LAS TRADICIONES VIVAS:
TAOÍSMO, SUFISMO, YOGA, LAMAÍSMO
¿Se practica todavía el dominio de los sueños en las grano
religiones? ¿Cuál es el vínculo entre la visión
y el amor místico de lo divino? ¿Existen todavía tradiciones
vivas y puede uno encontrar maestros que puedan iniciar y entregar formación
en el dominio de los sueños? ¿Cuáles son entonces las reglas
que nos proporcionan y cómo se da en la práctica esta enseñanza?
¿Se integran estas diferentes técnicas en un cuerpo de doctrina,
revelando la Realidad del universo?
El taoísmo habrá de hacernos descubrir lo que constituye verdaderamente
lo Real. El sufismo nos proporciona la clave de la Realidad Suprema al describir
la naturaleza de estos Universos paralelos, del mundo de las imágenes
suspendidas, de este imaginario que sólo puede alcanzarse mediante el
pensamiento. El Yoga establece el fundamento de su doctrina al vincular la estructura
del Yo, del universo y de los dioses a los cuatro estados de conciencia. El
budismo tibetano o lamaísmo muestra el vínculo entre la visión
y el mundo de los estados intermediarios (bardo) o “purgatorios”.
Y de este modo revela la imperiosa necesidad para el individuo consciente de
acceder al dominio de sus sueños: lograr este control constituye una
necesidad vital.
I.- LA TRADICION CHINA
Existe ciertamente una tradición china de conocimiento a través
de los sueños. Desde la destrucción cultural organizada por los
comunistas chinos, no resulta fácil iniciarse en este conocimiento.
Expondremos brevemente la continuidad de este interés por los sueños
en el pensamiento chino.
Las inscripciones más antiguas, que nos han llegado de la dinastía
Yin (-1700 a -1000) muestran el interés por los sueños, así
como también los textos de la dinastía Tcheu (-1000 a -256); el
Che king describe la realidad cotidiana: "Primero uno duerme, luego se
levanta, luego interpreta sus sueños" y detalla los presagios. Al
parecer, el duque Mou de Ts'in (-659) practicaba la incubación ya que
se retiraba a su templo ancestral para obtener sueños teofánicos.
Todo nacimiento excepcional aparece presagiado por visiones durante el embarazo.
El ejemplo más destacado de la práctica del dominio de los
sueños por un sabio y de obtención de visiones se encuentra en
esta queja de Confucio: "Me siento afligido", escribe hacia el fin
de su vida, "estoy perdiendo mis facultades. Hace ya largo tiempo
que no veo al duque de Tcheu en mis sueños". El duque de Tcheu,
hermano del primer emperador de esta dinastía, era el ancestro de
la provincia natal de Confucio. Se había convertido en su guía
espiritual y se le aparecía regularmente en sueños para darle
instrucciones.
Sin embargo, Tchuang-Tseu, el gran filósofo taoísta, escribe
que los grandes sabios de la Antigüedad no soñaban durante la noche
ya que eran adeptos de la técnica del “no actuar” (wou wei)
y eran capaces de detener su flujo mental. Sin duda, habrá que entender
por esto que ya no tenían sueños pasivos, que reflejaban las preocupaciones
de la víspera, sino que eran capaces de producir activamente las visiones.
Al parecer, Tchuang conoce la realidad, ya que cuando relata el sueño
de la mariposa de Tchuang Tcheu (ver p. 29-30) descifra la lección contenida
en este sueño: no se podrá conocer un nivel de realidad hasta
haber accedido a un nivel de realidad superior. De este modo, el sueño
habrá de ser considerado como la única realidad hasta que uno
despierta, e incluso la muerte no es más que un despertar mediante el
cual se accede a un nivel superior de realidad y en contraste con el cual la
vida no parece haber sido sino un sueño.
El libro de los sueños chinos y las claves de los sueños (Tcheu-Li
y Lie-Tsen) distingue seis tipos de sueños:
1. Los sueños comunes o correctos (tcheng-mong), no provocados y sin
diagnóstico.
2. Las pesadillas (ngo-mong) causadas por el miedo.
3. Los sueños de preocupación (sseu-mong) de origen puramente
psicológico; se sueña con aquello que ocupaba el pensamiento.
4. Los sueños de la víspera (wou-mong) de origen físico;
se sueña acerca de lo que uno habló o hizo durante víspera.
5. Los sueños de alegría (hi-mong) provocados por una alegría.
6. Los sueños de temor (kiu-mong) provocados por un temor.
Pero la adivinación a través de las visiones establece una división
en tres categorías:
1. (tche-mong) las visiones provocadas o sueños supremos.
2. (k'i mong) los sueños extraordinarios.
3. (hien-tche) literalmente, "atravesarlo todo".
La tradición china taoísta opone constantemente los sueños
pasivos, recibidos o sueños comunes a los sueños provocados, voluntarios
o sueños extáticos o visiones. Estas visiones o sueños
extáticos parecen llevar, como en Castaneda a "caminatas místicas"
o viajes chamánicos o trances de los brujos (wou). De este modo, el Lie-Tseu
describe lo que hubo de hacer el Emperador Amarillo (héroe mítico
del taoísmo) para obtener este tipo de visión. Abandonó
el gobierno, el gineceo, la música, redujo su ingestión de alimentos
y se encerró en un pabellón. Durante tres meses, doblegó
su cuerpo (¿cómo? ¿mediante el yoga? ¿el tai-chi?)
y "sometió su corazón al ayuno" (tchai sin o purificación
preparatoria para el éxtasis). Dormía durante el día pero
no así durante la noche, ya que las visiones místicas sólo
se producen durante la siesta. Finalmente, soñó que llegaba al
país al que no se puede arribar ni por barco ni en vehículo ni
a pie, sino solamente mediante un viaje del espíritu (chen-yeou). En
esta visión vislumbró el país ideal taoísta y gobernó
desde entonces de acuerdo a esta visión. Del mismo modo, el rey Mou hizo
una visita a la Reina madre del occidente y comprendió que un viaje
del alma que dura meses puede no haber durado sino algunos segundos de tiempo
terrenal. El ser humano está formado por el cuerpo, el alma (p'o) y el
aliento (houen) o "cuerpo de sueño" que puede salir del cuerpo
de carne y hueso durante la visión, el trance chamánico y la muerte.
Viaja entonces por un mundo de energía no material.
La literatura china concede gran importancia a los sueños y nos habla
de personajes que comparten el mismo sueño, o de vestigios de sueños
tales como el corzo muerto y escondido por un campesino en un sueño,
pero encontrado por otra persona en el lugar donde el primero aseguraba haberlo
escondido. Se habla de personajes que penetran en sueños dentro de un
fresco verdadero, o dentro del sueño de otra persona y lo interrumpen
mediante un acto voluntario. Pero al parecer han desaparecido segmentos completos
de la tradición china, entre los cuales está sin duda un libro
de trabajo sobre los sueños, paralelo al Yi King; por otra parte el Tekeuli
señala que la interpretación de los sueños se hacía
mediante diez claves astrológicas y geománticas pero "este
arte se ha perdido". Por el contrario, la técnica de la incubación
aparece en el Japón en todos los santuarios de yakushi; asimismo, el
bodhisavatta "maestro de la sanación" y el teatro. No conducen
al espectador hasta la "encrucijada de los sueños".
II.- LOS SUFIES
1.- El Islam
Para situar correctamente a los sufíes, convendría primero tratar
los sueños en el mundo árabe; pero, en tanto herederos de las
tradiciones egipcias, griegas, mesopotámicas, zoroástricas, gnósticas,
hindúes; los tratados escritos por los árabes sobre los sueños
son tan numerosos que un libro como éste no bastaría para resumirlos.
