunar en demasía se considera
una actitud tan codiciosa como el atesoramiento. Un joven indio, por ejemplo,
que había establecido contacto con una especie de árbol por sus
hojas, quiso conocerlo todo y hacer lo mismo con todas las especies de hojas
restantes. Más al comenzar la caída de las hojas púsose
enfermo y murió luego con la caída de la última.
3.- Los mohaves
El sueño tiene tanta importancia entre los indios mohaves que Kroeber
(1925)caracterizó a la cultura mohave como una cultura onírica.
Nada bueno puede acontecer, ninguna capacidad ni poder auténtico pueden
adquirirse sin un sueño apropiado o ensoñación (sumach
ahot, es decir, sueño de poder), que no es un sueño ordinario
(sumach).
El indio aprende en su infancia la verdad mítica de la creación
del mundo, más estos conocimientos han sido revelados a sus padres y
a sus ancestros a través de ensoñaciones. Más tarde, durante
su adolescencia, habrá de hacer mediante ensoñaciones la
experiencia de esas realidades primordiales. Sólo este ejercicio le conferirá
un poder.
Cualquiera puede aprender un canto curativo, mas éste quedará
privado de toda eficacia terapéutica mientras no lo apoyen y le den validez
las apropiadas ensoñaciones chamánicas. Los chamanes parecen señalar
que la realidad misma es producto de un sueño. Por ello, según
Devereux (1967) "antes que interpretar sus sueños en términos
de cultura, los mohaves interpretan su cultura con arreglo a los sueños".
4.- Los iroqueses
Junto a los maricopa del Colorado, los iroqueses forman parte de a aquellos
pueblos acerca de los cuales poseemos información desde antiguo. El R.P.
Fremin, misionero jesuita francés que vivió entre ellos en
el siglo XVII, descubrió que su cultura gira en torno a los sueños.
"En estricto sentido poseen tan sólo una divinidad, el sueño.
Sólo a él se someten, siguiendo sus indicaciones con extrema exactitud.
Sea lo que fuere, aquello que hayan podido obrar en sueños, se sienten
absolutamente obligados a darle curso lo más pronto posible. Las demás
naciones se contentan con estudiar aquellos sueños suyos que juzgan más
importantes. Este pueblo, en cambio, que tiene la reputación de llevar
una vida más religiosa que la de sus vecinos, se consideraría
culpable de un gran crimen si hubiera flaqueado en la observancia de uno sólo
de sus sueños. Sólo en ello piensa su gente que no habla de otra
cosa. Los sueños pueblan cada una de sus chozas".
Bien sabemos que esta tradición se ha perpetuado hasta nuestros días.
Uno de sus representantes más célebres fue Smohalla. Nacido hacia
1820 y fallecido en 1890, comenzó a predicar la religión del sueño
en 1850. Pertenecía a los sokulk que vivían en Priest Rapids,
junto al río Columbia que corre al oriente del estado de Washington.
Su religión se extendió entre muchos de aquellos "narices
perforadas" que se enfrentaron a los colonos. Junto con rechazar todo
cuanto enseñan los hombres blancos, juzgaba que el trabajo impide tener
ensoñaciones, razón por la cual luchó contra la extensión
del trabajo asalariado entre los pieles rojas. "Los jóvenes
de mi pueblo jamás trabajarán. Los hombres que trabajan no
pueden soñar. Y la sabiduría nos viene de los sueños".
Los sueños representan la fuente única del poder sobrenatural
y emanan de nuestra Dulce Madre Tierra. Trabajar la tierra, mutilándola
por medio de la agricultura, equivale a quedar amputado de la fuente de los
sueños.
5.- Los hopos
Los indios hopis operarán la transición con los indios mexicanos,
ya que constituyen comunidades de agricultores sedentarizados en las mesetas
desérticas del Arizona, en las que pueden cultivar el maíz cuando
hay agua.
Durante las fiestas, los niños ven aparecer los bellos dioses enmascarados
que representan a los espíritus de las especies. En la adolescencia experimentan
una gran decepción al enterarse de que no era un dios quien llevaba la
máscara, sino un hombre de la tribu. Más en sus ensoñaciones
tornarán a encontrar a esos espíritus.
El más poderoso es Palulukon, la serpiente de agua con cabeza de gato
y pellejo de leopardo. Le siguen luego las otras serpientes, la Madre de la
caza, el Antílope, etc.
