CONCLUSIÓN
La posibilidad de volvernos amos de nuestros propios sueños constituye
un descubrimiento de considerable importancia para la psicología moderna.
Conviene medir los aportes prácticos y teóricos de este hecho;
lo hacemos respondiendo a tres objeciones.
1.- ¿ES POSIBLE?
El ser humano puede conseguir con su cuerpo niveles de realización,
antaño considerados increíbles. Nuestros ancestros de los siglos
anteriores habrían estimado imposible que el hombre pudiese saltar a
más de dos metros de altura, correr cien metros planos en menos de diez
segundos, cruzar a nado el canal de la Mancha en menos de diez horas y recorrer
cien metros a nado en menos de 53 segundos.
Aprender a controlar los propios sueños no resulta menos increíble
que aprender a nadar en estilo crawl. Todos no lo consiguen, pero esto no es
motivo para declararlo imposible.
No es más difícil distinguir la ensoñación del sueño
que distinguir la carrera de la caminata o el canto del habla.
2.- ¿ES PELIGROSO?
No, no hay inconveniente si se realiza el proceso con conciencia. Es
ciertamente menos peligroso que aprender a nadar, a montar a caballo, a esquiar,
a navegar a vela, o hacer paracaidismo. Siempre hay que saber parar cuando algo
anda mal, y retomar más adelante esta práctica, especialmente
cuando se siente dificultad para dormir o cuando aparecen jaquecas (como lo
observó Hervey de Saint-Denys). Pero esto perturba mucho menos el sueño
que los efectos secundarios de numerosos remedios.
Muchos objetarán, sin embargo, que de acuerdo a la teoría de Jouvet,
el sueño sirve para revisar nuestros comportamientos instintivos adquiridos,
agresivos y sexuales. Respecto a las técnicas sexuales, no se necesitan
los sueños para acordarse de éstas, pues son difícilmente
olvidables y en cuanto a los comportamientos agresivos y a las técnicas
de combate, no parece que éstas sean muy revisadas durante los sueños.
La mayoría de los sueños se hacen eco de la llaneza de la vida
cotidiana o de conductas masoquistas en las pesadillas. No tenemos ningún
interés en mantenerlas. Por lo demás, la teoría de Jouvet
concierne a los animales (gatos y ratones) y el hombre no es sólo un
animal.
Más seria resulta la objeción según la cual, de acuerdo
al psicoanálisis, el sueño es una válvula de seguridad,
el último refugio del ello. Algunos dirán que por esta vía
estamos llevando la censura hasta el ello. En primer lugar, ya se encuentra
allí, y, por lo demás, Freud define el sueño como un proceso
neurótico. Nuestra meta es idéntica a la de Freud: que allí
donde se encontraba el ello, reine el yo. Naturalmente, no se trata de aumentar
la censura y la represión, sino de realizar un auténtico proceso
de sublimación. Este proceso de control y manejo es muy largo y requiere
muchos años, al igual que un psicoanálisis. Sólo es realizable
mediante la transmutación de las pulsiones: Eros y Tánatos. En
efecto, tal como pudimos observar con el yoga o la técnica de Juan Matus,
esto equivale a un psicoanálisis. La persona que domina sus sueños,
domina sus instintos y accede a sus principales traumatismos, sus fantasmas
y las decisiones o actitudes, más o menos conscientes, que pudo haber
asumido en su vida. Pero esto lo lleva mucho más lejos, porque lo
abre a una nueva dimensión de su ser. No resulta, pues, correcto decir
que el dominio de los sueños impide cualquier posibilidad de psicoanálisis.
Pero es de esperar que en el futuro, el psicoanálisis integre esta técnica
que lo completa y ensancha.
La objeción de que ya no se trata de sueños, es clásica.
Podemos hallarla incluso en el mismo Freud, en su artículo sobre Sueño
y telepatía: "porque un sueño sin condensación, sin
desplazamiento, dramatización, y sobre todo sin realización
de deseo, no merece ciertamente tal nombre". Fiel a su orientación,
Freud parece interesarse exclusivamente por lo que proviene de lo bajo. Y mediante
un postulado, le niega la categoría de sueño a todo aquello que
no puede interpretar a través de la sexualidad, pero de esta manera
reconoce también su existencia. Freud se vio confrontado a este tipo
de ensoñación de la que hablamos, por lo menos con las tres visiones
de Descartes que él llama "sueños de lo alto". "Los
sueños de nuestro filósofo son los que llamamos "sueños
de lo alto" (Traüme ron oben), es decir, formación de ideas,
que podrían haber sido creadas tanto durante el estado de vigilia como
durante el estado de sueño y que, sólo en ciertas partes, extraen
su sustancia de estados espirituales bastante profundos, por lo que estos sueños
presentan la mayoría de las veces un contenido de apariencia abstracta,
poética o simbólica” (Leroy, 1929).