Es así como, Abdalghani an-Nabulusi distingue siete categorías
de sueños mendaces y cinco de sueños verídicos: "Bendito
aquel que ve un sueño claramente, porque los sueños claros, sin
la mediación del ángel de los sueños (Siddiqun) son enviados
por el único Creador".
Según la tradición difundida por todo el Islam, es posible provocar
visiones que reciben el nombre de “sueños verídicos”.
El soñador debe ser un hombre justo, sosegado, sin grandes pecados, que
haya cumplido con las oraciones rituales y las abluciones antes de acostarse,
y que se encuentre en estado de pureza ritual, con un lecho y vestimentas limpias,
y que haya renunciado al odio hacia sus enemigos; comerá poco, pedirá
perdón por sus faltas y conciliará el sueño repitiendo
el nombre de dios después de los suratas 91, 94, 109, 112, 113 y 114
del Corán, tendido sobre el costado derecho. Es el rito canónico
del istikhara, práctica que sobrevive de la incubación antigua.
Pero la costumbre de pasar la noche en el santuario de un marabut para obtener
una visión aparece en toda el África del Norte y en Siria. Kilborne,
1978, muestra que esta costumbre prevalece todavía en Marruecos para
obtener un sueño terapéutico físico y mental o de inspiración.
A pesar de todo, el Islam oficial, más jurídico, teológico
y legalista que místico, conserva cierta desconfianza hacia los sueños,
que se remonta a Mahoma. Este último concedió gran importancia
a los sueños: interrogaba todas las mañanas a sus acompañantes
para conocer sus sueños y se guiaba por éstos (como los Senoi).
Muchas de sus acciones fueron inspiradas por sus sueños: su vocación
(surata 287), victoria de Badr en 624, expedición de 628 para imponer
el peregrinaje a la Meca, su viaje de noche que lo llevó a visitar el
cielo, el llamado a la oración (adhan) cuya fórmula fue escuchada
durante un sueño por un compañero del Profeta y privilegiado por
sobre la trompeta judía y la matraca cristiana, etc... Sin embargo, algunos
suratas del Corán están escritos en versículos al estilo
de los Kahen, los adivinos intérpretes de sueños, y al comienzo
Mahoma fue acusado de ser uno de ellos. Es así que más adelante
prohibió que se ejerciera la profesión de Kahen y marcó
las distancias: la revelación mediante el sueño no representa
más que la sexagésima cuarta parte de la revelación por
medio de la profecía.
2.- Las técnicas sufíes
En el Islam la inspiración mística se contrapuso a la religión
oficial que aparecía vinculada al poder y se refugió entre los
sufíes. Existieron -y existen todavía- sectas y confraternidades
(tariqah) en todos los países musulmanes. En el Kurdistán vive
un pueblo cuya vida está centrada alrededor de los sueños, los
Ahl-e-Haqq o Fieles de la Verdad. Todos los kurdos conceden gran importancia
a los sueños, pero este pueblo ha desarrollado en forma particular la
vía de los sueños. Comienzan señalando una diferencia básica:
soñar con las cosas materiales que uno desea (sueño de preocupación
o de deseo) no tiene sentido alguno, pero es posible acceder al plano de las
visiones o sueños verídicos. Acceder al plano del sueño
visionario (Khawab-e-baten) conduce a otra forma de vida. Para obtener una visión,
el Ahl-e-Haqq tiene que “crear la intención”. Durante varios
días, invocará los nombres de los seres espirituales superiores.
En primer lugar, las instancias supremas de su confesión: el rey Eterno,
fundador de la secta en el siglo ocho, el Maestro eterno Pir Benyanaim, el Guía
eterno Dalil Dawud o Miguel. Luego, al estar el pueblo dividido en once familias,
se dirige al Rey espiritual, al maestro y al Guía de la familia a la
que pertenece o al que ha “entregado su cabeza” en el momento
de la conversión. Por último, evoca la imagen de su iniciador
terrenal (gurú o Murshid) y se refugia en aquel que encarna a todos los
otros. Al atardecer concilia el sueño, concentrado en su intención,
habiendo renovado nuevamente los vínculos con su descendencia, sin dejar
vagar su imaginación. Esto habrá de permitirle a su alma salir
del cuerpo y viajar en sueños.
Dado que los sueños visionarios dirigían sus vidas, muchos mausoleos
fueron levantados en un lugar santo siguiendo las indicaciones recibidas en
un sueño: éstos reciben al nombre de Khwab-nema (vistos en un
sueño). El título de propiedad de la ciudad de Anzala en Irán,
del año 933 de la Hégira, indica que esta ciudad fue entregada
luego de un sueño. Abl-e-Haqq estuvo dos años en una prisión
de Bagdad por órdenes del visir cuando durante una visita de su madre
ésta le aconsejó que dirigiese sus oraciones al Sheik Yadegar.
Esa misma noche se le apareció el Sheik en sueños y le anunció
que quedaba libre. Al día siguiente el visir mandó llamar al prisionero
y le dijo: “Si no te dejo en libertad, pereceré. Esta noche el
Sheikh Yadegar apoyó su bastón sobre mi garganta y me ordenó
que te devolviera la libertad. Te entrego estos presentes y la ciudad de Anzala
en reparación”
Los miembros de esta secta trabajan para convertirse en Baten-dar, iniciado
al más alto grado de la perfección espiritual. Para esto es necesario
obtener una transformación del alma y los sueños constituyen una
de las vías para lograrlo. Una de las expresiones para referirse a la
iluminación dice así: “despertarse a sí mismo luego
de un sueño”.
En Europa, las enseñanzas sufíes de Pir Vilayat Inayat Khan son
de este género. Están centradas sobre la percepción de
los planos de conciencia. Será necesario pasar por varios estados para
acceder al modo de conciencia trascendental, luego al arquetípico y finalmente
al cósmico. Los sueños constituyen una de las vías de acceso.
En primer lugar, recordar los propios sueños es aceptar las dimensiones
de nuestro ser. Habrá que recordar por la mañana la personalidad
que uno tenía en sus sueños ya que durante los sueños la
conciencia no está centrada. Y para sobrepasar la ilusión del
yo, habrá que desarrollar la capacidad para mirarse como una persona
distinta de la que uno creía ser. Lo esencial consiste en recuperar el
recuerdo del estado de conciencia que se tenía durante los sueños.
Uno se siente más libre ya que olvida su propio yo, utiliza su imaginación
activa y puede llegar a sentirse cósmico. Pero para esto, habrá
que aprender a dejar atrás los sueños confusos que no son más
que una ruminación de las impresiones del día. Al reducir la participación
de la memoria en provecho de la imaginación pura, se accede al plano
de la pura creatividad, entonces el hombre se convierte en “criatura creadora
y creador creado”. Del mismo modo, mediante la técnica de la mirada
clara al vacío, se llega a vencer la seducción del mundo material
que a través de la percepción se impone al hombre como verdadera
realidad. Se llega entonces a establecer durante el día la conciencia
del sueño. Entonces uno habrá de abrirse a la verdadera realidad,
a la dimensión cósmica de la conciencia, y podrá convertirse
en un Ser de Luz.
3.- Naturaleza y realidad del mundo de los sueños
Estas enseñanzas aparecen como muy cercanas al yoga, pero están
fundadas sobre las reflexiones y las investigaciones de todos los grandes sufíes.