La ensoñación es para ellos un tipo de pensamiento, un acto mediante
el cual el Cuerpo de Aliento del individuo explora los mundos interiores y exteriores.
El sueño se denomina "dimoki", que significa "el fardo
de pensamientos". Un mal sueño constituye una fuerza maligna que
se ha introducido en el soñador. Este ha de deshacerse de ella cuanto
antes. Para ello debe despertar en seguida a otro durmiente y contarle su sueño,
lo que permite exorcizarlo. Acto seguido saldrá de la tienda y escupirá
cuatro veces a la tierra para eliminar por completo los malos pensamientos.
El buen sueño, por el contrario, es obra de una energía que además
es deseo y plegaria a la vez. Para el hopi que se encuentra en paz consigo mismo,
la ensoñación representa una experiencia más importante
y más real que la de la vida vigil. Al aparecérseles, los dioses
les ayudan revelándoles la importancia de sus sueños.
En los hopis encontramos aquel tema del doble y del desdoblamiento que será
tan importante entre los indios mexicanos. La gran serpiente de agua es una
serpiente de dos cabezas. Al desdoblarse conviértese en dos inmensas
serpientes que, sostenidas por los dioses gemelos de la guerra, se enrollan
en torno a la tierra. De forma similar, el hechicero posee un corazón
doble, pues dispone además de un corazón animal. Pero estas ensoñaciones
sólo pueden hacer su aparición si uno tiene buen corazón
y se encuentra en paz consigo mismo (es decir, si uno se halla en estado de
gracia, según hubiésemos traducido en otro tiempo).
6.- La vía de los sueños entre los brujos mexicanos
En 1960 Carlos Castaneda era estudiante de antropología en la Universidad
de California, en Los Ángeles, donde preparaba un doctorado sobre
el peyote, la planta que acostumbra la vista a la fascinación. En un
pueblo fronterizo del Arizona le presentan a un indio como informante.
Don Juan Matus era un indio yaqui de la provincia de Sonora, en México.
Después de un año le reveló que era un brujo. Desde entonces
y durante doce años lo convertirá en su discípulo, hasta
que Carlos llegue a ser, a su vez, hombre de saber o brujo.
Le enseñará para ello diversas técnicas: la eliminación
de la historia personal; el tomar a la muerte como consejera; la marcha de poder;
el no-hacer; la interrupción del diálogo interior; el influir
por la mirada; el ver y detener el mundo, etc. Examinaremos en ellas tan sólo
aquello que se refiere al dominio de los sueños.
El jueves 17 de agosto de 1961 le dirá: "Has de comenzar por empuñar
tus sueños. Una de las avenidas del poder es el soñar. Es lo que
distingue al guerrero del simple cazador. Tú los llamas sueños
porque careces de poder. Un guerrero los llama realidad. El soñar es
real para el guerrero porque allí puede obrar de manera deliberada. Puede
escoger y rechazar... Soñar es más real que lo que hacemos
ahora. Soñar es tener poder. Puedes modificar las cosas. Puedes extraer
de ellas una infinidad de hechos ocultos. Puedes tener dominio de todo cuanto
quieras".
Tras esta presentación general, el sábado 19, en el sitio de poder,
profirió: "Te voy a enseñar cómo elaborar el sueño.
Es preciso comenzar por algo muy simple. Esta noche, en tus sueños, observarás
tus manos. Concentra tu mirada en tus manos (o en cualquier otra cosa, tus ortejos,
tu ombligo o alguno de tus utensilios). Para ello, antes de dormir, contempla
tranquilamente tus manos al atardecer".
Luego explicó: "Cada vez que en tus sueños observas alguna
cosa, ésta cambia. Para aprender a elaborar el sueño el ardid
no reside, y esto es evidente, en observar simplemente las cosas, sino en retener
su visión. El soñar es real cuando uno logra hacer que todo llegue
a ser claro y nítido. Entonces, ya no hay más diferencia entre
lo que haces cuando duermes y lo que haces cuando no duermes. ¿Lo
entiendes ahora? Cuando tus manos empiecen a cambiar de forma será
preciso que desplaces tu mirada para dirigirla hacia alguna otra cosa. Luego
has de retornar a tus manos. Para perfeccionar esta técnica es menester
consagrar muchísimo tiempo a ello".
