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El suelo entrega esa seguridad que los mercados financieros no pueden
dar. Después de todo, siempre será un bien escaso, y el hacer un
portfolio bien diseñado puede transformarse en un negocio redondo. Ello
por medio de la rentabilidad por arrendamiento y de la plusvalía.
En un escenario de alta incertidumbre económica —producto de una crisis
financiera gestada, desarrollada y expandida desde la principal
economía mundial—, las operaciones de compraventa de bienes durables
(como es un bien raíz) se ven postergadas a la espera de mayor claridad
en el desarrollo de los acontecimientos y de las expectativas del
mercado.
Pero no todo son malas noticias. Tradicionalmente, cuando en el sistema
bursátil hay pérdidas prolongadas, el sector inmobiliario recibe a
inversionistas que buscan refugiarse ante la volatilidad. La tierra
siempre ha sido y es un activo seguro; basado en que es un bien escaso.
Un bien inmueble tiene dos canales de retornos económicos: la
rentabilidad por arrendamiento y la plusvalía en el tiempo. Muchos
pequeños inversionistas hacen muy buenos negocios al comprar
departamentos bien ubicados, al arrendarlos y después venderlos a mayor
precio por la plusvalía. Ella puede ser generada por una estación de
Metro, por escasez de unidades similares, o por cambios al plan
regulador, que permitan construir alta densidad sobre el terreno del
edificio donde se ubican.
La pregunta básica al invertir en propiedades para percibir renta es:
¿en tiempos de crisis económica, es esta propiedad una buena
alternativa y una opción práctica para el potencial arrendatario?
La clave es generar un portfolio inmobiliario bien conformado. Para
ello se debe identificar la rentabilidad real generada después de todos
los gastos asociados al inmueble, y se debe intentar acotar al máximo
los riesgos que toda inversión involucra.
Un buen portfolio inmobiliario es aquel que además de la rentabilidad
otorgada por su explotación, apuesta a la plusvalía, es decir, el
incremento del precio del bien en el tiempo. Si se logra que el
portfolio genere una buena rentabilidad en cada ejercicio anual, y que
después se venda el inmueble a un mayor precio que en el que se compró,
se realiza un negocio redondo. Para ello es importante asesorarse por
especialistas y evaluar las opciones de inversión con perspectivas de
largo plazo.
También hay que tener en cuenta que las inversiones en varias
propiedades que se arriendan permiten acotar el riesgo. Si la
rentabilidad me la otorga un gran local comercial, a diferencia de
varios departamentos pequeños arrendados, ello puede ser un riesgo. Si
el arrendatario de ese gran local comercial entra en default, producto
de la contracción de la demanda por la crisis económica, genera una
suspensión total de esa entrada económica. En cambio, si de los varios
departamentos arrendados falla uno, la entrada económica se verá
afectada, pero en forma parcial y no total.
Los puntos sobres las ies
Al momento de invertir en bienes raíces, hay que tener varias cosas
claras. No puede quedar nada al azar. Por ejemplo, se debe saber cuánto
paga el inmueble por concepto de contribuciones. Si la propiedad paga
mucho dinero por este concepto, hará que el arriendo sea más alto para
lograr rentabilidad al propietario. Ahí se debe suspender la decisión
de compra de ese inmueble porque su objetivo de rentabilidad se ve
contrarrestado en su base.
En segundo lugar, hay que tener en cuenta el monto de los gastos
comunes. Si la propiedad que compone el portfolio inmobiliario tiene
gastos comunes muy altos, ya es cuestionable. En tiempos de crisis y en
épocas de auge económico, siempre habrá arrendatarios por departamentos
o propiedades pequeñas y de transición, que tienen un carácter de
‘batalla’ o de uso netamente práctico. Estas viviendas se utilizan para
sobrellevar un tiempo de contracción, de transición entre la soltería y
el matrimonio, como una solución temporal a personas recién separadas,
o el primer paso de independencia para quienes comienzan su vida
laboral.
Por otra parte, y especialmente, se debe conocer cuál es el monto real
de arriendo que el mercado está dispuesto a pagar. Una propiedad bien
ubicada que tenga una demanda constante de arrendatarios, costos
operacionales bajos, y un contrato de arrendamiento eficaz y seguro,
genera una inversión rentable que en tiempos de crisis es doblemente
valorada.
En ese sentido, el marco legal es esencial en el acotamiento del
riesgo. Un buen contrato de arriendo establece las reglas y
responsabilidades de las partes, y entrega herramientas de acción
efectivas al propietario en escenarios extremos: el no pago puntual del
arrendamiento, la desocupación de la propiedad en el menor tiempo
posible, y la cancelación de cuentas de servicios, entre otros.
En consecuencia, la actividad inmobiliaria —al igual que todas las que
conforman un sistema económico—, no se paraliza en absoluto y se deben
identificar las oportunidades o los sectores que se activan cuando
otros se contraen. Como todo es cíclico, una vez que la crisis pasa,
las plusvalías brotan, por lo que ‘invertir en ladrillos’ siempre es
una opción segura y a la vista.