Construyeron su práctica de los sueños sobre la doctrina del mundo
de las imágenes ('Alam al-mithal). Esta fue elaborada por Ibu Sina (+1037)
o Avicenas, quien creía que si el alma humana es lo suficientemente fuerte
y logra desprenderse de los sentidos, podrá, en sueños, entrar
en contacto con lo invisible y crear imágenes. Al Ghazali (+1111) explica
la posibilidad de los paraísos y de los infiernos de acuerdo a la naturaleza
de la pesadilla en que, mediante la imaginación activa, el alma crea
sus torturas imaginarias pero reales. El gran sufí Al Suhrawardi
(1155-1191), el Arcángel Púrpura, pudo precisar, mediante sus
experiencias, la naturaleza de este “mundo de las imágenes
suspendidas” o formas puras. Las almas purificadas por la espiritualidad
se transforman en luces y pueden comprender y participar en el funcionamiento
del mundo. Las otras van al mundo de las imágenes suspendidas donde serán
retribuidas por la propia imaginación de acuerdo a la vida que llevaron.
Es el mundo de los ángeles, de los demonios y de la resurrección
de los cuerpos. Desempeña el papel de inconsciente del alma del mundo.
Ibn al Arabi (1165-1240) precisa a su vez la naturaleza de los sueños.
El impulso imaginativo (hamm) es un pensamiento creador; lo que puede crear
en el mundo de “las imágenes suspendidas”, puede crearlo
también en el mundo sensible para una persona de espiritualidad avanzada.
Mediante el éxtasis, esta persona podrá visitar los mundos de
las imágenes y hacer sensibles sus imágenes en nuestro mundo (de
ahí la ubicuidad, etc.).
Fue Mulla Sadra (+1640) quien le dio su status ontológico. Toda cosa
tiene una forma racional, una forma imaginaria y una forma sensible. Existen,
por lo tanto, tres mundos: el del intelecto puro (o Cielo de las Ideas de Platón),
el de las imágenes suspendidas, que las vuelve sensibles, y el mundo
físico, que las transforma en concretas, copiándolas. Al igual
que en la teoría de Platón, lo más real es el arquetipo
causal de las cosas, su esencia; por ejemplo, sólo mi idea del triángulo
es real y exacta, todas sus representaciones sensibles, sus dibujos, son inexactos.
Luego viene el mundo de las imágenes suspendidas, el de los sueños,
que es el intermediario, y por último su representación en lo
material.
En las palabras de Sohrawardi: “Cuando leas en los tratados de los antiguos
sabios que existe un mundo desprovisto de dimensiones y de extensión,
distinto de este mundo sensible y distinto del pleroma de las Inteligencias,
un mundo de innumerables ciudades… no te apresures a declarar que se trata
de una mentira; porque sucede que los Peregrinos del Espíritu llegarán
a poder contemplar este mundo y encontrarán ahí todo lo que buscan”.
Efectivamente, el mundo de los sueños se vincula para los sufíes
al mundo de las visiones de los místicos, al mundue imaginalis al que
se llega mediante el éxtasis (ryta'ha). Son las visiones producto de
los sueños de los grandes santos del Islam sunnita o chiíta, los
Amigos de Dios (Walayat), como nos los han dado a conocer Massignon o Corbin:
el guía espiritual, el espejo de Dios, el Sol del Corazón, el
Agua de Luz Negra, el Maestro Invisible, el Imán Escondido, etc. Este
mundo es el de los arquetipos, en el sentido de Jung, que puebla el inconsciente
colectivo del Islam; es así como Massignon distingue en al Hallaj, el
sufí crucificado, cinco “temas arquetípicos”.
III.- EL YOGA
1.- La mística comparada
El asunto de los arquetipos culturales de un grupo humano, de una cultura,
de un pueblo, de una tradición, constituye un elemento fundamental en
el dominio de los sueños. La vía de los sueños es diferente
según el contexto cultural en el que se vive. Será necesario reflexionar
cuidadosamente acerca de la utilización de esta vía. Podemos considerar
tres tipos de aciertos.
Existe la vía occidental, ilustrada por Hervey de Saint Denys y por Van
Eeden. Una vez logrado el control de los sueños no saben cómo
utilizar este conocimiento. En un contexto cultural laico y cientificista, no
logran acceder a ninguna imagen arquetípica, y no obtienen consuelo alguno
de su práctica. Utilizan los sueños sólo para plantearse
problemas psicológicos en los que terminan por enredarse. El “mundo
real pero falseado de los sueños” no les sirvió más
que para tenderse una trampa.
La segunda vía es la condición de brujo a la que Don Juan Matus
conduce a Castaneda. Es una vía impresionante por su nivel de realización
y de poderío. Es la vía de todos los brujos europeos, desde el
medioevo hasta nuestros días. No conduce sino a la desesperación.
“Serás brujo, pero no te servirá de nada. Tendrás
que abandonarlo todo. Suprema agonía, soledad indescriptible. Ninguna
criatura habrá de parecerte real. Genaro tomó riesgos incalculables
para llegar hasta ti. Aunque el brujo se cuida de no entregarse a sus inclinaciones,
no puede evitar el sufrimiento ni el dolor. Al penetrar en lo desconocido, al
brujo lo embarga la tristeza porque es un mundo que carece de sentido”
(creeríamos estar leyendo a Sartre). El nagual es caótico y malvado.
Ninguna persona de mérito le dirige la palabra. Habrá que desconfiar
incluso de sus aliados. Para adquirir poderío sobre el mundo terrenal,
uno se ve enfrentado a fuerzas del más allá aún más
peligrosas. Y la verdad es que Castaneda tuvo suerte al toparse con Don Juan,
quien escogió un camino sembrado de buenos sentimientos (su propio
benefactor era un brujo poderoso pero malvado). Es así como también
a su tristeza frente a la muerte se contrapone su ardiente amor por la Tierra.
¡Qué contraste con los arquetipos de los sufíes! La lucha
con el demonio queda relegada para dar paso al inmenso océano del amor
divino. Es un mundo de luz y de esplendor. La vía de los sueños
no conduce a la soledad sino a un estrecho contacto con los guías espirituales
y los protectores invisibles. Encontramos también en los sufíes
una faceta bastante cristiana de la expiación. No se trata en absoluto
del ascetismo indispensable (tapas), sino de arquetipos masoquistas: el místico
debe pagar su felicidad interior por medio de sufrimiento externos, es la vía
de la culpa (malamat) o vía del desprecio, ligada a la aniquilación
(fana), la kenose y la búsqueda masoquista de situaciones de persecución.
De este modo, mi instinto me llevó a elegir la vía de los sueños
utilizada por el yoga para evitar los arquetipos sadomasoquistas de nuestra
cultura occidental. La prefería a la vía del Zen ya que los relatos
de vida de todos estos monjes japoneses que accedieron al satori muestran que
la elección de este camino no los llevó al amor ni los convirtió
en seres bienhechores.
2.- La psicología del yoga y su confirmación científica
A.- Los tres estados de conciencia
El yoga distingue varios estados de conciencia en los que vive la humanidad.
En primer lugar está el estado de vigilia (jagarhita) que corresponde
a la vida cotidiana. Luego viene el estado de sueño (svapna) donde podemos
reconoce el término griego suepnos, la visión, próxima
a upnos, el sueño (dormir). Este estado de sueño profundo en que
no hay producción onírica recibe el nombre de sushupti.
Más allá de estos tres estados clásicos, que experimentan
todas las personas, los yogis reconocen un cuarto estado de conciencia conocido
sólo por las personas que meditan y que han logrado el despertar a través
del éxtasis y del que sólo podrá decirse que constituye
un cuarto estado (turya). Y cuando éste se establece en forma habitual,
se accede al quinto estado que corresponde a la frecuentación del cuarto
(turyatita).
