¿Cuál era el sentido de esta manifestación pública?
Era como una ordenación, el sacrificio ritual de lo que durante tanto tiempo había conformado mi vida. Estehappening, a la vez que permaneció en los anales, cerró toda una etapa de mi vida. Salí agotado de él, exangüe, y pensé mucho en él. Veía siempre merodear en torno mío el espectro de la destrucción tenebrosa y sentía, más que nunca, que el teatro tenía que ir en el sentido de la luz. Sin embargo, me decía a mí mismo, no olvides nunca que la flor de loto surge del cieno”. Hay que explorar el fango, tocar la muerte y el barro para subir hacia los cielos límpidos. Desde ese momento, mi preocupación consistió en promover un teatro positivo, iluminador y liberador. Me di cuenta de que tenía que cambiarme a una forma totalmente distinta y comencé a practicar el teatro-consejo: si alguien -cualquier persona- deseaba hacer teatro, yo le comunicaba la siguiente teoría: el teatro es una fuerza mágica, una experiencia personal e intransmisible. No pertenece a los actores, sino a todo el mundo. Basta con una decisión, un atisbo de resolución para que esa fuerza transforme la vida. Ya es hora de que el ser humano rompa con los reflejos condicionados, los círculos hipnóticos, las autoconcepciones erróneas. La literatura mundial le concede un gran lugar al tema del doble” que, poco a poco, expulsa a un hombre de su propia vida, se apropia de sus lugares favoritos, de sus amistades, de su familia, de su trabajo, hasta transformarlo en un paria e incluso a veces asesinarlo, según algunas versiones de ese mito universal. En lo que a mí respecta, creo que somos el doble” y no el original.
¿Quieres decir que nos identificamos con un personaje que no es sino una caricatura de nuestra identidad profunda?
Exactamente. Nuestra autoconcepción...
En otras palabras, la idea que nos hacemos de nosotros mismos...
Sí, nuestro ego -poco importa el nombre que le demos a ese factor de alienación- no es más que una copia pálida, una aproximación de nuestro ser esencial. Nos identificamos con ese doble tan irrisorio como ilusorio. Y de pronto aparece el Original”. El amo del lugar vuelve a tomar el sitio que le corresponde. En ese momento, el yo limitado se siente perseguido, en peligro de muerte, lo que es totalmente cierto. Porque el Original” acabará por disolver el doble. En cuanto humanos identificados con nuestro doble, tenemos que comprender que el invasor no es sino uno mismo, nuestra naturaleza profunda. Nada nos pertenece, todo es del Original”. Nuestra única posibilidad es que aparezca el Otro y nos elimine. No sufriremos de ese crimen, pero participaremos en él. Se trata de un sacrificio sagrado en el cual uno se en trega entero al amo, sin angustia...
¿En qué medida el teatro puede ayudar a una persona para que vuelva al Original”, retomando tu expresión?
Puesto que vivimos encerrados en lo que yo llamo nuestra autoconcepción, la idea que tenemos de nosotros mismos, por qué no adoptar un punto de vista totalmente distinto? Por ejemplo, mañana tú serás Rimbaud. Es como Rimbaud quAe te levantarás y que te cepillarás los dientes, te vestirás como él, pensarás como él, recorrerás la ciudad como él... Durante una semana, veinticuatro horas al día, y para ningún espectador salvo tú mismo, serás el poeta, actuando como otra persona con tus amigos y conocidos sin darles ninguna explicación. Lograrás ser un autor-actor-espectador, produciéndote, no en un teatro, sino en la vida.
Si entiendo bien, le explicabas esta teoría a tus consultantes y luego les fijabas un programa...
Efectivamente! Establecía un programa, un acto o una serie de actos para realizar en la vida en un tiempo dado: cinco horas, doce horas, veinticuatro horas. Un programa elaborado en función de su dificultad, destinado a romper el personaje al cual se habían identificados para ayudarlos a restablecer los lazos con su naturaleza profunda. A un ateo, le hice adoptar durante semanas la personalidad de un santo. A una madre indiferente, le asigné el deber de imitar durante un siglo el amor maternal. A un juez, le di la tarea de disfrazarse de vagabundo para ir a mendigar frente a la terraza de un restaurante. De sus bolsillos, tenía que extraer puñados de ojos de vidrios sacados de muñecas. Creaba de este modo un personaje destinado a implantarse en la vida cotidiana y a mejorarla. Es en ese estadio que mi búsqueda teatral poco a poco fue adquiriendo una dimensión terapéutica. De director, me transformé en consejero teatral, dándoles instrucciones a las personas para tomar su lugar en cuanto personaje en la comedia de la existencia.
Te confieso cierto escepticismo en cuanto a los efectos de esta terapia teatral, aunque la idea en sí sea muy interesante; cómo una madre indiferente podría decidir adoAptar el personaje de una madre amante y, sobre todo, conseguirlo a lo largo de toda su existencia?
En primer lugar, no olvides que todos los consultantes sufrían de estar sometidos a su doble. Si se me acercaban, era precisamente porque se sentían mal en su función y presentían la naturaleza radicalmente distinta del Original” en ellos. El proceso se fundaba, pues, en un deseo real de cambiar. La madre indiferente, por ejemplo, sufría de no poder transmitir mucho amor a su hijo. Por lo demás, creo en las virtudes de la imitación, en el buen sentido de la palabra. Un santo avanzará por la vía de la imitación de Jesucristo”. Por qué un ateo harto de su incredulidad no comenzaría acaso a imitar a un santo?
¿Por qué no, efectivamente? Ahora bien, toda imitación de este tipo -que equivale a lo que se denomina una ascesis o práctica espiritual- no es tan fácil de realmente llevar a cabo día a día...
De acuerdo. Pero si la madre fuera un poco: menos indiferente gracias a este proceso y el ateo un diera paso hacia la santidad, no sería acaso algo de por sí maravilloso?
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