El jueves 31 de agosto Carlos tornó a ver a Don Juan. Había practicado
con perseverancia y, tras un prodigioso esfuerzo, llegó a tener un cierto
dominio de sus sueños. Por primera vez en su vida se iba a la cama con
agrado. Una vez que hubo aprendido a contemplar sus manos, le había resultado
bastante fácil retener su imagen. El momento en que daba la orden de
observar sus manos sustraíase totalmente a su voluntad. Ello se producía
espontáneamente. En un momento determinado recordaba que era preciso
que mirara sus manos y luego el entorno. Pero Don Juan le respondió:
"Los sueños ordinarios se vuelven muy vívidos tan pronto
como uno comienza a elaborar el sueño. Ello configura una poderosa barrera.
El tomar minuciosa nota de ellos desvía del objetivo, que es tener dominio
de sus sueños. Voy a recapitular. En primer lugar, has de fijar tu mirada
en tus manos desde el comienzo. Luego trasladas tu mirada hacia otros elementos
lanzándoles rápidas ojeadas. Acuérdate que las imágenes
no se desplazarán si les lanzas tan sólo una ojeada. Entonces,
regresa a tus manos... Al comienzo limitarás el número de los
elementos que vas a observar. Basta con cuatro por cada vez. Más tarde
podrás ampliar tu campo de acción hasta que abarque todo lo que
desees, pero tan pronto como las imágenes empiecen a moverse y tengas
la impresión de perder su control, regresa a tus manos".
Esta es la primera etapa. El dominio sobre el sueño se obtiene al detener
la fuga involuntaria de las imágenes, del mismo modo como se requiere
aprender a detener su pensamiento, es decir, a ser capaz de controlarse respecto
de aquello que uno quiere.
La segunda etapa resulta todavía más difícil: "La
etapa siguiente en la elaboración del sueño consiste en aprender
a viajar del mismo modo como has aprendido a contemplar tus manos. Puedes usar
tu voluntad para desplazarte, para ir a otra parte. En primer lugar, elige el
lugar al que quieres dirigirte. Escoge un lugar que conozcas bien, por ejemplo,
tu escuela o un parque o la casa de algún amigo. En seguida, has de tener
la voluntad de dirigirte allí. Es una técnica muy difícil.
Has de llevar a cabo dos cosas: tener la voluntad de dirigirte a ese lugar en
particular; luego, una vez que hayas dominado esto, aprender a controlar el
momento exacto de tu viaje".
El jueves 28 de diciembre de 1961, durante las vacaciones de Navidad, Don Juan
preguntó a Carlos en qué punto se encontraba en relación
con su propósito de llegar a dominar sus sueños. Tras las primeras
victorias y el entusiasmo del comienzo, había venido el tiempo de las
frustraciones. Los contraprogramas poníanse en acción, de tal
suerte que se le había hecho extremadamente difícil llegar a darse
la orden de observar sus manos. Don Juan, entonces, le aconsejó: "Es
preciso que para dormir te pongas una venda en la frente. Más esta venda
o gorro de dormir sólo tendrá efecto si previamente lo has visto
en sueños o al menos en alguna inspiración durante la vigilia
que antecede al sueño”.
Cubrirse la cabeza con otro objeto provocaría tan sólo intensos
sueños, más no una ensoñación dominada. Para ello
hace falta un objeto-poder.
Pues bien, el domingo 28 de enero de 1962, mientras realizaban una excursión
por el desierto a seiscientos kilómetros de allí, Don Juan le
hizo donación de un paisaje: "Hasta donde la vista se pierde, toda
esta tierra es tuya. No para que la aproveches, sino para que la recuerdes.
Guarda en tu memoria hasta los menores detalles. Se trata del sitio al que vendrás
en sueños. Más tarde, ahí será adonde vendrás
a morir luego de haber danzado tu última danza, cualquiera que fuere
el lugar en que te encuentres".
Don Juan hace hincapié en la realidad de ese desplazamiento. No
se trata de imaginarse que uno se dirige a algún lugar, ni de volver
a verlo en sueños como uno lo pudiera ver en la memoria. Se trata, antes
bien, de dirigirse allí realmente en espíritu. Carlos había
empezado a soñar con lugares particulares, con escuelas o casas de amigos.