Estos tres estados de conciencia corresponden a los tres dioses del hinduismo:
tenemos la experiencia de Brahma, en el estado de vigilia, de Vishnu durante
la visión de ensoñación y de Shiva en el vacío del
sueño profundo. Este antiguo descubrimiento de los tres estados de conciencia
constituye una de las enseñanzas de Yajnavalka en el Brhad Aranyaka Upanishad.
Se encuentra expuesto en detalle en la Mandrukya Upanishad que está enteramente
consagrada a este tema. Según ella, la realidad está compuesta
de cuatro cuartos.
El primer cuarto corresponde al estado de vigilia, en que se conoce el mundo
exterior, se disfruta del universo material: es el fuego común a todos
los seres (vaishvanara) representado por la letra A, símbolo de primacía
y de éxito.
El segundo corresponde al estado de sueño ligero en que se sueña
y se conoce el mundo interior, se disfruta del elemento sutil; es el que proviene
de la luz (taijasa), representada por la letra U, símbolo de elevación
y de equilibrio.
El tercero corresponde al estado de sueño profundo en el que no hay producción
onírica y en el que se goza de beatitud; es aquel que proviene del conocimiento
(jnana) representado por la letra M, símbolo de mesura y de absorción.
En cuanto al cuarto (turya), no atañe al conocimiento de lo externo ni
de lo interno, ni es conocimiento de sí mismo, ni inconciencia: invisible,
inaccesible, indefinible, impensable, innombrable, la única prueba de
su existencia se encuentra en la persona misma, aboliendo toda diversidad,
trayendo la paz...
La mente deberá atravesar estos tres planos de realidad, sin detenerse,
para acceder finalmente al cuarto. Habiendo logrado primero que la conciencia
acceda al mundo de los sueños, la persona comprende la ilusión
de la víspera. Luego, queda por descubrir la ilusión de los
sueños conservando la conciencia durante el dormir. Finalmente,
el descubrimiento de la ilusión de toda conciencia (de algo) permite
que toda dualidad se disuelva en el estado de no-dualidad.
Como hemos visto, la psicología del dormir y de los sueños confirma
esta división tripartita. Efectivamente, existen tres estados mentales
diferentes. El sueño no es parte del dormir. Hay dos formas de despertar:
una en función de las actividades ordinarias del día, otra en
función del sueño. Durante el sueño, se despliega otra
vida, y son pocas las personas que logran recobrar la conciencia de esta otra
vida durante los períodos de vigilia. Llevan entonces dos vidas paralelas,
entre las que no existe comunicación alguna. El método que proponemos
permite la reunificación de estas dos vidas.
b.- Los movimientos oculares
Para acceder al estado de meditación en que la mente se estabiliza
y en que cesa el flujo de la marea del inconsciente llamado ensoñación,
el yoga sugiere que la persona inmovilice el cuerpo en una postura estable y
agradable, que controle su respiración y finalmente, para aquellas mentes
débiles o confusas, propone el Bhrumadya, o convergencia ocular alta
(rotar los ojos hacia el tercer ojo que se encuentra entre las cejas (Hatha-Yoga
Pradipika IV. 39) Este extraño consejo de ponerse bizco ha sido causa
de innumerables burlas por parte de personas que no comprenden de lo que se
trata y que acostumbran burlarse de todo aquello que no comprenden. La práctica
mesurada de esta técnica prueba su eficacia.
La ciencia contemporánea corrobora la importancia de esta técnica
al revelarnos el vínculo existente entre la actividad mental y los movimientos
oculares. Las investigaciones científicas en estética experimental
han demostrado que cuando creemos fijar la mirada para contemplar un objeto,
un cuadro por ejemplo, nuestros ojos en realidad no dejan de moverse. Una cámara
ultrarápida puede filmar estos movimientos oculares y los estudios
estadísticos muestran el complejo circuito que siguen los ojos humanos
que aparentemente contemplan un objeto sin moverse.
Inversamente, los estudios sobre el dormir han demostrado que la producción
onírica está vinculada a los movimientos oculares que se
dan bajo la forma de pequeños saltos binocularmente sincrónicos.
Cuando al despertar al mundo de los sueños la mente comienza nuevamente
a funcionar, los ojos comienzan a moverse bajo los párpados cerrados.
El hecho de hacer converger ligeramente los ojos permite mantenerlos fijos y
así estabilizar la actividad mental, como lo descubrieron los experimentadores
del yoga hace ya varios milenios.
-
3.- Yoga-nidra
Yoga-nidra es el yoga del dormir despierto. No habrá que confundirlo
con el soñar; Patanjali establece una clara diferenciación entre
svapna y nidra (Yoga-Sutra 1,38). Se trata de un estado de conciencia original
en el que nos encontramos nuevamente con el nivel del sueño despierto
dirigido. Los textos de la religión hindú destacan su tremenda
importancia. El estado de dormir del yoga es un estado de sueño consciente
que corresponde a aquel del propio dios.
Al comienzo, está lo no-manifestado (parasamid) y cuando se manifiesta,
lo hace bajo la forma de una conciencia-energía de considerable poderío,
luego su condensación da origen a la materia, al universo material que
conocemos. Nuevamente, será reabsorbido en la pura conciencia.
Cada manifestación del universo a partir del poder infinito corresponde
a lo que los occidentales denominan “creación divina”.
Los períodos intermediarios en que el universo no aparece manifiesto,
son los períodos durante los cuales el poder infinito duerme el sueño
del yoga-nidra. Si queremos traducir estas realidades en términos religiosos
como actos divinos, se podrá decir junto con la Devi-Mahatreya I, 67:
entre los períodos en que se manifiesta el universo, el gran dios Vishnu
duerme y su espíritu divino flota sobre las aguas. Las imágenes
divinas habituales lo muestran acostado sobre la gran serpiente Shesha
(Vestigio) o Ananta (Sin-Fin) hija de Kashiapa (Visión), de pesados párpados.
“EI universo entero se transforma entonces en un inmenso océano.
Después de haber devorado a todos los seres, el dios soberano duerme
sobre los anillos de serpiente” (Vishnu Purana, I, 2, 64). Sólo
queda un espíritu en yoga-nidra que flota sobre la vasta extensión
de las aguas; bajo este aspecto Vishnu recibe el nombre de Narayana (el que
descansa sobre las aguas). Cuando el universo ha sido reabsorbido por éste,
no deja de existir totalmente. Este vestigio de los universos destruidos da
su nombre también a la serpiente sin fin, Sesha, el Vestigio.
Para que el universo pueda cobrar forma nuevamente, es preciso que subsista
bajo la forma de un sueño el germen de todo lo que ha sido y será,
sobre el océano sin límite de las causas. Vishnu identificado
con el estado de sueño, es aquel que conserva y asegura la permanencia.
Contiene todos los mundos posibles en tanto modelos o arquetipos. Inventa el
nuevo mundo soñándolo, en una creación mental. Todo el
universo, no materializado en energía, se encuentra presente y actuante
en su sueño yóguico. Para darle forma, es necesario que su shakti
(su energía, bajo la forma de su aspecto femenino), “Potencia de
Multiplicación”, salga por su ojo derecho. Entonces se levanta
de su sueño y nace el mundo. Será Brahma quien materialice estos
modelos producto del sueño en un esfuerzo “creador” o más
exactamente semiúrgico. Y Shiva, el Tiempo o Señor del Sueño,
es el nombre religioso de la fuerza que lo adormece y que asegura la reabsorción
en el poder infinito.
