INTRODUCCIÓN
Los sueños tienen una fuerza considerable: constituyen nuestra
parte más profunda. Mediante el dominio de los sueños, usted podrá
saber verdaderamente quién es y lo que realmente desea.
Al descubrir esta parte profunda y desconocida, usted realizará su integración
personal y una unidad armónica. También conseguirá la paz
del corazón, que constituye el inicio del camino de la sabiduría.
Y luego podrá alcanzar un nuevo nivel creativo y utilizar sus sueños
para renovar su existencia.
El dominio de los sueños se consigue progresivamente a través
de varias etapas, En primer lugar se halla el dominio del dormir: poder despertarse
por voluntad propia, y luego dormirse cuando uno lo desea. Luego viene la etapa
del recuerdo de nuestros sueños. Algunas técnicas sencillas le
permitirán conservar, al momento de despertarse, el recuerdo de
su vida nocturna. En ese momento, y sólo entonces, será posible
comenzar a modificar los elementos de sus sueños. Al hacer: frente a
situaciones desagradables, usted las transformará en acciones benéficas.
Cuando consiga, durante un sueño, percatarse de que está soñando
y seguir soñando, habrá alcanzado el nivel de los sueños
lúcidos. Finalmente, al dirigir sus sueños, sabrá utilizarlos
como herramientas creativas. El dominio de los sueños es el paso de imágenes
anárquicas vividas pasivamente, llamadas sueños, a escenarios
producidos voluntariamente, llamados ensoñaciones o visiones de verdad.
Pero antes de abordar el dominio de los sueños, es conveniente, en primer
lugar, determinar qué es a ciencia cierta el sueño. Considerado
como algo problemático en nuestra civilización, no consigue encontrar
su justo lugar. Conviene, pues, estudiar cómo las diferentes épocas
han considerado el sueño y lo que éste pudo aportarles. Han existidos
varias actitudes sociales opuestas. ¿Debemos conferir la mayor importancia
a los sueños y ensoñaciones o despreciarlos, y considerar que
no representan más que acontecimientos vanos e insignificantes? De ahí
los estudios sobre la importancia del sueño (Cáp. 1) y sobre su
depreciación, porque durante mucho tiempo nos equivocamos mucho sobre
él (Cáp. 2). Esto es comprensible puesto que el sueño plantea
el problema de la naturaleza de lo Real y provoca una corrosión en nuestra
confianza respecto del valor absoluto de la vida diurna (Cáp. 3).
Los sueños fueron rehabilitados por el psicoanálisis, que mostró,
a través de la interpretación, que tenían un sentido profundo
simbólico y que podían revelarnos nuestro inconsciente. Pero Freud,
al publicar a comienzos de este siglo su monumental manifiesto Die Traumdeutung
(La interpretación de los sueños, posfechado en 1900) escribió
a modo de exergo: "Flectere si nequeo Superos Acheronta movedo” (Si
no puedo doblegar a los Dioses, voltearé los Infiernos). El psicoanálisis
nace, pues, de una decepción. Explora los bajos fondos del alma por no
poder elevarse a sus planos más elevados. Durante toda su vida, Freud
consideró que la exploración psicoanalítica estaba relacionada
con la dominación de los demonios y que constituía la forma moderna
del exorcismo. ("Aquel que, como yo, despierta los peores demonios mal
domados al fondo del alma humana, para combatirlos, debe estar dispuesto a perecer
en el intento”. Dora. "La compulsión de repetición
le confiere a ciertos aspectos de la vida psíquica su carácter
demoníaco”, La inquietante extrañeza). Siguiendo su ejemplo,
los psicoanalistas, al no poder cambiar los sueños, se dedicaron interpretarlos.
El conjunto de los intereses humanos no se reduce al interés, al sexo
y a la pulsión de muerte. La humanidad intenta demarcarse de ellos, guiada
por su fe en los valores.
La psiquis humana es mucho más compleja de lo que pensamos. Está
compuesta por varios niveles. Si bien hunde sus raíces en zonas pantanosas,
está también ligada a las fuerzas cósmicas. Es hora de
operar este vuelco salvador. Después del estudio llevado a cabo por el
psicoanálisis sobre el continente oscuro de las pulsiones inconscientes,
ha llegado el momento de estudiar el superconciente. Existen numerosos
procedimientos para encaminar al ser humano hacia las alturas, contribuir a
elevarlo por encima de sí mismo y permitirle identificarse con lo mejor
que lleva dentro suyo (Cáp. 4).
Puesto que nuestro tema de estudio es el dominio de los sueños, no insistiremos
sobre la simple interpretación, por lo demás abundantemente tratada
fuera de este libro, ni sobre los sueños proféticos, tema que
ha sido fuente de debates apasionados (Cáp. 5).
La demostración del dominio de los sueños es ahora posible, puesto
que el sueño se ha transformado en un elemento científico. Una
serie de descubrimientos recientes ha renovado su concepción y observación.