Pero se le pide que precise: "¿Ves esos lugares durante el día
o por la noche?" No se trata de tornar a verlos tal como se los conoce
a la hora en que uno habitualmente acude a ellos, sino de percibirlos tales
como son en el instante en que uno duerme. La noche es luminosa si uno sueña
durante la siesta. "En caso contrario, aquellas visiones no serán
"soñadas", sino meros sueños ordinarios. Para ayudarte,
toma un objeto que pertenezca al lugar al que deseas dirigirte y concéntrate
en él. Al rememorar este matorral o esta roca en la que estamos sentados
serás capaz de regresar aquí durante tu sueño. Desde el
objeto rememorado debes regresar a tus manos, luego dirigirte a otro objeto,
y así sucesivamente".
Carlos sigue teniendo dificultades para dominar sus sueños. El viernes
13 de abril de 1962 le enseña Don Juan la técnica del no-hacer.
"Cuando empezaste a soñar hiciste empleo de mi poder personal. Por
eso es que te resultaba más fácil. Soñar es aquello en
lo que consiste el no-hacer del sueño. El ardid está en que prosigas
sin cesar buscando tus manos. Si te lanzas abiertamente al no-hacer, sabrás
por ti mismo cómo obrar en sueños".
No cabe duda que sólo difícilmente puede distinguirse entre el
dominio sobre los sueños y el dominio general del conjunto de su personalidad.
Poder detener sus pensamientos es tan importante como el no-hacer, que corresponda
al wou wei taoísta. En toda esta enseñanza volvamos a encontrar
constantemente las técnicas tradicionales del yoga hindú.
En el otoño de 1971 vuelve a hablar Don Juan con Carlos acerca del sueño.
Después de años de infructuosas tentativas había por fin
cumplido su tarea: soñar que buscaba sus manos y, con sólo soñar
que las levantaba hasta la altura de los ojos, encontrarlas. Había obtenido
este triunfo una vez que hubo llegado a poseer un dominio razonable sobre su
vida cotidiana. Don Juan le había advertido que el primer estadio de
esta fase preparatoria consistía en un juego mortífero del espíritu
consigo mismo, ya que una parte de su yo habría de empeñarse al
máximo por impedir que cumpliese esa tarea. Ello podía traer consigo
la pérdida de la razón o la melancolía o aun la depresión
suicida. En su caso no había llegado a tal extremo. Más cada vez
que se disponía a observar sus manos en un sueño, alguna cosa
extraordinaria acontecía (comenzaba a volar, el sueño se convertía
en pesadilla o bien provocaba una excitación corporal muy agradable),
de tal suerte que ello le distraía de su meta inicial. De forma totalmente
inesperada, una noche encontró sus manos en un sueño. Fue como
si algo en su interior hubiese cedido, permitiéndole observar el dorso
de sus manos. Tan pronto como la imagen de sus manos comenzó a disiparse,
dirigió su mirada a un edificio situado al final de la calle. Y cuando
esta nueva imagen se hubo disipado, escogió otra. El resultado, de una
nitidez increíble, fue una calle desierta de una ciudad extranjera desconocida.
Más al relatarlo Carlos se muestra muy agitado. "Ello es normal,
explica Don Juan. Algo en ti se halla amenazado por el hecho de soñar.
Por eso cuando piensas en ello pareces a punto de desfallecer. Cada guerrero
tiene su propia manera de soñar, pero todos emplean subterfugios para
forzarse a abandonar la búsqueda”.
Luego Don Juan le preguntó si era capaz de escoger el tema de su sueño
y señaló: "Un guerrero escoge el tema reteniendo deliberadamente
una imagen en su cabeza y clausurando su diálogo interior. Entonces el
tema deseado ha de venir a él. Nunca más volveremos a hablar de
soñar. Podrías convertirte en un obseso. Es preciso que el éxito
llegue paulatinamente".
Todo esto corresponde grosso modo a otros tantos métodos de dominio sobre
los sueños. No obstante, allí donde Don Juan se muestra más
incisivo y singular es cuando enseña que el poder tener dominio de sus
sueños confiere la capacidad de desdoblarse. Esto resulta increíble.
Por ello han acusado a Carlos Castaneda de querer burlarse de sus lectores.
Con todo, Don Juan describe no pocas operaciones que parecen increíbles.