Yoga-nidra es el dormir consciente. Para lograr este estado son necesarias
dos técnicas: durante el día tratar de adormecer la conciencia,
durante la noche tratar de hacer consciente el dormir. Por lo general, uno aprende
primero a dominar la primera técnica que es la más fácil.
Esta vía del yoga-nidra no se enseña en forma apropiada en Occidente.
No se alcanza una verdadera ni profunda relajación ya que no hay control
alguno sobre la relajación muscular. Los samkalpas (resoluciones) se
hacen con la fuerza del ego, con un ansioso deseo de éxito sin ningún
karmayoga (desprendimiento). La rotación de conciencia es puramente intelectual
y atrae de este modo a los hipocondríacos; no alcanza el plano de la
imagen y menos aún el de la sensación. Sin embargo, esta técnica
es la que más le aporta a la persona, por la reintegración del
esquema corporal, y el descubrimiento de sus alteraciones, las dismorfofobias.
Las evocaciones de imágenes demasiado rápidas son puramente intelectuales
y no permiten una verdadera producción de imágenes. En el mejor
de los casos, lo que se logra es una relajación de grupo acompañada
de algunas técnicas de Vittoz, dispensada a alumnos somnolientos envueltos
en frazadas.
Swami Satayanda Parahamsa busca restablecer la enseñanza tradicional
de esta técnica. En primer lugar la instala en el corpus del yoga tántrico
(Tantra Shastra) justo antes de nyasa (la consagración corporal o encarnación).
De hecho, pertenece al Laya-yoga (el yoga de la reabsorción) y se sitúa
después de Bhuta-cuddhi, la purificación de los elementos. Luego
enriquece esta técnica incorporando otras técnicas paralelas,
que efectivamente son inseparables: la respiración consciente (vidya-pranayama),
el silencio interior (antar mouna), el descubrimiento del espacio interior (chidakasha
dharana), las invocaciones divinas (japa y mantra yoga), la escucha de los sonidos
interiores (nada-anusandhana). La temperatura del recinto, sin corrientes de
aire, debe ser tal que no se sienta calor ni frío, y las vestimentas
serán “as few as posible” (yoga nidra p. 17), tan reducidas
como sea posible. El yoga naturista prescinde totalmente de la ropa. Y para
aquellos a quienes esta situación incomoda, bastará con un cubre-sexo.
El principal efecto que tienen los cursos occidentales de yoga-nidra es que
los alumnos se vuelven muy sensibles al frío y desarrollan un condicionamiento
que los lleva a cubrirse y a envolver el cuerpo con frazadas. Personalmente,
para evitar la somnolencia, sólo hacemos practicar el yoga-nidra estando
la persona sentada en posición de meditación.
Satyananda precisa que el yoga-nidra nos conduce al plano del “self-induced
dreaming” (op. cit., p. 24). Se trata justamente del plano del sueño
despierto dirigido en que se tiene la certeza de que el sujeto no duerme ya
que relata sus sueños en voz alta. La diferencia consiste en que durante
el sueño despierto y el sueño nocturno remontan las imágenes
del inconsciente, en tanto que durante el yoga-nidra, los “sueños”
deberían surgir siguiendo las instrucciones del maestro de yoga, “During
yoga-nidra we create a “dream” according to the guide's instructions”.
De hecho, no es esto lo que ocurre y el propio Satyananda reconoce en la página
35 que las imágenes sugeridas son símbolos muy poderosos y que,
por lo tanto habrá que evitar proponer las fobias más habituales:
caída, ahogo, fuego, objetos suspendidos sobre la cabeza, etc.
Aquí nos topamos nuevamente con el despertar de las imágenes aterradoras
o angustiosas que han sido reprimidas, situación muy conocida en el sueño
vigil dirigido (ver pág. 94 y sgtes). Estas imágenes resultan
insoportables para algunas personas quienes luego desarrollan depresiones nerviosas,
alucinaciones o temas delirantes. Este trabajo, por lo tanto, deberá
guiarse en forma terapéutica.
Además, el instructor deberá ser un maestro del yoga que ha purificado
su inconsciente (mediante la victoria sobre los kleshas, secando la fuente
de los samskaras y remontando hasta sus vasanas); es así como se conoce
a sí mismo y aprende el dominio de sí mismo a través de
un análisis permanente que sigue a su propio psicoanálisis. En
caso contrario, sin saberlo ni desearlo, contagiará a sus alumnos con
sus propios fantasmas más poderosos. En efecto, el yoga-nidra mal practicado
tiene poderosos efectos hipnóticos. Es así como se propagan con
tanta facilidad los fantasmas de homosexualidad y de lesbianismo.
Más adelante, Satyananda presenta en dos fases todo el mecanismo de control
de los sueños contenido en el yoga-nidra. “Las imágenes
del inconsciente cargadas de emoción deberán ver la luz del día
antes de poder acceder a los niveles más profundos de meditación”.
Cuando comienzan a surgir, estas imágenes pueden revestir formas turbadoras
y horrorosas, tales como demonios, dragones, fantasmas, serpientes, diablos,
etc., pero gradualmente su aspecto se va transformando y uno comenzará
a ver magníficos jardines, lagos serenos, vastos paisajes, santos y a
sí mismo en paz, diferentes imágenes del propio yo más
elevado” (pág. 13).
Es todo el programa de una terapia a través del sueño vigil dirigido
o de un análisis jungiano, pero esto requiere una dedicación de
por lo menos tres a cinco años. Y para la técnica del yoga-nidra,
el criterio será el apaciguamiento y la purificación de los sueños
nocturnos, porque el yogui es el amo de sus sueños.
El yoga-nidra es la vía que conduce al dominio de los sueños,
a condición que se lo practique completamente y con seriedad. Porque
no habrá que olvidar la segunda parte del trabajo para obtener el sueño
consciente: el entrenamiento nocturno. El verdadero yoga-nidra no consiste en
un entrenamiento para dormitar durante una seudorrelajación; por el contrario,
se trata de obtener el “sueño despierto” mediante el establecimiento
de sueños lúcidos y de una experiencia del sí mismo durante
el dormir sin producción de sueños.
Pandit Gopi Krishna nos proporciona un ejemplo de la utilización de la
vía de los sueños en el marco del hinduismo. Después de
haber practicado la meditación en forma continua durante 17 años
obtuvo el despertar de la Kundalini, (la serpiente de fuego de la columna vertebral)
durante un samadhi o éxtasis. Tres meses después obtuvo una modificación
de su conciencia de sueño “Desde ese día, me fueron habituales
los sueños extraordinariamente intensos y precisos. Cada noche durante
el sueño era transportado a un país de hadas, vestido de luz flotaba
de lugar en lugar, con la ligereza de una pluma. Experimentaba en general un
sentimiento de seguridad y de alegría que nada poco armónico o
molesto podía turbar, y todo estaba revestido de una atmósfera
de paz y de felicidad, que daba a mis sueños un carácter tan único
y atractivo, que por nada del mundo hubiera perdido mis horas de sueño”.
Pero nada hay de extraordinario en esta proeza ya que Krishna le debía
la vida a un sueño de potencia. Poco después de su nacimiento,
estuvo a punto de morir ya que una garganta inflamada le impedía tragar.
Desesperada, su madre solicitó mentalmente la ayuda de un yogui afamado.
Este se le apareció en sueños durante la noche, e introdujo un
dedo en la boca del niño hasta tocar la garganta, y luego le indicó
mediante señas que lo alimentara. Despertó sobresaltada, lo puso
al seno y comprobó aliviada que el niño era capaz de tragar nuevamente.