Ya no está reservado exclusivamente a la incertidumbre de la introspección.
Ahora sabemos que todas las personas tienen cuatro o cinco sueños por
noche, se acuerden o no de ellos. Se ha descubierto que constituye una
de las funciones más importantes del cuerpo: posee sus propios órganos
y sus conductores químicos. Es, junto al dormir y a la vigilia,
una de las tres modalidades de la vida. La psicofisiología lo trata
desde hace poco como un objeto detectado, medido y descrito por instrumentos
científicos (Cáp. 6).
En la segunda parte, estudiaremos las diferentes técnicas de DOMINIO
DE LOS SUEÑOS. En efecto, se trata de un vasto campo, que brinda la posibilidad
de seguir diferentes vías. Cada capítulo presentará las
valiosas enseñanzas y las técnicas particulares de una o
varias de esas vías. Las exploraremos detalladamente para que usted
pueda escoger la que más le conviene. Las bibliografías especializadas
que adjuntamos le permitirán profundizar aún más en
esa elección.
Comenzaremos por técnicas para desatarse a un a hora prefijada dormirse
a gusto de cada u no, acordarse de sus propios sueños; luego definiremos
los diferentes tipos de sueños vividos y de ensoñaciones producidas
(Cáp. 7).
La primera vía es la del sueño vigil, según Desoille. ¿Cómo
puede tenerse un sueño sin dormir? Esta técnica se aprende durante
el psicoanálisis, y su mérito consiste en mostrarnos muy claramente
cómo los sueños vigiles se transforman durante esta cura terapéutica.
Lo que este libro propone es hacer lo mismo con los sueños del dormir.
El dominio de los sueños es para nosotros una prolongación del
método del sueño vigil de Desoille a los sueños del dormir
(Cáp. 8).
Pero el proverbio: "el sabio es amo de sus sueños" nos recuerda
que se trata de una constatación muy antigua. En realidad, nosotros no
pretendemos proponer un descubrimiento científico. Nuestro único
objetivo es darle hoy un status científico a una larga tradición
perdida u oculta. La investigación que llevamos a cabo nos permitió
unir cabos dispersos para reconstruir una técnica con la cual será
posible experimentar a partir de ahora. La segunda vía, la de la Antigüedad,
nos enseña a usar la ensoñación terapéutica o incubación
(Cáp. 9).
Con posterioridad, varios occidentales han logrado dominar sus sueños.
Algunos lo han conseguido solos y por sus propias vías, sin ninguna indicación,
ni siquiera una lectura. Esto prueba que es posible que usted aprenda por esta
tercera vía las técnicas que ellos utilizaron y que les permitieron
tener éxito en sus intentos (Cáp. 10).
El dominio de los sueños es una técnica no sólo muy antigua,
sino ampliamente difundida a través del planeta. La vía más
célebre actualmente es la del Pueblo del Sueño, los Senoi, que
fuimos a estudiar en dos oportunidades a las selvas de Malasia. Nos constituyen
un ejemplo privilegiado, que nos permite prefigurar las consecuencias sociales
que entraña tal práctica. Ellos nos enseñan el provecho
que una cultura puede sacar de la práctica generalizada del dominio de
los sueños, particularmente en el campo de la cooperación
social (Cáp. 11).
La cuarta vía es, sin duda alguna, la más impresionante. Corresponde
a la de los Indios de América, para quienes alcanzar un sueño
creativo representa la principal prueba de iniciación de los adolescentes.
De éstos, la relación más detallada que poseemos es la
de los Indios de México, relatada por Castaneda. Aquí se proporcionan
técnicas muy precisas para reformar la vida (Cáp. 12).
Finalmente, la quinta vía corresponde a las tradiciones vivas de Oriente.
A través del sueño despierto, constituye mis primeras prácticas,
con mi iniciación al Yoga y al Sufismo. Por su ligazón con figuras
benéficas, es la vía noble y segura. Sus revelaciones y enseñanzas
se completan con las de los taoístas y de los lamas tibetanos, cuya revelación
es actualmente entregada a Occidente (Cáp. 13).
En el decimocuarto y último capítulo haremos la síntesis
de estas valiosas enseñanzas y estableceremos el programa práctico
de lo que es posible llevar a cabo como trabajo diurno y nocturno.
Quedará pendiente el estudio de las consecuencias y aplicaciones del
dominio de los sueños. Esta posibilidad está ahora abierta a todos
y no presenta riesgo alguno. En el plano teórico, tal descubrimiento
enriquecerá a los diferentes sectores de la investigación
científica y del conocimiento del ser humano. El estudio de los estados
de conciencia supervigiles ha sido el punto de partida de la psicología
transpersonal, de la cual este libro sobre el dominio de los sueños es
el primer capítulo. Esta operará una completa transformación
de la psicología.
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