Un brujo bien puede desdoblarse, pero ningún hechicero podrá saber
dónde se encuentra su doble. El brujo que se encuentra cara a cara con
su doble es un brujo muerto. El doble es el sí-mismo, el cual es más
luminoso, sin embargo, para un brujo que sepa ver. "Un doble es el hechicero
mismo revelado a través de su sueño"
Será Don Genaro, otro brujo que era su protector, quien relate cómo
llegó a desdoblarse. Al principio tuvo tres sueños de ese
tipo: 1) "La primera vez no me di cuenta. Regresaba luego de haber
recogido dos sacos de plantas y, empujado por la fatiga, me recosté bajo
un árbol al borde del sendero. Al escuchar que venía gente, corrí
a esconderme tras un matorral. Pero había olvidado mis dos sacos. Vuelvo
a buscarlos y me veo dormido junto a ellos debajo del árbol. Me puse
como loco y empecé a aullar hasta que me desperté. No era sino
un sueño. Luego, bajo del árbol, me desperté por segunda
vez. Fui a ver el lugar en que me había escondido y corrí tras
la gente que escuchaba. Al darles alcance, vi que eran exactamente las mismas
personas que había visto antes, las que, sin embargo, no se habían
percatado de nada. 2) Algunos meses más tarde me encontraba durmiendo
en mi lecho cuando empezó a llover. Una gotera en el techo me despertó.
Subí a repararla, más cuando quise retornar a mi cama vi que me
encontraba allí durmiendo. Presa de pánico, huí corriendo
bajo la lluvia hasta las colinas, donde el estallido de un trueno me despertó.
Creí que había caminado dormido, pero mi protector me explicó
que el sueño en el que uno se ve dormido es el tiempo del doble. 3) Dormía
en casa de mi protector. Un ruido de paletadas contra la gravilla me despertó.
Entonces me percibí durmiendo sobre el suelo. Prevenido de ello, me dirigí
hacia el ruido, abandonando allí mi cuerpo dormido. Encontré a
mi protector que cavaba en un barranco junto con otra gente. Luego volví
a casa con ese grupo: allí, cerca de mi cuerpo, el ruido de su conversación
me despertó".
Después de estos tres desdoblamientos Don Genaro hubo de esperar quince
años hasta que se le presentara otra oportunidad. "Comprobé
que estaba dormido en medio de un campo cultivado. Aunque me vi, bien sabía
que aquello era tan sólo un sueño, pues todas las noches me preparaba
para eso. Era de día, y yo recorría esos lugares encontrándome
a tres kilómetros de mi casa. Como los detalles de la escena no se desvaneciesen,
tuve miedo y regresé a verme dormir. En seguida escuché el ruido
que hacían diez jóvenes al acercase. Si me hubiesen encontrado
allí, se habrían espantado. Tenía que despertarme, pero
me hallaba fuera de mí mismo, roncando como un perro. Varias imágenes
desfilaron ante mi vista, pero me aferraba a la de mi casa y mi lecho. Me desperté
en mi cama y corrí hacia el lugar de mi sueño. Los jóvenes
se encontraban efectivamente allí y estaban trabajando. Cuando se hubieron
marchado, volví otra vez por la tarde a ese lugar en el que me había
visto durmiendo. Había allí la huella de un cuerpo. La hierba
estaba aplastada”.
Al escuchar este relato, Carlos sintió que se desplomaba hacia adelante.
Estaba despedazado, su cuerpo se deshacía. Don Genaro intentó
reconstituirlo y le ayudó, en seguida, a caminar. Entre las imágenes
que pasaban vio a Don Juan y a Don Genaro que procuraban darle alcance. Lo levantaban
cogiéndolo por los sobacos mientras le hablaban. Don Juan giró
su cuerpo y, tornándose del todo, le mostró un bulto sobre el
suelo. Era un hombre tumbado boca abajo. Ambos insistían en hablarle,
señalándoselo. Luego tuvo Carlos un lento despertar cuando comprendió
que el hombre tirado en el suelo no era sino él mismo. Don Juan le dijo
que se dirigiera a un sitio de poder en la espesura del monte. Fue allí
y dio un respingo al encontrarlos a los dos en ese lugar. Le dieron la orden
de despertarse. Entonces tuvo Carlos la vivencia de aquel momento singular en
el que tenía dos sueños a la vez. Don Juan y Don Genaro lo sacudían
para que despertara a un tiempo en el monte y en la casa. Hubiese podido despertar
en uno como en otro lugar, pero escogió la casa. Sufrió entonces
un horrible sobresalto, pues los dos brujos estaban volcando grandes cubos de
agua sobre él. Todo ello había durado varias horas.