Hizo el voto de realizar un peregrinaje para agradecer al yogui pero no pudo
cumplir su promesa sino hasta varios años más tarde. En el momento
de esta visita el yogui “inquirió en forma casual si yo había
podido mamar y tragar después de la visita que éste le hiciera
en sueños. Muda de estupor, mi madre se prosternó a sus pies,
solicitando humildemente su bendición”. Y, favor insigne, el yogui
la toma entre sus brazos y acaricia sus cabellos. Esta comunicación de
energía guarda estrecha relación con la obtención del despertar,
mediante el yoga. Y vemos que los poderes obtenidos por el yogui, cuyo nombre
no aparece revelado, son similares a aquéllos descritos por Don Juan
Matus, siendo además utilizados en la India en forma benéfica.
La realidad de esta vía se encuentra en la obtención del despertar
(buddhi) y para lograrlo la vía de los sueños constituye uno de
los caminos más eficaces. Pero deberán seguirse los tres estados
de conciencia.
-En primer lugar, durante el estado de vigilia hacer consciente todas aquellas
funciones posibles: respiración, tono muscular, ritmo del corazón,
termorregulación, rastros perdidos de traumatismos en esta vida y las
otras (samskara y vasanas), nadis y energías etc.
-Luego, introducir la propia conciencia en los sueños y obtener sueños
lúcidos. Todo este libro se resume en esta única fase; se sitúa
ahí en el yoga.
Pero el yoga nos entrega también sus secretos para acceder a este
plano. Son presentados en forma abrupta e infinitamente elíptica
en los Yoga-Sutras de Patanjali: “Hridaye chitta-samvid” (III, 35)
“ejecutando Samyama sobre el corazón, se accede al estado
de conciencia de la mentes”. La explicación se encuentra en el
Vijnabharaiva tantra, valiosa colección de técnicas y de meditaciones.
Bhairava el Terrible, es la forma tremenda que adopta Shiva, destruyendo
al anciano o lo demasiado humano que habita dentro de nosotros. Esta destrucción,
cuya representación es el collar de cabezas cortadas, es difícil
de obrar; sin embargo, provocará el éxtasis. “Cuando el
sueño todavía no ha llegado y que sin embargo el mundo exterior
ha desaparecido, entonces se alza la esencia de la Felicidad suprema”
(pág. 74). Se presenta también el programa que permite descubrir
la acción divina en el triple estado: “Cuando se conoce plenamente
la forma de Bhairava durante la vigilia, causa de la dualidad, en la visión
exteriorizante del sueño y en las tinieblas del sueño, entonces
lo invade a uno el esplendor infinito de la conciencias” (pág.
86). Para obtener el estado de los sueños lúcidos, el yoga propone
utilizar el cuerpo y particularmente la respiración, que es la intermediaria
entre el espíritu y la materia. Esta fuerza del aliento o prana, es la
que va a establecer el vínculo entre los centros de energía, que
son la caverna del corazón que desborda de amor y la parte superior
de la cabeza por donde se establece el vínculo con las Fuerzas superiores.
“Si uno se concentra en la energía del aliento en su débil
vaivén, medita y envía la energía del prana a la parte
superior de la cabeza y en el momento de dormirse penetra en el propio corazón,
entonces logrará el dominio de los sueños”. (55)
-Finalmente, introducir la conciencia en el dormir sin sueños, entonces
se accede al cuarto estado (turya). Las técnicas del yoga tibetano nos
enseñarán cómo lograrlo.
4.- El yoga tibetano
Los lamas tibetanos han revelado un cierto número de técnicas
para lograr el dominio de los sueños. Estas habían sido mantenidas
en secreto debido a su gran poder, y por lo tanto, sólo deberán
ser utilizadas en el momento oportuno bajo la conducción de un instructor
calificado.
Una de estas técnicas aparece en el libro Tamrin de Tsongnapa (1357-1419),
el reformador del lamaísmo quien fundó la orden de los Geluspas
“Los virtuosos” o gorros amarillos, cuyo jefe es el Dalai lama (Océano
de Sabiduría).
Después de instaurar la verdad y la meditación en la vida vigil,
no habrá que desperdiciar el tiempo durante la noche transformándose
durante el sueño en un ser inerte como una piedra. Tampoco habrá
que caer en los sueños nefastos (masoquistas o eróticos) ya que
entonces “se teje el mal”. Uno se perjudica al destruir durante
la noche todo lo que ha construido pacientemente durante el día mediante
la práctica de la moral y de la meditación (como una Penélope
involuntaria).
Para evitar aquello, habrá que observar primero los propios sueños
cuidadosa y escrupulosamente, luego habrá que conocer las disposiciones
escondidas (por lo tanto, el equivalente a un psicoanálisis).
Después, habrá que convertirse en naldjorpa, maestro del dormir
y del sueño. Para lograrlo, hay que acostarse en simshana, la postura
del león, extendido sobre el costado derecho, con la mejilla derecha
apoyada sobre la palma de la mano derecha. Habrá entonces que practicar
diferentes técnicas de visualización, de contemplación
o de meditación según el linaje de los instructores.
He aquí la descripción de la “contemplación del Sol
nocturno”. Al dormirse, la persona visualiza el transcurso del sol diurno
del horizonte hasta el cenit, lo que despierta en su interior el sol de medianoche
y se duerme antes que surja cualquier otra imagen. En la mañana, al despertar,
hace descender la imagen del sol desde el cenit hasta el horizonte de su corazón,
lugar donde permanecerá durante toda su vida vigil. Luego sigue “el
despertar de la Clara Luz” (od gsal). Coloca su mente dentro de su corazón
y visualiza un loto (de 4 ó 5 pétalos, según la tradición)
con los colores consagrados y la luz que viaja sin cesar del centro a los pétalos
y de los pétalos al centro. Cuando flaquea su atención y aparece
el sueño, detiene las dos procesiones luminosas y cierra los pétalos
del loto uno a uno. Cuando la flor está cerrada y de ésta brota
un rayo de luz, piensa en este momento: “todo está vacío”
y pierde conciencia del mundo y de sí mismo. Si despierta durante la
noche, tendrá la visión de la luz, sin que ésta adopte
ninguna otra forma. Cuando se ha logrado hacer penetrar la luz en el corazón
“desaparece la oscuridad, ya no habrá día ni noche”.
La Clara Luz ha despertado para siempre, uno vive de acuerdo al plan y la luz
habrá de servirle de guía.
Existen muchos otros métodos y su efecto general es triple. En primer
lugar, el discípulo sólo tiene sueños purificados (se ha
despojado a sí mismo y ha despojado a sus sueños del odio, del
sexo y del egoísmo). Luego, pierde la ilusión del sueño
y accede al plano de los sueños lúcidos. Finalmente, en el tercer
plano, no sueña sino aquello que desea soñar y en el momento que
lo desea. Ha renovado el contacto con las Fuentes que le sirven de inspiración.
Queda entonces por introducir la conciencia en el sueño profundo sin
producción onírica. Para ello, habrá que renunciar al sueño
pesado y embrutecedor al que estamos acostumbrados. La pureza del modo de vida
y de la alimentación (sin alcohol) contribuirán a ello.
Con la práctica constante de la meditación, el sueño se
hace “ligero como el de los animales salvajes”. Entonces todo es
posible. Esto se logra a menudo después del retiro de tres años,
tres meses y tres días, encerrado en una celda tan estrecha que no permite
estar de pie ni acostado. El pensamiento adquiere entonces una nueva forma de
funcionar, que se hace consciente por medio de la concentración que representa
para nuestro flujo mental habitual lo que el rayo láser es para la luz
ordinaria e incoherente.