Se nos seguirá planteando esta objeción. Pero nosotros no le damos
mayor importancia: se trata sólo de un problema de definición.
Se puede denominar sueño cualquier actividad mental del dormido,
o restringir su significado exclusivamente a aquello que es interpretable en
relación a la sexualidad. Hemos distinguido suficientes categorías
de sueños y de ensoñaciones para evitar confusiones. Si entendemos
por sueño realización del deseo, se puede hacer lo que nosotros
proponemos y hablar de ensoñación para aquel sueño que
es producido y no padecido. Para nosotros, el sueño es toda actividad
mental del dormido, de la cual la ensoñación es sólo una
categoría. Si el psicoanálisis no quiere (o no puede) estudiar
esta producción de la vida mental del dormido, será preciso ensanchar
su campo o darle otro nombre, pasando de la interpretación de los sueños
(Traumdeutung) a la ciencia de las ensoñaciones (Traum Wissenchaft).
Pero si Freud aún estuviera vivo, seguramente se dedicaría
a este estudio, él que escribió que se había atrevido a
tomar partido por la Antigüedad y la superstición popular contra
el ostracismo de la ciencia positiva (Grávida, pág. 125) y que
confiaba en una carta a Hereward Carrington, fechada en 1921, que si tuviera
que rehacer su vida, la dedicaría al estudio de los fenómenos
ocultos (Moreau, pág. 90].
3.- ¿ES UTIL?
No es posible aún evaluar todas las ventajas y aportes de tal método.
Aquellos que ya podemos entrever son tanto teóricos como prácticos.
Aportes prácticos
La principal utilidad del dominio de los sueños está en liberar
definitivamente a las víctimas de sus pesadillas. En particular, ya no
es posible dejar que los niños y adolescentes se inventen infiernos
interiores y se construyan nuevas torturas cada noche. Aquel que consigue apaciguar
su inconsciente se ve devuelto a la actividad y a la creatividad.
No podemos decir, al igual que Desoille, que una terapia es suficiente. Mediante
el dominio de todos los sueños nocturnos, se obtiene una transformación
mucho más profunda. No se trata de un mero relleno, sino del acceso a
un nuevo modo de ser. La purificación de los seres despiertos que se
produce al cabo de tres a cinco años de cura es de un grado de realización
sumamente eficaz, pero no siempre tiene eco en los sueños nocturnos.
Y, al término de la cura, el sujeto tiene el mismo tipo de sueño
nocturno que antes, o vuelve rápidamente a ellos.
En este caso, el sujeto adquiere un método para continuar su trabajo
durante toda su vida y progresar en la purificación y sublimación
de sus sueños. No cabe duda que un psicoanálisis, con sus intercambios
transferenciales, es siempre útil, pero el aporte en este caso es mucho
más considerable. Su orientación no es en absoluto terapéutica
(médica o psiquiátrica); es un método dirigido a todos.
No está destinado, como el psicoanálisis, a los neuróticos.
Naturalmente, salvo que uno esté dispuesto a llevar a cabo el proceso
heroico y difícil de curarse solo, más vale seguir una psicoterapia
previa si se padece de perturbaciones profundas.
El método (al igual que el del yoga) exige un espíritu normal
y sano, una personalidad equilibrada, una fuerza de carácter fuera de
lo común. Se trata realmente de coger el toro por las astas.
Pero el psicoanálisis o las psicoterapias occidentales muestran su limitación
después de un cierto reequilibrio inicial. Aquí se trata de una
transformación completa de la personalidad. No se toma contacto con las
fuerzas ocultas sin salir completamente transformado. No sólo se descubre
la seguridad ontológica, uno se ve también transportado al umbral
de la realización de su propio ser.
Es aún demasiado pronto para pensar en las transformaciones sociales
que podría provocar la generalización de este método. La
estructura de los Senoi y el análisis de sus valores culturales nos dan
cierta idea a este respecto.