Más tarde Don Juan le dio la explicación final: "Don Genaro
vino a revelarte el misterio de aquellos seres luminosos que son quienes sueñan.
El doble tiene su origen en los sueños y dispone de un poder inconmensurable.
El doble es el sí-mismo, es el propio yo que sueña. Sin embargo,
sólo los sueños ordinarios del yo son simples, aquel otro sueño
no lo es. No bien ha aprendido a soñar al doble, el yo se encuentra ante
aquella misteriosa encrucijada en la que comprende que es el doble quien sueña
al yo. La lección de la última noche atañía al soñador
y lo soñado o al misterio de quién sueña a quién.
Tú estuviste a punto de escoger despertarte en un sitio de poder, en
el que habrías podido percatarte de que no eres más que un sueño
y que es tu doble quien te está soñando".
Para resumir el conjunto de aquellas técnicas del "sueño",
es preciso señalar que el segundo anillo de poder proporciona la explicación
del referido misterio. El hombre dispone de un poder de atención que
se divide en dos. La atención primaria está consagrada al mundo
de lo positivo, llamado lo tonal, y proporciona información según
la enseñanza de una cultura recibida desde la cuna, configurando a partir
de ella nuestra visión perceptiva del mundo, que es la que todos poseemos.
El mundo nos parece objetivo, pero su forma coherente es producida por nosotros
mismos. Llevamos con nosotros nuestra visión del mundo como una
burbuja que nos envuelve.
La atención secundaría (o el segundo anillo de poder) tiene la
aptitud de captar todo aquello que es considerado irreal con arreglo a lo tonal,
pero que constituye de hecho el mundo negativo de lo nagual. Sin embargo, se
encuentra menos desarrollada y educada, porque ese mundo no racional resulta
pavoroso. Los racionalistas y científicos en general le profesan una
antipatía profunda que no es más que el reflejo de su horror.
Trátase, no obstante, de aprender a obrar con la atención secundaria
aquello que sabemos hacer tan perfectamente con la atención primaria.
Somos capaces de mantener fijas las imágenes del mundo, y a ello le llamamos
percepción. Nos hace falta aprender a mantener fijas las imágenes
de los sueños para convertirlos en ensoñaciones.
"Nuestra atención nos permite conservar las imágenes de un
sueño del mismo modo como preservamos las imágenes del mundo..."
"Soñar" consiste, en lo esencial, en convertir los sueños
ordinarios en acontecimientos que involucran la voluntad. Al poner en juego
su "atención hacia lo nagual " y al focalizarla en determinados
puntos y acontecimientos de sus sueños ordinarios, los soñadores
pueden transformar sus sueños en verdaderos "sueños".
Le basta para ello al aprendiz con entrenarse en observar atentamente un objeto
durante horas. Proseguirá su ejercicio durante muchos días hasta
que por la noche logre ver en sueños aquellos objetos que ha contemplado
por tanto tiempo en los días precedentes, no menos que los objetos que
ha de contemplar en los días venideros. Ello sucede si uno se hace capaz
de formar una unidad con dicho objeto (de obrar samyama, según escribiera
Patanjali).
La educación que daba Don Juan en La Gorda tenía por objeto la
contemplación de las hojas secas, de las pequeñas plantas, de
los insectos y las rocas; en seguida, de la lluvia y la bruma, las nubes y la
lejanía; por último, del fuego, el humo y las sombras, de las
estrellas y el agua. Los soñadores han de contemplar para poder "soñar":
luego deben buscar en sus sueños esas contemplaciones, no menos que sus
contemplaciones en sus sueños.
Una vez que en la edad adulta han educado su atención secundaria hacia
lo nagual -tal como desde el nacimiento aprendieran a construir con su atención
primaria el mundo de la percepción- vuélvense capaces de vivir
en ambos mundos. Algún día, con todo, acaban escogiendo el quedarse
en el otro (aquel mundo que Jesús llamó el Reino de mi Padre,
y Buda el Nirvana: llámasele satori en el Zen, samadhi en el yoga). Lo
que constituye la vocación última de la especie humana.