De este modo, por medio de la concentración rnigs-pa, se produce la objetivación
de estas imágenes, lo que sumerge a la persona en un nuevo mundo imaginario.
Entonces se podrán crear (o exteriorizar, hacer manifiestos) los tutpas
(creaciones mentales sprul-pa) o exteriorización visible de un pensamiento
(creando una alucinación colectiva).
Accedemos aquí al plano divino que constituyó nuestro punto de
partida. Lo que de este modo puede lograr el asceta, equivale a cómo
fue creado el mundo. Es el tulpa de la potencia infinita. “Al final de
los Tiempos todos los seres serán reabsorbidos en mi poder creador. En
el comienzo de los nuevos tiempos, los expulso nuevamente” (Bhagavad-Gita).
El libro tibetano del yoga de las seis doctrinas (Chosdrug) de la escuela Kargyupa
de los Gorros Rojos, dedica enteramente su tercera sección al dominio
de los sueños.
La primera es la del gtum-rno, o dominio de la termorregulación, el despertar
del calor psíquico, secreto o vital, “el suave abrigo de los ángeles”
que permite soportar los duros inviernos del Tíbet en las celdas o grutas
consagradas a la meditación.
La segunda es la materialización del cuerpo ilusorio (Maya-kaya o sgyu-lus)
pero no bajo la forma de materia impura sino en proyección mental (tulpa)
como una imagen de sueño.
La cuarta es la visión de la Clara Luz (hod-gral) sobre el sendero y
del resultado que trae la experiencia de la realidad omnipresente.
La quinta es el estudio del estado intermediario (Bardo) mediante la exploración
mental de la condición de los fallecidos que se encuentran entre la muerte
y el renacimiento.
La sexta y última es la transferencia de conciencia (Sho-wa) “como
un pájaro que emprende el vuelo por una ventana abierta”,
el principio de conciencia pasa a otro cuerpo sin perder su continuidad de conciencia,
lo que significa vencer a la muerte.
La doctrina del estado de sueño (Rmi-Pam) permite lograr el dominio de
los propios sueños, pero permite también comprender su grado de
realidad (la vida de la vigilia no es más real, ya que mediante el poder
de las visiones se puede acceder al verdadero mundo de la realidad por el cual
todo es posible en el mundo de la vigilia).
La cabal comprensión de la naturaleza del estado de sueño se logra
mediante el poder de la resolución que a través de la concentración
sobre el gurú permite mantener la continuidad de la propia conciencia
del estado de vigilia en estado de sueño (obtención duradera del
estado de sueño lúcido). Esto se logra mediante manipulaciones
fisiológicas: acostándose sobre el costado derecho en la postura
del león, con la mano derecha se presionan las pulsaciones de las arterias
carótidas de la garganta mientras que con la mano izquierda se practica
la respiración alternada (nadisodhana) mientras se deja acumular la saliva
en la garganta. A esto habrá que añadir las visualizaciones: sobre
vishuda, el chakra de la garganta, se visualiza a Vajra Yogini rojo, o sobre
Ajna, el tercer ojo, aparece un punto luminoso de un color que corresponda al
temperamento, o, si hiciera falta, sobre Swadisthana, el chakra del sexo, se
visualiza un punto negro.
Para evitar despertar en el momento en que uno adquiere conciencia de que está
soñando, será necesario dedicarse durante el día a una
labor extenuante, lo que llevará a un sueño profundo.
Si un sueño se repite constantemente en forma obsesiva, habrá
que meditar acerca de éste reteniendo al mismo tiempo la respiración
y concentrándose en Ajna. Si por la mañana no se logran recordar
los sueños, habrá que evitar las impurezas de los lugares nefastos,
se recibirá una iniciación (rig-pahi-rtsal-dvang) y la persona
deberá concentrarse en Swadisthana, junto con retener la respiración,
después de una ofrenda de alimentos a los Espíritus.
Luego viene la transmutación del contenido de los sueños, lo que
se logra enfrentando los peligros en sueños y transformándolos
en elementos benéficos. Por ejemplo, si un incendio amenaza a una persona,
pensará “el fuego no representa peligro alguno” y la persona
decide caminar sobre el fuego en forma voluntaria. Luego, al concentrarse en
un punto rojo en Vishuda, se podrá visitar en sueños el reino
celeste.
Entonces es posible, en un tercer momento, llegar a comprender que los sueños,
con su irrealidad y su poder, no representan más que una ilusión
(maya). Habiendo logrado el poder sobre las imágenes de los sueños,
se deberá poder transmutar fácilmente los elementos (transformando
por ejemplo, el fuego en agua) o las dimensiones (agrandando y empequeñeciendo
todas las imágenes a voluntad) o de pluralidad (transformando en múltiple
aquello que es único y a la inversa). Entonces podrá uno comprender
la verdadera naturaleza de “su cuerpo de sueños” y de todas
las visiones de ensoñación, sobre todo las visiones de divinidades.
Por último, habrá que meditar acerca de “aquello”
que constituye el estado del soñar. Aquello, es la Verdadera identidad,
que purifica todas las tendencias del sueño. Al concentrarse en las visiones
beatíficas de las divinidades y conservando libre el espíritu,
entonces la Clara Luz cuya esencia es el Vacío comienza a brillar. Es
decir, que uno llega a comprender verdaderamente que las percepciones del día
y las visiones de los sueños no son más que la misma realidad
numenal que sostiene la maya, la clara luz de la Realidad Esencial. Volvemos
a encontrar todas estas etapas en la vida de Milarepa, quien llegó a
ser maestro de sus sueños.
5.- El libro de los muertos tibetanos (Bardo thödol)
Los lamas tibetanos han desarrollado una extraordinaria ciencia de la muerte:
sus etapas, la disolución de los diferentes elementos y de nuestros
diversos componentes, los períodos intermedios antes de un nuevo
renacimiento, en el Bardo, el país de los cielos y de los infiernos creados
por la propia persona.
Sus enseñanzas recibieron una extraordinaria confirmación
en el libro del Dr. Moody La vida más allá de la vida. Este libro
es el resultado de ocho años de investigación de 150 casos de
coma en que las personas lograron salir con vida de este estado. Se trata de
personas que tras haber perdido el conocimiento luego de un accidente, de una
operación quirúrgica, de un parto, de una agonía,
luego volvieron en sí. Con mucha reticencia, aceptaron describir esta
experiencia cuya intensidad y nitidez dejó una huella imborrable en sus
vidas. En resumen, cada una de estas experiencias describe un itinerario cuyo
conjunto, al descomponerse, forma una sucesión de nueve experiencias,
que solamente aquellas personas que permanecieron ausentes durante largo tiempo
experimentaron.
1. Primero, la sorpresa al descubrir que después de la muerte uno no
muere, sino que continúa pensando, sintiendo, flotando en el espacio.
2. La irrupción súbita de un sonido muy violento (silbato, detonación,
vuelo de aviones a ras de tierra...).
3. La caída en el túnel oscuro o el pozo sin fondo.
4. La decorporación. La persona puede ver su cuerpo de carne y hueso
desde afuera, ya que posee otro cuerpo espiritual, lo que la hace invisible
e inaudible para los vivos. Y la persona no sabe hacia donde dirigirse.
5. Los parientes o amigos difuntos se acercan para dar la bienvenida a la persona.
6. Aparece una luz brillante pero no cegadora, de donde emana el amor.
7. Se despliega ante la persona el panorama de su vida entera y recapitula todo
lo que hizo bien.
