Psicomagia Alejandro Jodorowsky con Gilles Farcet
EL ACTO MÁGICO
Cómo pasar del acto onírico al acto mágico? Y para empezar, ¿qué es el acto mágico, según Jodorowsky?

Bueno, como te he contado, fue en México donde adquirí cierto dominio del acto onírico. Si Chile era antes un país poético, México es un país totalmente onírico, en el que el inconsciente no cesa de aflorar. Cualquier persona un poco sensible percibirá allí esa dimensión, sentirá esa presencia del sueño en la textura misma de la realidad mexicana. Aunque también se puede vivir diez años allí sin captar siquiera el México mágico. En la misma ciudad de México, hay todo un mundo de brujos al que los extranjeros que no van bien recomendados les cuesta mucho entrar. Cuando la gente no se encuentra bien, o le va mal en los negocios, acude a una bruja que realiza una especie de limpieza purificadora. Con ese fin, te frota todo el cuerpo con hierbas empapadas en agua bendita. Es una práctica muy corriente, y no solamente entre gentes del pueblo. Intelectuales y políticos no dudan en entregarse a ella, puesto que la brujería forma parte de la vida mexicana. Entre estos brujos encontramos, desde luego, curanderos expertos en hongos alucinógenos y plantas medicinales. Los hay que conocen hasta tres mil hierbas. Otros utilizan exclusivamente excrementos de animales. Existen también criaturas extrañas que producen fenómenos que no sabe uno si son magia o superchería. Por ejemplo, recuerdo a una mujer de un pueblecito remoto que se presenta siempre apenas cubierta con una camiseta, mostrando unas puntas de acero que brotan de todo su cuerpo. También se practica la magia negra y hay muchos brujos que hacen maleficios. Si quieres echar una maldición a tu enemigo, puedes recurrir a ellos. He sido testigo de cosas curiosas. Por ejemplo, en una función, me burlé de una mujer muy influyente a la que todos llamaban la Tigresa y que, según se afirmaba, era amante del presidente. Los artistas de mi compañía no querían salir a escena pues estaban convencidos de que la Tigresa había echado una maldición sobre el teatro. Entonces me fui a buscar al ayudante de una bruja, para que levantara el maleficio. Confieso que me reía al verle rociar todo el teatro con agua bendita. Pero, después, mientras tomábamos café, el hombre empezó a quejarse, porque le estaba saliendo un furúnculo inmenso en el ano. Aquella erupción repentina adquirió tales proporciones que el hombre tuvo que ir al hospital. El no tenía la menor duda de que su cuerpo había absorbido el maleficio lanzado sobre el teatro.

Puede haber sido una reacción psicosomática?

Es posible. Pero, de todos modos, ocurren ciertas cosas que... Un día, el director de una escuela de Bellas Artes con el que acababa de firmar un contrato me dijo: “Eres un ingenuo. Estás enamorado de México, todo te parece maravilloso. Pero, si te atreves a mirar en este cajón, descubrirás otro aspecto del país”. Me acerqué al cajón, lo abrí e inmediatamente sentí un dolor de cabeza atroz.

¿Qué contenía ese cajón infernal?

Horribles figuritas de cera, utilizadas por las brujas para torturar a distancia a las víctimas indicadas por sus clientes. Eran tan espantosas que sólo verlas me produjo malestar. Si las expusieran en elCentre Pompidou o en elLouvre, el público descubriría cuál puede ser el poder benéfico o maléfico de una obra de arte. Un objeto tan cargado de energía afecta directamente el organismo del que lo contempla. Aunque en sí misma la experiencia fue desagradable, tuvo la virtud de hacerme reflexionar. Me preguntaba dónde estaría el artista bienhechor; el mago bueno cuyas obras estuvieran cargadas de una fuerza positiva tan grande que llevaran al éxtasis al espectador. Es un principio del que me he servido después en psicomagia.

¿Podrías citar un ejemplo?

Un día recibí la visita de una mujer que tenía un hijo homosexual. Aquella mujer no había podido superar el hecho de que su hijo fuera diferente. Aunque seguía sintiendo por él un gran cariño, sentía al mismo tiempo una profunda vergüenza. El hijo quería ser pianista, pero, cada vez que se presentaba a un examen o daba un concierto, su madre sentía pánico de que fracasara. El pobre muchacho lo sentía y eso lo afectaba a tal punto que finalmente fracasaba. Enseguida comprendí que la carrera de pianista representaba para aquella mujer una actividad afeminada, de carácter homosexual. Entonces le indiqué un ejercicio. Los brujos que hacen maleficios confeccionan figuritas con la efigie de la víctima la cual después acribillan con alfileres. Pedí a aquella madre que utilizara el mismo procedimiento. Fabricó una figura a imagen de su hijo y le puso trocitos de uña, cabellos y retales de ropa del muchacho, a fin de que el objeto estuviera realmente impregnado de su energía. Siguiendo mis instrucciones, la mujer pegó un luis de oro debajo de cada pie y vertió una gotita de oro sobre cada uno de los siete chakras o centros vitales del cuerpo. Después, roció la figura con agua bendita, la puso al lado de un piano que tenía las teclas untadas de miel -símbolo de dulzura y suavidad-, dejó en la habitación una vela encendida y vino a rezar una hora cada día por el éxito de su hijo. El concierto siguiente fue un éxito, y las relaciones entre madre e hijo cambiaron positivamente.

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