Reencontramos aquí las especulaciones del pensar de Lao-Tse y de Tchuang-Tcheu,
y toda la reflexión filosófica sobre la realidad del sueño
tal como la expone Roger Caillois. La interrogación metafísica
fundamental acerca de lo que sea la realidad sigue siendo primordial. Los siglos
que nos precedieron sintiéronse bobamente seguros al admitir que ello
era la materia. Más los materialistas de todas las tendencias han debido
desengañarse. La materia se resuelve en energía que provoca una
ilusión sensorial. Y hay muchas formas de energía. Las potencias
de lo nagual a las que acceden los hechiceros mexicanos son harto intensas y,
por consiguiente, tanto más reales.
En el plano de nuestra experiencia personal, sin embargo, todo esto continúa
siendo bastante increíble. Es por ello que se ha llegado hasta el extremo
de acusar a Castaneda de haberlo inventado todo, incluso su propia persona.
Un argumento en favor de la exactitud de lo que nos es referido, lo constituye
su rigurosa conformidad con la tradición mexicana más arcaica.
(El otro argumento es el de toda ciencia: la posibilidad de verificar, reiniciando
uno mismo la experiencia).
7.- La filosofía nahuatl
Más de 300.000 indios hablan todavía en México la lengua
nahuatl, que fue la mayor lengua clásica precolombina. La expresión
significa el Habla. Corresponde a la gran civilización tolteca de
Tula (856-1250 A. D.), que era la heredera de los olmecas y de la cultura de
Teotihuacán. Influiría en los mayas y luego en los aztecas, los
que en comparación sólo son unos bárbaros burdos. Por lo
demás, en nahuatl "tolteca" quiere decir "hombre civilizado"
y había de llegar a significar "fino artífice".
Según esta filosofía, el mundo y el alma humana se dividen en
dos: lo tonal y lo nagual (o nahual). La expresión tonal designa el calor,
el brillo del sol; llegará a significar el destino, la suerte, aquello
que es dado con el nacimiento; y en seguida, el alma, “lo que constituye
lo propio del hombre”. Representa el conjunto de los mecanismos racionales
y se le compara siempre con una isla, porque segrega una burbuja en torno suyo.
Es la parte del hombre que interpreta los mensajes de la Potencia para elaborar,
a partir de ellos, aquella construcción racional que llamamos el mundo.
Pero es nuestra cultura la que desde temprano nos enseñó a ver
el mundo de esa forma. Rodeando esa isla o esa burbuja encuéntrase el
océano infinito de lo nagual. Es el mundo desconocido y escasamente reconocible
(en todo caso, incognoscible en su esencia y raíz) de las Energías,
de los Seres de Poder. Representa lo contrario de lo tonal: todo en él
es posible. Por su propia cuenta y riesgo, los hechiceros hacen en él
algunas incursiones que resultan comparables a las de los grandes místicos.
El sueño es lo que permite trabajar en los intersticios de lo tonal.
Con frecuencia logran conquistar en él algún aliado tras un duro
combate. Este ser de potencia, convertido en su aliado, les confiere poderes
extraordinarios si son capaces de hacer que algo de lo nagual penetre en lo
tonal. El choque, empero, es tan intenso, que se corre el riesgo de volverse
loco. De ahí el profundo terror que sienten todos los hombres ante lo
inexplicable y su odio feroz hacia lo irracional y el “sacer horror”.
A menudo este aliado corresponde al espíritu de una especie animal con
la cual el hechicero puede, en adelante, entrar en comunicación. Es así
Como los etnólogos clásicos hablan de “anualismo”
para designar aquella creencia en el animal protector de cada hombre (participación
totémica), según la cual el hechicero puede transformarse en ese
animal.