8. Aparece una frontera, una vasta extensión de agua con un barquero,
la bruma que flota… si se cruza, el retorno será imposible.
9. El retorno.
Mientras más prolongada sea la experiencia, menos desea la persona
volver a su cuerpo de carne y hueso y más se arrepiente una vez que ha
regresado. Pero se pierde el temor a la muerte y se adquiere la convicción
de que el amor y el conocimiento constituyen la única realidad importante.
Moody reconoce una sola excepción a este tipo de vivencia post-mortem:
el suicidio.
En este caso, son las imágenes del terror las que invaden la conciencia.
Encontramos una excelente descripción de esta experiencia en la pág.
74 de Los caminos de la liberación de Barte Nhi. Un militar de carrera,
después de haber intentado suicidarse con cinco disparos de un revólver,
es devuelto a la vida tras once intervenciones quirúrgicas. Relata su
viaje a los infiernos, poblado de sapos, leprosos, enormes ratas, cangrejos
gigantes que devoraban montañas de inmundicias.
“Después de esta experiencia sumamente enriquecedora, me convertí
en un ser más humano más bondadoso hacia las demás personas.
Me pesa este mundo. Pero ya no busco la muerte”.
El Bardo Thödol describe tres estados intermediarios (entre los renacimientos).
1. El chikhai bardo o estado transitorio del momento de la muerte. Los lamas
tibetanos han desarrollado una ciencia muy sutil de las fases de la agonía,
especialmente desde el punto de vista de los estados de conciencia superiores,
que facilitan mediante diferentes manipulaciones y compresiones del cuerpo.
2. El chönid bardo, estado transitorio de la realidad intermediaria.
3. El sidpa bardo, estado transitorio del renacimiento que permite la toma de
conciencia del instinto de renacimiento y la elección de la matriz más
favorable.
El lama le habla al espíritu del difunto para guiarlo por este mundo
de la realidad intermediaria durante siete semanas. “Cuando haya finalizado
la expiración, el alba del estado intermediario se levantará por
una media hora. Luego viene el período del chikhai que dura en promedio
cuatro días. Entras ahora a la Clara Luz fundamental y te encontrarás
cara a cara con ella. Si la reconoces serás libre. Si no logras reconocerla,
la Clara Luz secundaria se levantará una media hora después. Entonces
recobrarás la lucidez y sabrás que estás muerto. Podrás
ver tu antiguo cuerpo y todo tu entorno pero no podrás ser visto por
los humanos. Estás revestido del cuerpo brillante de la ilusión
(maya-rupa) que es el cuerpo del espíritu. Si en ambas ocasiones no has
podido reconocer la Clara Luz, caerás en el Chönid. Irrumpirán
los “sonidos que engendran el miedo” y las luces de infinitos rayos,
a la vez que se descomponen los cinco elementos constitutivos. Entonces surgirán
las ilusiones kármicas, primero bajo la forma de siete apariciones de
divinidades apacibles. Reconócelas y elige seguir la intensa luz azul
(éter) en vez de la apagada luz blanca, luego la intensa luz blanca (agua)
en vez de la humeante luz gris de tu cólera, luego la intensa luz amarilla
(tierra) en vez del azul amarilloso del egoísmo, o la intensa luz roja
(fuego) en vez de la luz rojiza de la avaricia y por último la intensa
luz verde (aire), en vez de la luz de los celos de un verde oscuro. Si no has
sabido o no has podido adherir a estas imágenes, las visiones serán
cada vez menos divinas; aparecerán las naturalezas inferiores y verás
a las 58 divinidades terribles, bebedoras de sangre. El miedo invadirá
tu espíritu, el terror y la angustia que emanan de ellas y su reconocimiento
se tornará cada vez más difícil. No se trata, sin embargo,
más que de la otra faceta de las mismas realidades. No te quedará
entonces sino errar por el mundo de los fantasmas y de los purgatorios en la
eterna luz gris crepuscular, perseguido por las terribles ráfagas del
viento del karma, helado de espanto ante las repugnantes visiones y los terribles
sonidos, embargado por una congoja y un dolor infinitos. Para escapar a estos
tormentos, nacerá en ti el deseo: “iOh cuánto daría
por poseer un cuerpo de carne y hueso!” Entrarás en el Sidpa y
te obsesionará el olor de los sexos en plena cópula. Apenas se
coagulen ambas células, busca ser el primer espíritu que penetre
en esta matriz. ¡Quiera que tu elección te asegure una nueva existencia
favorable para tu liberación!”
¿Qué es entonces lo que hay que reconocer en cada etapa para obtener
la liberación? Que el estado después de la muerte, el Bardo, es
un estado de sueño, y que la realidad es tan ilusoria como el sueño.
Que todos estos seres no representan más que proyecciones de mi inconsciente.
“Reconoce tus propias formas-pensamientos. Pueda yo reconocer que toda
visión es un reflejo de mi inconsciente. Pueda no temerle a las divinidades
apacibles o furiosas que son mis propias formas-pensamientos. No te dejes subyugar,
ni atemorizar, todo no es más que irradiación de tu propia y verdadera
naturaleza, como en los sueños. Desde el momento que ya no posees un
cuerpo material de carne y de hueso, nada podrá dañarte; ya no
puedes morir. Ha de bastarte saber que estas apariciones y visiones son tus
propias formas-pensamientos. Reconocer que el Bardo no es más que un
estado de sueño, pondrá fin a estas ilusiones que te persiguen.
Como en el sueño, reconocer que no se trata más que de un sueño
me da seguridad y poder reconocer que soy yo quien produce estas fantasmagorías
me revela mi propia naturaleza. Cuando has escuchado el trueno de la Realidad
y la luz de la gloriosa Verdad, no habrás visto sino tu propia naturaleza,
te habrás visto pues a ti mismo”.
Así, entonces, aprender lo que enseñamos aquí, a controlar
los propios sueños nocturnos al comprender que soy yo quien engendra
estos Seres atemorizantes de mis pesadillas (lo que me libera de todo miedo
ya que no se trata más que de un sueño y me permite transformarlos
en seres benéficos) es para los Tibetanos el mecanismo mismo de la Liberación
mediante el cual después de la muerte se detienen las proyecciones
de mi inconsciente, revelando mi propia naturaleza. Efectivamente, existen
seis Bardo; hemos presentado los tres últimos, los otros tres son Kyenay,
el de la concepción, Milam, el Bardo de los sueños, y Tingezim
samtam, el Bardo del éxtasis y de la meditación. En cada uno de
los seis casos, se trata de la misma ilusión que habrá que reconocer
como ilusión para acceder a la verdad.
Vemos entonces la excepcional importancia del dominio de los sueños:
nos impide caer y zozobrar en los Infiernos que engendramos cada noche, pero
sobre todo nos libra de los infiernos después de la muerte.
6.- El control de los sueños en la literatura de la India
Existen numerosos textos de la literatura de la India profana o sagrada que
tratan acerca del sueño sutil, de los sueños provocados, de los
sueños paralelos, de los viajes fuera del cuerpo durante los sueños,
de las visiones de iluminación, de la meditación en los sueños,
etc., desde el Veda hasta los libros contemporáneos (por ejemplo, el
libro de Rajneesh). Encontramos una buena presentación en el Esnul (1959),
con una importante sección dedicada a las técnicas de los sueños
en el tantrismo shivaíta de la Cachemira. Sus fuentes se encuentran,
para nosotros, en las prácticas del yoga y en los textos ya citados.
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