Aportes teóricos
Los aportes teóricos del dominio de los sueños parecen aún
mayores. Atañen al psicoanálisis, a la psicología y al
terreno científico en general, arrojando luz sobre la naturaleza del
hombre y del mundo.
a) Recordemos que el psicoanálisis nació del simple descubrimiento
de un método científico para interpretar los sueños.
Ya no se trata de interpretarlos, sino de transformarlos. En otras, palabras
podemos realizar lo que Marx le pedía a los filósofos en su undécima
tesis sobre Feuerbach: "Los filósofos no han hecho más que
interpretar el mundo de diferentes maneras; lo que importa es transformarlo".
Los psicoanalistas han interpretado suficientemente los sueños, ahora
se trata de transformarlos. Podemos esperar, pues, como mínimo, un ensanchamiento
del psicoanálisis.
La producción de ensoñaciones plantea numerosas interrogantes
nuevas. En primer lugar, referente al simbolismo y a las imágenes arquetípicas:
es verdad, como lo escribiera Artemidoro, que aquellos que tienen ensoñaciones
o que son especialistas en oniromancia tienen otro tipo de simbolismo? Luego,
respecto a la psicopatología, los sueños de los enfermos mentales
no han sido suficientemente estudiados. Los "sueños operatorios
o instantáneos" (obtenidos despertando a un sujeto durante un período
R.E.M.) son bastante diferentes de los sueños relatados a los psicoanalistas.
Y los relatos instantáneos de enfermos mentales severos, incluso en crisis
psicótica aguda, parecen no tener relación con su estado de perturbación
diurno. Ningún delirio, ninguna angustia aparece en la temática
de sus sueños, muchas veces banales. En los estados de perturbación
o de delirio agudos, el experimentador tiene la sensación de haber despertado
a un sujeto normal y es, incluso, el único momento en que aparecen como
tales. Esto confirmaría la observación clínica empírica
de Lassègue, en 1881: “el dormir pone en suspensión el delirio”.
Pero los trabajos recientes de Ey parecen mostrar que esto es menos verdadero
para los .relatos obtenidos en las fases intermediarias fuera de los R.E.M.
¿Es acaso el sueño realmente un tercer estado fuera del alcance
de la desorganización del pensamiento vigil?
La ciencia de los sueños permitirá abrir perspectivas mucho más
amplias. Esto, sobre todo, en la medida en que Freud centró deliberadamente
su búsqueda en los bajos fondos, dedicándose a hurgar en los infiernos.
Ello hace que exista una corriente del psicoanálisis freudiando materialista,
cientista y ateo que es, en esencia, reduccionista. Gracias a este nuevo método,
se abren posibilidades para reconocer las dimensiones superiores del hombre.
Si bien el hombre está ligado al sexo y al odio por lo bajo, no es menos
cierto que está ligado a las estrellas por lo alto. Ha llegado la hora
de explorar el continente celeste que abriga el hombre.
b) Para la ciencia psicológica, el sueño adquiere nueva importancia.
Así como las cosas materiales constituyen los objetos de la percepción,
el sueño es el objeto interior. La psicología debe, en consecuencia,
estar centrada en ése. Hasta el momento no podía hacerlo porque
el sueño no se traducía en comportamiento más que a través
de un relato, por lo demás muy sospechoso. El sueño es ahora directamente
descubierto y grabado en el momento de su aparición gracias a la electroencefalografía
y al registro de los movimientos oculares rápidos.
Habiendo adquirido categoría de objeto científico, se ve dotado
de una total amplificación. Vamos a saber al fin qué es el sueño,
y por esta vía conocer al hombre y al mundo. El sueño lúcido
abre paso a realizaciones cuyos límites son desconocidos. Todos aquellos
que han logrado controlar sus sueños, lo han hecho en mucho mayor medida
de lo que habían pensado.
El campo heurístico de investigaciones posibles es inmenso. Si la persona
que tiene un sueño lúcido puede indicarlo mediante una seña,
se podrá estudiar las especificidades de este tipo de sueño a
través del registro electroencefalográfico, tal como ya se está
haciendo en el centro del sueño de la universidad de Stanford (La Berge,
Le rêve lucide [El sueño lúcido], in Psychologie, Nº
145).
El estudio científico de los sueños y de las ensoñaciones
nos traerá descubrimientos no sólo acerca de nosotros mismos,
sino también acerca de todas las otras grandes funciones mentales,
con el consiguiente enriquecimiento del conocimiento de la naturaleza de
la ciencia en sus diferentes grados. Lo mismo sucederá con la memoria.