Los dioses de la religión nahuatl son a la vez maestros-hechiceros, agentes
que obran mediante el sueño y seres desdoblados. Es la religión
de los dobles y los gemelos. Todos los dioses y los hombres proceden del Señor
y de la Dama de la Dualidad (Omete cutli y Omecihuatl). Al principio tuvieron
dos veces dos hijos: el rojo, Xipe Totec; el azul, Huitzilopochtli; el negro,
Tezcatlipoca; y el blanco, Quetzalcoatl. Una lucha se va a entablar entre estos
dos últimos, la que se desarrollará simultáneamente en
varios planos que guardan una correspondencia. En el plano individual, existió
una lucha entre un rey-sacerdote de Tula, llamado Nuestro Señor Quetzalcoatl,
quien reinó entre 947 y 999, y un jefe de guerreros llamado Tezcatlipoca,
"Espejo humeante", quien merced a los maleficios de su espejo que
humea logró hacerle caer en descrédito: después de embriagarse
y yacer con su hermana, Quetzalcoatl fue condenado a arder en la hoguera, convirtiéndose
en la estrella de la mañana. En el plano histórico, ello correspondió
a la lucha entre un Estado teocrático moderado que prohibía los
sacrificios personales, y un Estado duro, dirigido por un príncipe
guerrero, que desarrolló los sacrificios humanos. En el plano astral,
si Quetzalcoatl es Venus, la estrella de la mañana, su adversario es
el dios del norte, frío y maléfico, que vive en la Osa Mayor.
En el plano teológico, Quetzalcoatl, el dios barbudo y de tez blanca,
se hizo a la Mar Divina y navegó hacia el oeste en un esquife fabuloso
formado por enormes serpientes; dejó su signo, una cruz que representa
el eje de los cuatro puntos cardinales, y prometió regresar, para recuperar
su reino en un año de "1 –Caña”. Aquel año
fue Cortés, el hombre blanco y barbudo, quien regresó en su lugar
blandiendo la cruz.
El gran dios civilizador Quetzalcoatl tiene un nombre doble que significa, por
una parte, la Serpiente y el Pájaro Quetzal, símbolos de la tierra
y del cielo, y, por otra, los gemelos preciosos. Es un dios hechicero, patrono
de los gemelos y de todo lo que es doble. Representa al sol que declina en el
oeste y es, por tanto, de avanzada edad; de suave blancura y sabio, es, pues,
barbudo. Es doble porque tiene un dios gemelo, Xolotl (que también es
el nombre del primer jefe azteca). Este es un mago que posee el poder de transformarse
a voluntad. Durante la creación primordial se convirtió en doble
Espiga de Maíz, en planta de agave (mexolotl) y en un pez con patas (axolotl,
especie de pez con patas que recibe todavía este nombre entre nosotros).
Tras la destrucción del cuarto sol, Quetzalcoatl descendió a los
infiernos acompañado de su gemelo Xolotlh para hurtar las osamentas de
las humanidades anteriores. Regándolas con su sangre, habría de
crear nuestra humanidad actual. Los textos indican claramente que habla a su
gemelo llamándole su doble, su nahual. "Al descender a los Infiernos"
dijo a su nahual: "ve a decirles que yo vendré a dejarlos".
Y su nahual les gritó: "yo vendré a dejarlos". Xolotl
dice "yo" porque, como aún lo explica Don Juan en la actualidad,
"el doble es el sí-mismo".
La técnica de dominio de los sueños que enseña, la que
por lo demás es aquella que va más lejos, tiene por consiguiente
su fundamento en los mitos ancestrales de la civilización nahuatl, aun
cuando Castaneda parezca novelar la información que entrega.
BIBLIOGRAFÍA
Libros:
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y el pequeño humo], Le Soleil Noir, 1972, 331 págs. Ver, Les enseignements
d'un sorcier yaqui [Las enseñanzas de un brujo yaqui], Gallimard, 1973,
264 págs. Le voyage à Ixtlan. Les leçons de Don Juan [El
viaje a Ixtlan. Las lecciones de Don Juan], Gallimard, 1974, 246 págs.
Histoires de pouvoir [Historias de poder], Gallimard, 1975, 278 págs.
Le second anneau de pouvoir [El segundo anillo del poder], Gallimard, 1979,
267 págs. Le don de l'aigle [El don del águila], Gallimard, 1982,
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HEHAKA SAPA: Les rites secrets des Indiens Sioux [Los ritos secretos de los
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Laffont, 1981.
Artículos:
CAILLOIS / VON GRUNEBAUM: Les rêves et les sociétés humaines,
[Los sueños y las sociedades humanas], Gallimard, 1967.
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non occidentales [Sueños patógenos en las sociedades no-occidentales],
págs. 188-202.
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HALLOWELL, A.-L.: Le rôle des rêves dans la culture Ojibwa, [El
rol de los sueños en la cultura Ojibwa], págs. 257-281.
DEVEREUX, G.: "Mohave Dreams of Omen and Power”, en To Morrow, Nº
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