La posibilidad de recordar los sueños y las modalidades prácticas
para conseguirlo nos proporcionan valiosas indicaciones sobre el proceso de
la memoria. Recordar los sueños es una forma original y fundamental de
la memoria. Tal vez en este caso sería más exacto hablar de reminiscencia,
en el sentido platónico.
La distinción de las diferentes categorías de sueños y
ensoñaciones, y el nivel de dominio de los sueños que debe tener
en cuenta un individuo, deben llevamos a una reforma completa de los estudios
"científicos" de los elementos de un sueño por el análisis
de su contenido. Tras Hall y Castle, ha aparecido una enorme cantidad de literatura
de inspiración antipsicoanalítica en los EE.UU. Los científicos
no tienen suerte; por una vez que se interesan en el contenido de los sueños,
los abordan de manera anticientífica. Sus estudios actuales están
al nivel de las clasificaciones realizadas por los primeros naturalistas en
animales terrestres, marinos y aéreos, en las cuales todo lo que
vuela es un pájaro. Confundir los sueños y las ensoñaciones,
es confundir un delfín con un pez.
La pregunta esencial sigue siendo: "¿de qué naturaleza es
lo que soñamos?" La posición depreciativa fue claramente
enunciada por Caillois (1956): "este breve tratado tiene la ambición
de demostrar que el sueño es capaz de dar la ilusión de todas
las operaciones del espíritu, incluso las más organizadas"
(pág. 137). Invalida así el testimonio formal de Hervey de Saint-Denys,
quien tiene a lo menos el mérito de hablar sólo de lo que ha experimentado.
Las investigaciones experimentales posteriores deberían poder indicarnos
cuál es la naturaleza del mundo de los sueños.
c) El conocimiento científico, en su conjunto, y la epistemología
se verán enriquecidos por esta nueva dimensión de experimentación.
¿Cuál es la naturaleza del conocimiento científico? ¿Cuál
es el nivel de realidad de la realidad material? ¿Cómo está
constituido el doble fondo de la psiquis humana? Pareciera que todo lo que el
cuerpo registra está guardado en él. Este mundo de las impresiones
interiores es explorado en el sueño o durante el fenómeno de “ensueño
panorámico de la vida” que se produce en el momento de la muerte.
¿Son acaso las visiones, los éxtasis, las construcciones religiosas
un mero reflejo hacia el exterior de este saco interior?
Según la corriente de la cual Caillois se constituye en portavoz, el
mundo del sueño no es más que ilusión, parodia, engaño,
pretexto falso, juego de espejos. La verdadera realidad está en otra
parte. De acuerdo a la corriente mayoritaria y a la ciencia materialista, está
en la materia, cuyas posibilidades explora la ciencia. Pero el espíritu,
objeto de la psicología, es un elemento igualmente cierto. El universo
de la ciencia no es más que su construcción. Todo sabio está
obligado a afirmar la verdad de sus razonamientos. Y ahora vemos cómo
la ciencia ha desprovisto a la materia de su realidad para reabsorberla en la
energía.
En cuanto a los sabios norteamericanos más avanzados, atomistas o astrofísicos,
llegan ellos a la conclusión de que no se puede dar cuenta del mundo
sin una dimensión de conciencia. ¿Será acaso que la verdadera
realidad es la conciencia-energía, tal como lo afirma la tradición?
Los experimentadores del sueño afirman que, en verdad, la realidad material
es la ilusoria. Eso los emparenta con la concepción hindú de la
maya, la ilusión perceptiva de Berkeley. La percepción del mundo,
que decimos real, no es más que una construcción alucinatoria,
tan importante como las demás, pero no menos falsa. Estamos dentro de
una burbuja que llevamos con nosotros. Es lo que nos enseñaron a percibir
durante la infancia, a saber, traducir los mensajes de la energía-conciencia
atribuyéndolos a una realidad material inerte. La visión racional
que creemos tener del mundo no es más que nuestra interpretación
a un cierto nivel de conciencia. La realidad de los mundos detrás
de las cosas es infinita y se descubre por el desvelo sucesivo de las realidades
paralelas.
Mediante las investigaciones sobre el dominio de los sueños, la verificación
de estas hipótesis nuevas inaugura el programa de la psicología
transpersonal.
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